Cora Gamarnik | 

En el 2014 cuando Macri ya estaba de campaña Rubén fue por cuarta vez a sacarle fotos al entonces candidato. Las veces anteriores Macri lo había tratado mal. No le había dado tiempo suficiente para que Rubén saque las fotos y en la última oportunidad además lo había sobrado, le había dicho ‘ya está pibe… ya hiciste muchas fotos’.

Ese día Pepe Mateos lo envió a realizar una nota que saldría en la sección política de Clarín: ‘Andá y hacé lo que vos sabés hacer’ – le dijo. Los dos se entendían.

Rubén planificó la foto. Llevó una luz puntual que proyectaba esa sombra y le daba un toque siniestro al personaje. Cuando llegó al lugar buscó un fondo blanco y encontró esa columna. Si lo ponía sobre un fondo oscuro se perdería la sombra. Para asegurarse le pidió al Jefe de Prensa de Macri que posase en el lugar y probó la luz. Vio que salía bárbaro. El jefe de prensa no se dio cuenta de nada.

Macri posó tranquilo, confiado, sonrió para la foto. Un fotógrafo de su diario amigo lo fotografiaba. El diario que lo llevaría a la presidencia, su principal sostén, con quien compartía planes, negocios y proyectos a largo plazo.

Pero Rubén es un trabajador, un fotógrafo profesional, un maestro del detalle y de la luz. Y además defiende su profesión y no le gusta que lo forreen.

Rubén hizo su trabajo, jugó con la luz y con la sombra. Usó la ironía, un arma poderosa contra el poder. La ironía que desnuda paradojas, resalta contradicciones y realiza críticas mordaces usando la sátira y el humor.

Freud definió la caricatura como un recurso que “puede volver cómica a una persona para hacerla despreciable, para restarle títulos de dignidad y autoridad” y René de Obladía, dramaturgo y poeta francés dijo una vez que “el humor es ‘una forma amable de la desesperación’. Las ‘estrategias del débil’ diría a su vez Michel De Certau.

Macri posó para la foto e hizo lo mismo de siempre, lo que ya le había hecho a Rubén las otras veces. Le dijo ‘dale que estoy apurado’. Pero esta vez Rubén no necesitó más que un minuto. Estaba todo planificado. La primera foto que le sacó fue la que proyectaba la sombra y le hacía esa nariz sobre el fondo blanco. Después lo llevó a una ventana para que no se le proyecte más la sombra y poder sacar la foto que si publicaría el diario.

La foto que acá vemos la guardó y recién la pudimos conocer cuando la expuso en la Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino del año 2015. Allí los y las fotógrafas hablan por si mismos. Sin títulos ni artículos ni epígrafes puestos por otros. Sin el filtro editorial de los medios para los cuales trabajan.

Rubén jugó con el intertexto, con nuestra complicidad como observadores, con nuestra sabiduría popular de quien es Pinocho. Jugó haciéndonos un guiño visual, sabiendo que nosotros completaríamos el sentido.

En la foto de Rubén, Macri quedó desnudo. Desnudo de ‘pobreza 0’, de ‘controlaremos la inflación’, de ‘somos el mejor equipo’…

Rubén nos hizo un guiño y nosotros lo entendemos. Y el cuento infantil por un ratito se transforma en algo tangible. Y nos reímos, con la risa poderosa del que tiene al menos eso. La posibilidad de reírse del poderoso. Y festejamos la foto y la reproducimos en miles posteos y la levantamos como una imagen que denuncia los despidos de Clarín.

Foto de Ruben Digilio, Legislatura de la Ciudad de Bs As, año 2014

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