Yo también votaría por Obama

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ALEJANDRO GUEDEZ | Ante la cercanía de las Elecciones Presidenciales de este 6 de noviembre en Estados Unidos, algunos analistas se han aventurado a decir que no hay nada en juego, pues las políticas implementadas en el escenario internacional por Barack Obama, han sido muy ligeramente distintas a las que hizo el gobierno de George W. Bush.

Estos mismos analistas prevén que una eventual victoria electoral del candidato Republicano, Mitt Romney, traería pocos cambios de fondo a la realidad mundial y sólo haría que Washington ejerza su acostumbrada política intervencionista e injerecista con todo descaro y sin el agazapamiento que caracteriza al “Nobel” Obama.

Sin embargo, deberíamos ser más prudentes al evaluar las diferencias entre Demócratas y Republicanos, dadas las características históricas de los representantes de cada partido político estadounidense y proyectándolas en el escenario geopolítico mundial de la actualidad.

Aunque está claro que Obama no cerrará el Campo de Concentración de Guantánamo, no levantará el bloqueo a Cuba, no eliminará la base de militares violadores de mujeres japonesas en Okinawa, no le pondrá freno a las políticas de exterminio de Israel ni dejará de amenazar a Irán, tampoco cambiará en nada la política exterior estadounidense en América Latina; eso no significa que las cosas no puedan ser peor.

Y es que, sinceramente, ¿Cree usted que un eventual gobierno de Mitt Romney podría decirle que no a las “ideas” de un personaje como John McCain? ¿Acaso no está McCain, con todo el dinero que le aporta el “Lobby” sionista y anticubano, detrás de la postulación de Romney como candidato del Partido Republicano? Sin duda que lo está.

Para nadie es un secreto que el Senador y excandidato presidencial, John McCain, es uno de los políticos más influyentes del Partido Repúblicano, un hombre de la más reaccionaria línea política estadounidense y el cerebro de operaciones de propaganda, intervención e injerencia como la invención de las Armas de Destrucción Masiva en Irak, las Revoluciones de Colores en Europa del Este, el Golpe de Estado del año 2002 en Venezuela, la infiltración de los mercenarios en Libia y Siria, etc.

Fue este personaje (que se dio el lujo de ofender públicamente a la hija del entonces presidente Bill Clinton sin que nadie se atreviera a cuestionarle) quien celebró el asesinato de Muammar Ghaddafi diciendo que ahora “toda la atención se concentraría en Siria” y fue también quien pocos meses después, exigió al gobierno de Barack Obama que iniciara bombardeos militares contra el pueblo sirio.

Esto debe conducirnos a una conclusión: Un eventual gobierno (dios nos cuide) del candidato presidencial republicano, Mitt Romney, pondría en peligro la vida de casi toda la humanidad, de quienes conformamos el 99% no rico ni poderoso del mundo.

Y no es una exageración decir esto, no porque Romney vaya a continuar la política de injerencia de Estados Unidos, que quien quiera que gane lo hará, sino porque, como todo político de la ultraderecha neofascista, es una persona sin escrúpulos y sin ninguna formación ni conciencia política, del tipo de George W. Bush o Sarah Palin.

El tipo de personaje que sería capaz de tomar la alocada decisión de atacar militarmente y con todo poder de fuego, a Siria e Irán, encendiendo un polvorín que se extendería por todo el Medio Oriente, el Asia Central, el Cuerno y el norte de África, y que pone en riesgo a la misma Europa, tanto en los Balcanes como en occidente.

Parece exagerado decir esto, pero no lo es. Una agresión militar contra Irán podría generar una respuesta inesperada y no calculada por parte de Teherán, que posee, hay que recordarlo, un gran poder de fuego, que ha desarrollado tecnología propia en la construcción de aviones, radares, misiles, buques artillados y de transporte, submarinos y mini submarinos y tanques y vehículos para el desplazamiento de tropas, y cuenta además con un pueblo que, más allá de las diatribas políticas internas, rechazaría hasta el último aliento cualquier ataque militar extranjero.

Irán es un gran productor de electricidad, que exporta e intercambia energía con Pakistán, Afganistán, Turquía, Irak y Azerbaiyán. Estos países, junto con India, compran además gas natural y petróleo de la Nación Persa.

Es claro que los gobiernos de estos países no están interesados en afrontar el costo político y social que tendría apoyar un conflicto armado contra Teherán, dado que traería un incalculable incremento en el costo de la energía para el ciudadano de a pie. En Turquía, por ejemplo, la gasolina, el gas y la electricidad, son exageradamente costosos.

Además, todos sabemos que un conflicto regional en Medio Oriente tendría graves consecuencias para el mundo, pues los precios del petróleo y el gas natural en el mercado mundial se dispararían y ello profundizaría la ya grave crisis económica mundial, que sigue dejando desempleados y familias sin techo en toda Europa y Estados Unidos.

Y aunque nos duela admitir que Barack Obama ha sido una gran decepción como Jefe de la Casa Blanca, cabe acá el dicho aquel que reza, de perder Obama, “pasaríamos de guatemala a guatepeor” y las consecuencias de un triunfo del Partido Republicano, que ya controla el Congreso, serían devastadoras tanto para el mundo, como para el Pueblo estadounidense.

PD: El pueblo estadounidense, aunque muchos de ellos no lo sepan, también vive en este mundo.