martes, julio 7, 2020

El voto ya no se piensa, se siente

Oscar Schemel-Hinterlaces

La contundente derrota de la estrategia insurreccional contra el Gobierno Bolivariano demuestra que la derecha venezolana no ha acumulado las suficientes fortalezas políticas, sociales y simbólicas para cambiar la correlación de fuerzas dentro del país, ni para derrocar al Presidente Constitucional Nicolás Maduro.

La tentativa de restauración neoliberal sobre la base de una estrategia que comprende el hostigamiento económico y el bloqueo financiero, la caotización del país, la explosión social y la ruptura de la unidad cívico-militar fue derrotada otra vez más durante el año 2019.

Nuevamente la oposición sobreestimó su potencia insurreccional. Pero sin duda subestimó al Chavismo y sus fortalezas culturales, la madurez social y política del venezolano, la organización popular, pero sobre todo la emocionalidad nacional.

Las sucesivas derrotas de la oposición y de sus incompetentes dirigentes, son principalmente derrotas emocionales, simbólicas y culturales.

(…)

Las emociones no son ni han sido nunca atributos superficiales o fútiles. Muy por el contrario, las emociones abren las puertas del corazón y de la razón, de las motivaciones profundas y las decisiones más sólidas. Las emociones son la plataforma y el alimento desde las cuales se forman las ideas y las opiniones, construyen la identidad y modelan nuestras posiciones.

Por ello Hinterlaces hace tanto énfasis en la interpretación científica de la dimensión emocional, cultural y simbólica del comportamiento político, social y económico, los repertorios gramaticales y los relatos… y no sólo en el registro tradicional de la opinión pública.

Pensamos lo que sentimos. Y el voto ya no se piensa, se siente.

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Una de las emociones más poderosas para provocar el cambio es la felicidad, cuando el ciudadano percibe claramente el surgimiento de una alternativa.

Sin embargo, la comunicación de la oposición ha estado basada siempre en la neurosis, la rabia y el odio, emociones que naufragan al momento de configurar identidades y respaldos, de cohesionar a la sociedad o de convocar su entusiasmo y movilización continuada.

Además, los fracasos reiterados de la oposición han provocado frustración y tristeza entre sus seguidores, lo que ocasiona pasividad, desmovilización y abstención.

Tampoco la Oposición ha construido valores compartidos que podrían garantizarle en el tiempo respaldos colectivos más sólidos, o transformar la condición de clase en comunidades emocionales.

La derrota política de la oposición también tiene que ver con la condición de clase de sus dirigentes, en su mayoría provenientes de las clases medias y altas de la sociedad venezolana, en algunos casos con residencia en el exterior. Sus líderes carecen de conexión social, política y territorial con las mayorías populares.

Hoy la oposición está más débil, desarticulada, desconcertada y con una inmensa derrota a cuestas, sin liderazgos, sin estrategia y sin mensaje, cada vez más sometida a factores internacionales.

(…)

Las carencias crónicas de la oposición se agravan por la ausencia entre sus filas de líderes verdaderos y no de liderazgos de probeta, sin cerebro estratégico, sin las herramientas más básicas de comunicación política, desprovistos de una mínima caja de símbolos, gramáticas y narrativas.

La lucha política es una lucha emocional y simbólica, es una batalla lingüística, es una confrontación cultural, con el objetivo de conquistar el corazón y las emociones, la mente y las ideas de los ciudadanos.

El Chavismo es una comunidad emocional. La Oposición es la Nada.

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