Vuelven los supuestos apóstoles del periodismo

Clodovaldo Hernández – Rotos & Descosidos

Con la paz como bien superior, continúan los gestos del gobierno nacional para distender las relaciones y favorecer el entendimiento y la reconciliación. Uno de los más recientes ha sido la eliminación de restricciones técnicas que se habían establecido para que ciertos portales de medios de comunicación opositores entrasen en contacto directo con las audiencias nacionales.

Tal vez mi escepticismo sea mórbido con respecto a este tema, pero me atrevo a pronosticar que se repetirán ciertos perversos patrones que hemos visto operar desde los primeros años del tiempo revolucionario. Concretamente, creo que la maquinaria mediática que ha sido vencida en las cruentas batallas de la guerra cognitiva y que ahora es llamada a procurar la paz nacional, romperá más temprano que tarde con ese compromiso y volverá a sus andanzas de noticias falsas, campañas de manipulación a gran escala y estímulo a las salidas violentas y extraconstitucionales.

Quienes consumen y respaldan el discurso del aparato comunicacional contrarrevolucionario aseguran que esos portales informativos fueron bloqueados en Venezuela por un gobierno dictatorial porque estaban desarrollando un periodismo objetivo, equilibrado y ético. Desde esa óptica, el restablecimiento del acceso es una acción de justicia.

Sin embargo, para quienes vemos la realidad desde el lado revolucionario, el panorama es muy distinto: los medios de comunicación que se presentan como independientes y nacionalistas han sido, a lo largo de años muy complejos, instrumentos de la guerra multidimensional perpetrada contra Venezuela. Varios de ellos han sido financiados por entidades gubernamentales o paragubernamentales de los países hostiles. Fueron partidarios de la agresión militar, del bloqueo y de las medidas coercitivas unilaterales; y en tiempos de violencia política callejera, la instigaron y justificaron.

Restringir el acceso del público venezolano a estos portentos bélicos fue una medida extrema tomada en una situación que ameritaba una respuesta proporcional. Quienes ahora vuelven se presentan como apóstoles y mártires del periodismo, pero su función en la época previa a las limitaciones no fue periodística, sino de política insurreccional.

Los patrones que se repetirán vienen de lejos. Recordemos que el golpe de Estado que derrocó brevemente al comandante Hugo Chávez en abril de 2002 fue capitaneado por los dueños de los poderosos medios de comunicación de la época. Cuando, de manera muy sorprendente, Chávez volvió a su cargo, pudo haber barrido con todos los cabecillas mediáticos de esa acción inconstitucional, pero regresó ofreciendo perdón y pidiendo a los propietarios de televisoras, radioemisoras y periódicos unirse al esfuerzo por recuperar la paz nacional. Su gesto magnánimo fue interpretado como debilidad y por eso pocas semanas más tarde, ya el ejército mediático estaba conspirando con los militares de la plaza Altamira. Luego, ese mismo año, la oligarquía comunicacional lideró el paro petrolero y patronal que hizo un daño tremendo a la principal industria del país [y a los mismos medios, en cuanto empresas, pero ese es otro tema].

Los portales digitales de noticias que ahora han sido readmitidos oficialmente en el ecosistema mediático venezolano (nunca se fueron del todo, pues era posible verlos mediante las herramientas de VPN), son los herederos de aquellos medios convencionales, y como tales se han comportado y —lo vaticino, reconociendo mi tendencia al pesimismo— de esa manera van a seguir actuando. Se puede apostar a que con esos medios (con el perdón de Gustavo Adolfo Bécquer) “volverán las oscuras golondrinas” del odio y la violencia disfrazadas de periodismo. Ojalá me equivoque.

Fuente: https://rotosydescosidos.substack.com/p/vuelven-los-supuestos-apostoles-del

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