Ya empezó el ciclo del macrismo

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Juan Guahán-Question Latinoamérica

Se acabó el tiempo de las chicanas, ceremonias y discursos en medio del traspaso. ¡Ya está! Cristina es historia. Mauricio Macri gobierna. Es el inicio de un nuevo ciclo. Es bueno pensar, de acuerdo a los dichos de sus dirigentes y hechos conocidos, en sus características y perspectivas. Todo esto pasa en medio de una región y un mundo que cambian. Perdió el chavismo en Venezuela; Dilma en Brasil está en la cuerda floja y ganó lo que se conoce como derecha en Francia.

 La despedida

Fue una semana plagada de dimes y diretes. El cierre de un período e inicio de otro fue a toda orquesta. Lo cierto es que más allá de variadas discusiones, transferencias de fondos y múltiples designaciones, Cristina impuso –o al menos enturbió- la agenda que le interesaba a Macri a pesar de todo el poder que suponía ser nuevo Presidente. Demostró que, en sus años de ejercicio del poder, aprendió más sobre manejo de masas que lo que Macri pudo instruirse controlando las empresas familiares, a Boca y al poder de la Capital Federal. El temor de Mauricio Macri a un abucheo en medio de la ceremonia en el Congreso le “regaló” a Cristina el escenario para iniciar su proyecto de “resistencia” al macrismo. El cierre de la Presidenta en Plaza de Mayo quedará en la historia. Allí convocó a una gigantesca multitud de jóvenes, dispuestos a defenderla a ella, los hechos producidos y el relato con el que acompañó y comunicó su política.

 La llegada

Luego vino la nano(super pequeña)-presidencia de Federico Pinedo, Presidente Provisional del Senado y nieto de su homónimo que fue senador de un Partido Socialista Independiente, después de haber sido echado del tradicional Partido Socialista por haberse casado por Iglesia. Ese famoso Pinedo sería 2 veces Ministro de Economía durante la Década Infame (1930/1943) y también ocuparía ese cargo –algunas semanas- en la presidencia de José María Guido (1962)

Macri en sus presentaciones, del día de la asunción, hizo gala de una nueva y diferenciada estética respecto a lo conocido durante los últimos años, incluido el baile en el prácticamente inutilizado “balcón de Perón”. A quienes somos veteranos nos hizo acordar la imagen de John Fitzgerald Kennedy, asumiendo junto a Jacqueline y su hija Carolina, cuando los norteamericanos habían decidido mostrarnos su cara más simpática. Luego los hechos desmentirían aquella presentación.

En su discurso oficial hubo poco de economía y mucho de una voluntariosa convocatoria a la paz, la amistad, la unidad, a la tarea compartida, una reivindicación de la “cultura del encuentro” y del abrazo que es buena si es eficaz ante el riesgo de un rencor y venganza “goriloide” que asoma en varios horizontes.

El tiempo de gobernar

Transcurridas las vicisitudes de este período inaugural ahora viene la obligación de gobernar. La gran pregunta que sobrevuela en la sociedad es: ¿cuál será el rumbo del gobierno? Veamos sintéticamente algunos adelantos sobre sus diferencias y continuidades con la reciente administración kirchnerista.

Las diferencias fundamentales se podrán observar en tres direcciones: Política internacional, derechos humanos vinculados a los 70 y visión histórico-cultural.

En materia de política internacional se va diluir el discurso de la reconstrucción de Nuestramérica, en su lugar se le dará prioridad a la confluencia del MERCOSUR con la Alianza del Pacífico y la Unión Europea. Será abandonado el relato de la confrontación con los países centrales, particularmente el cuestionamiento al poder financiero internacional, aunque el kirchnerismo reivindicó el hecho de ser “pagador serial”. Es probable que el carácter de principal aliado estratégico, que tuvo China, derive –en términos diplomáticos- hacia el eje de Estados Unidos y Europa, pero los negocios y las inversiones chinas seguirán funcionando. Es posible que con Rusia la situación recorra caminos más sinuosos y las dificultades sean mayores.

En cuanto a los derechos humanos, vinculados a lo acontecido en los 70, también habrá una visión distinta. El nuevo gobierno lo sacará de la agenda diaria, procurando –fundado en razones ideológicas- que la evaluación de esos hechos determine una especie de “empate histórico” o un revivir de la “teoría de los dos demonios”. Procurando juzgar a “los dos bandos” y de ese modo cerrar esa cuestión.

El tema de la visión histórico-cultural es posible que sea la cuestión donde más rápidamente y con mayor fuerza se noten, en el conjunto de la opinión pública, las diferencias entre ambas administraciones. Algunas reivindicaciones históricas y las programaciones actuales (Canal de la TV Pública, Canal Encuentro, Programas como Paka Paka y 6,7,8) cambiarán su mirada y eso será percibido inmediatamente por la población.

El macrismo ha definido su política económica como “desarrollista”, esto le permite aprovechar la “buena prensa” que tiene hoy el gobierno de Arturo Frondizi (1958/1962) a pesar de sus problemas, contradicciones y duras represiones al sindicalismo y otras manifestaciones del movimiento popular, que facilitaron las acción de los conspiradores militares que lo expulsaron del gobierno después de una veintena de “planteos militares”. La mención presidencial a Arturo Frondizi y la presencia de algunos personajes, como Rogelio Frigerio -nieto del creador del desarrollismo- en el Ministerio del Interior, del gobierno de Macri, contribuyen a esa percepción.

Es posible prever que la política económica del macrismo tenga varios puntos de contacto con el kirchnerismo y algunas diferencias con el mismo.

Ambos tienen en común que toman un modelo que está en el marco del capitalismo tradicional y sin grandes cambios respecto a la organización del sistema productivo.

El neodesarrollismo kirchnerista o autollamado “capitalismo inclusivo” puso un mayor énfasis en el consumo como motor de la economía, dejando en pie y profundizando el modelo agro exportador, junto a la concentración y extranjerización de la economía. El macrismo intentará colocar el eje en el aspecto productivo con una mayor industrialización a partir de inversiones extranjeras, agudizando aún más una economía concentrada y fuertemente dependiente de las decisiones que se corresponden a esos intereses. Ello le permitiría, en algunos años, (si los tiempos políticos se lo permiten) mejorar la infraestructura física del país y cierta renovación tecnológica. Una especie de crecimiento y modernización dependiente, garantizando el “disciplinamiento social” de los actores intervinientes. (léase conflictos sindicales y movilizaciones callejeras)

Merecen menciones especiales dos cuestiones centrales en la actual política. El asistencialismo denominado como “política social” y la cuestión del empleo. Respecto a esto último, las cifras actuales –una vez depuradas de los “dibujos”- es probable que se mantengan en niveles semejantes, particularmente en lo que hace a los empleos privados, dado el proyecto de inversiones ya mencionado. En cuanto a las políticas asistenciales, éstas forman parte de las actuales orientaciones del Banco Mundial y otras entidades semejantes y hacen a la necesidad de poner un marco de contención que evite estallidos, ante la crisis global del actual sistema. Es por ello que es probable que dichas políticas asistenciales se mantengan aunque se reduzcan –en términos reales- su capacidad de compra. Esa contracción del mercado interno puede llevar, en lo inmediato a un descenso del Producto Interno.

Un detalle, de futuro impredecible, es que Macri gobernará los primeros meses sobre la base de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU). De esa manera evita convocar a “sesiones extraordinarias” de un Parlamento en “vacaciones” y tomar medidas, de complejo debate y difícil aprobación. Eso ya se insinuó el viernes y se ejecutará a partir del próximo lunes. La Justicia, aliada del macrismo, seguramente avalará a dichos DNU.

Estas ideas generales suponen una fuerte crisis inicial, en los primeros meses de gobierno. Si éste logra estabilizarla es probable que las perspectivas señaladas se puedan desarrollar. Su despliegue seguramente generará nuevas reacciones en el mediano plazo (algunos años), cuando este ciclo global de tinte neo-conservador se vaya agotando y nuevas perspectivas asomen en el horizonte. Pero ello no es el tema actual de este comentarista, ese futuro depende de la voluntad de los pueblos, los artífices de su propio destino.