El PC ruso sube, pero no es nostalgia totalitaria

CARLOS ENRIQUE BAYO| El diario Nezavisimaya Gazeta explicaba hace poco que entre los rusos se está produciendo un fenómeno sociológico de añoranza por la perdida grandeza de la desintegrada Unión Soviética que denominó «totalgia», nuevo vocablo construido a partir de las palabras «totalitarismo» y «nostalgia».Sin embargo, el notable ascenso del Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) en las legislativas del domingo no se limita a reflejar la pesadumbre por el hundimiento de un imperio, ni supone en absoluto un deseo de recuperar el rango de superpotencia aun a costa de soportar un régimen autoritario. Aunque no cabe duda de que la sólida y estructurada organización obrera y regional que conservó el PC tras la caída de la URSS le ha permitido sobrellevar las trabas administrativas, la persecución política y el vacío mediático a los que el Kremlin de la era Putin ha sometido a todos los partidos opositores.

No. Ha sido precisamente la feroz represión de toda disidencia, el control total sobre los medios de comunicación y la despótica manipulación de todas las estructuras políticas y económicas del país, en beneficio de la camarilla gobernante, lo que ha impulsado a los electores a ejercer el único voto posible contra la omnipotencia de Rusia Unida.

Además, la domesticación o creación artificial desde el Kremlin de los demás partidos con representación parlamentaria ha convertido al PC en la única alternativa viable. Es decir, el auténtico voto útil, pues los electores saben muy bien que los sufragios de los pequeños partidos democráticos, como Yábloko, acaban por ser redistribuidos en beneficio, otra vez, de Rusia Unida. Con ese fin se promulgó una ley electoral que establece un mínimo del 7% para acceder a la Duma: para dejar fuera a la auténtica oposición y sustraer sus votos con objeto de engordar las actas del partido hegemónico.

El resultado es paradójico, pues muchos de los liberales pro-occidentales acaban votando al PCFR como único recurso para oponerse al diktat putinista. Y muchísimos jóvenes, sin nostalgia alguna por la sociedad soviética que jamás conocieron, encuentran en el PCFR a la única formación que denuncia y combate, hoy en día, la corrupción rampante, las crecientes desigualdades sociales, la abismal pobreza de la inmensa mayoría para que la élite goce de una riqueza obscena. Así que votan comunista porque no hay otra forma de oponerse a Putin.

«Los comunistas tienen el único partido de verdad», decía ayer a Reuters un banquero occidental basado en Moscú. «Los demás son un chiste, y la gente lo sabe. Así que les votan porque saben que es el auténtico voto opositor».

Por eso los comunistas han obtenido 12 millones de votos pese al hostigamiento, e incluso fraude descarado, de las autoridades. Esos votos no son un eco del pasado, sino un deseo de futuro, de equidad y de justicia. Pues el reaccionario es Putin y los que están contra él, y lo comparan con Brezhnev, votan hoy al PC.

*Redactor-jefe de sección internacional de «Público» de Madrid. Ha sido corresponsal en Moscú (1987-1992) y en Washington (1992-1996). Enviado especial en los conflictos de Afganistán, Camboya, Oriente Próximo y Armenia-Azerbaiyán.

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