Venezuela ¿epitafio para una revolución?

(Xinhua/Lucio Tavora)
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Luis Bonilla-Molina

Estamos en un nuevo momento político, es la expresión síntesis con la cual Delcy Rodríguez describe lo que está ocurriendo en Venezuela. La intervención norteamericana sobre Venezuela, el bombardeo inclemente ocurrido durante dos horas en Caracas, La Guaira y otros lugares, así como la peor vergüenza en la historia de las Fuerzas Armadas nacionales parecieran distantes. Los hechos del 3 de enero han pasado a ser rápidamente un evento histórico, digno de recordar en salones repletos de militantes, y para audiencias internacionales que prefieren vivir en Nardia porque ello les resulta funcional al sostenimiento de sus proyectos políticos nacionales.

El antiimperialismo es el gran ausente en la política pública venezolana actual. Aunque todavía retumbe frente a Miraflores el grito de Chávez: “Yankees de mierda, váyanse al carajo!”, durante los últimos quince días los micrófonos del palacio de gobierno, de manera mesurada señalan que cualquier reclamo sobre lo ocurrido el 3 de enero se hará exclusivamente por canales diplomáticos, para intentar superar la mancha que eso ha significado en las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Venezuela. Como aún el desconcierto invade a la base social del Madurismo, solo en algunas reuniones militantes se sigue hablando mal de los gringos, eso sí, cuidando de no mencionar al catire de la Casa Blanca, una especie de consuelo para quienes recién despiertan del duelo de la pérdida.

La afirmación de Trump, el 3 de enero por la tarde, cuando aún resonaba en todos los rincones de la patria agredida el llanto de las madres humildes por la muerte de un centenar de hijos, no logra ser desmentida por los hechos: Delcy Rodríguez se ha comprometido a colaborar y no repetir los mismos errores de Maduro.El error al que se refiere Trump pareciera haber sido cometido por Maduro, al liquidar entre 2014-2025 el programa nacional-popular -ni qué decir del llamado socialismo del siglo XXI- que había encarnado Chávez, y no terminar de poner en marcha las medidas políticas, jurídicas e institucionales que convirtieran a Venezuela en una nueva colonia norteamericana.

El error de Maduro no fue por principios, sino de cálculo político, creyó que podía negociar su permanencia en el poder solo a cambio de vender todas las riquezas a Estados Unidos. Maduro cumplió la tarea liquidacionista de una revolución frustrada, pero no supo como presentar la defunción sin perder su audiencia. Eso no impide que denunciemos su secuestro ocurrido el 3 de enero, y que pidamos su liberación, porque Venezuela es una República que debe resolver sus asuntos sin la intervención de imperio alguno.

Los cuatro fantásticos y la mujer maravilla

El 15 de enero Donald Trump, a quien le gusta el espectáculo de la lucha libre a tal punto que nombró en el departamento de educación a la empresaria del ring Linda McMahon, decidió usar los términos de los Universos Marvel y DC para referirse a su abanico de posibilidades políticas en Venezuela. Anunció que por la mañana había sostenido una larga conversación telefónica con la presidenta interina Delcy Rodríguez, a quien describió como fantástica y con la cual, dijo, estamos trabajando muy bien.

Por la tarde, se reunió a puertas cerradas con la opositora derechista María Corina Machado, a quien el 3 de enero descartó para la actual etapa política venezolana, pero a quien ahora se refiere como maravillosa, por supuesto después que ella le entregara su medalla de premio Nobel de la Paz. Quizá Trump quiso sustituir con sus imágenes discursivas la saga de “super bigote” y “cilita”, los muñequitos de acción que el gobierno de Maduro creó para representarlos, los cuales eran entregados como regalo de navidad a los niños pobres de Venezuela.

Pero, en justicia, la expresión fantástica es una denominación compartida para los cuatro personajes que hoy, además de Delcy Rodríguez, están al frente de la administración venezolana, Jorge Rodríguez (presidente de la Asamblea Nacional), Diosdado Cabello (ministro de Interior y Justicia) y Padrino López (ministro de la Defensa). Ellos son los cuatro fantásticos del “nuevo momento político”, que deberán evitar enojar al Lex Luthor que habita en la Casa Blanca.

El seudónimo de Mujer Maravilla si es indivisible para María Corina Machado, quien parece haberse separado del resto de la oposición venezolana, más inclinada a llegar a acuerdos con Maduro y ahora con Delcy. Como diría Bifo Berardi, estos son solo reflejos de los problemas de salud mental que rodean al poder en el siglo XXI.

Desmontando los remanentes de la revolución bolivariana

El proceso bolivariano llega al 3 de enero de 2026 como un zombi que se alimentaba de retórica sin asidero en la realidad, convertido en una terrible caricatura de lo prometido en la Constitución de 1999. El declive inició antes de las Medidas Coercitivas Unilaterales (sanciones norteamericanas), pero evidentemente éstas aceleraron el paso de la entropía a la disolución contrarrevolucionaria, lo cual se expresó de manera nítida en el paquetazo de 2018,mediante el cual se transfirió a la clase trabajadora los efectos de la crisis, garantizando los circuitos de acumulación burguesa.

(Xinhua/Str)

El gobierno de Maduro se convirtió en autoritario, liquidador de las libertades democráticas mínimas y ejecutor con alevosía de la peor situación material de vida que haya vivido cualquier trabajador venezolano que hoy esté vivo. Delcy Rodríguez y los cuatro fantásticos fueron parte estructural de ese declive, no solo heredan, son coautores. La pregunta que todos nos hacíamos era si el ataque imperialista a Venezuela del 3 de enero podría servir de disparador para un movimiento de revolución interna, al frente del cuál se colocara el cuarteto gobernante, retomando el camino dibujado en la Constitución Republicana de 1999.

Los hechos ocurridos después lamentablemente despejan esa ilusión. No solo se están normalizando las relaciones diplomáticas entre Caracas y Washington en el marco de una agenda de restauración iliberal y colonial, sino que se están produciendo las contrarreformas necesarias para concretar el nuevo estatus de la relación entre Estados Unidos y Venezuela. A petición de Delcy Rodríguez la Asamblea Nacional simplificó las normativas de comercio, para eliminar las restricciones a la inversión extranjera, a la par que se iniciaba la reforma de la Ley de Hidrocarburos para dotar de legalidad el despojo del petróleo venezolano y la entrada de las trasnacionales que había echado la revolución de Chávez.

Las rápidas medidas de restauración procuran colocar en sintonía a Venezuela con las intenciones de Trump, expuestas a los dieciséis magnates petroleros reunidos para conformar un fondo de inversión de 100.000 millones de dólares, que le permita a Estados Unidos pasar de apoderarse en el presente de casi un millón de barrilles de petróleo a más de cuatro millones en un par de años.

Venezuela vuelve a entrar plenamente a los mecanismos del código bancario Swift,para que las operaciones financieras locales transiten por Estados Unidos, y ya han sido habilitadas cuatro entidades bancarias privadas (BNC, BBVA Provincial, Banesco y Mercantil) para que reciban de parte de la administración Trump la fracción de las divisas que transferirán al país por venta de petróleo. Al parecer serán estos bancos privados quienes oferten las divisas, y el Banco Central de Venezuela solo recibiría los Bolívares derivados de esta subasta, menos las respectivas comisiones de intermediación.

Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello

Este mecanismo es anunciado por Delcy Rodríguez como una forma de “cooperación energética con EEUU, que permitirá que cualquier divisa que ingrese irá a dos fondos, el primero de protección social para mejorar el ingreso de los trabajadores y fortalecer áreas como salud, educación, alimentación y vivienda, mientras que el segundo, se destinará a la infraestructura y servicios”. Un simple cálculo del impacto de los primeros 300 millones que serán transferidos, evidencia la poca efectividad que tendrá en la mejora de las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora, el 30% de los ingresos por ventas de petróleo que EEUUenviará Venezuela mediante la forma colonial de intermediación.

Ya el 9 de enero, la Casa Blanca había dado a conocer la orden ejecutiva “Safeguarding Venezuelan oil revenue for the Good of the American and Venezuela people”, que era la materialización de la relación colonial en el manejo de los recursos provenientes de la venta del petróleo. Estados Unidos se asume como “custodio” de los fondos patrios, cuya autorización de uso y circulación dependerá del secretario de Estado de los EEUU., ensayando su aplicación con los 50 millones de barriles de petróleo que anunciaron confiscarían para estos fines.

La respuesta del gobierno liderado por Delcy Rodríguez fue iniciar las reformas legislativas e institucionales que permitieran su concreción. El 15 de enero, el mismo día de la reunión telefónica entre Delcy y Trump, se anunció la reforma de la Ley de Hidrocarburos de Venezuela. Como si estuviéramos presenciando una competencia por mostrarse lo más obediente posible al inquilino de la Casa Blanca, mientras María Corina Machado le entregaba la medalla del premio Nobel a Trump, Delcy presentaba la reforma a la Ley de explotación y venta del petróleo.

Como cortina de humo, la administración Trump ordena el cierre del Helicoide, lugar de reclusión -denunciado por ser también un lugar de torturas- y la liberación de los presos políticos que permanecían retenidos allí. El presidente de la Asamblea Nacional pasa de afirmar Torturas y hacinamiento: el Helicoide, la cárcel de Venezuela ideada ...que Venezuela no tenía presos políticos a informar que son más de cuatrocientos los liberados y que se están estudiando los otros casos.  Defensores de los derechos humanos habían señalado previamente que el número de prisioneros políticos podría superar los mil ciudadanos. Es necesario subrayar que estas liberaciones son el resultado de la lucha de los familiares de los presos políticos y las organizaciones de derechos humanos que le han acompañado, no una dádiva imperial.

Esto ocurre, mientras el Decreto de Conmoción Exterior en su artículo 5 ordena la detención de todo aquel que critique al gobierno. Hoy en día es común ver en distintos puntos de las ciudades de Venezuela, a efectivos policiales y militares revisando los teléfonos y deteniendo a todo aquel que tenga información contra el gobierno. La mayoría de la población sale hoy de sus casas sin teléfono o con un equipo sin capacidad de recibir mensajes de WhatsApp o acceso a las redes sociales.

Como si esto no fuera suficiente, el 15 de enero se anunció que el ejecutivo y el legislativo, junto a la burocrática y patronal Central Socialista Bolivariana de Trabajadores (cuyo arquitecto de creación fue Maduro), harían una reforma fast track de la legislación obrera, creando un nuevo código del Trabajo ajustado al nuevo momento político.

Está por verse la reacción de la burguesía y la patronal empresarial. Sin embargo, Delcy Rodríguez se sabe mover muy bien en los sectores empresariales, financieros y bancarios. De hecho, entre 2018-2025 fue la encargada por Maduro de buscar puntos de encuentro y diálogo con el sector empresarial clásico, tarea que cumplió de manera eficiente.

Fedecámaras que había participado en el golpe contra Chávez en 2002, había roto los puentes de diálogo con el gobierno desde ese entonces, pero la labor de Delcy Rodríguez logró lo que parecía imposible, no solo que desde el 2021 fuera la estrella invitada a los encuentros nacionales de las citas empresariales, sino hacer que se fueran distanciando del llamado a enfrentamiento que lideraba María Corina Machado. Esa experiencia de Delcy Rodríguez le puede ser útil para lograr lo que no pudo Maduro, un acuerdo entre las distintas fracciones burguesas para una transición ordenada, donde todos los ricos ganen y ninguno pierda. Claro está, en esos acuerdos los de abajo son siempre los perdedores.

Los cambios ocurren a una velocidad vertiginosa, mientras la perspectiva antiimperialista pareciera diluirse cada vez más.

El gran ausente

El común de la opinión pública internacional se pregunta ¿y el pueblo?  ¿cuál es la respuesta popular? La verdad es que no ha ocurrido expresión de movilización masiva alguna como respuesta espontánea y autónoma a lo que está ocurriendo. Las débiles marchas que se han dado han sido convocadas por el gobierno, movilizando fundamentalmente a funcionarios públicos y la base social que aun conserva, que disminuida no deja de ser importante para estos efectos.

¿Cómo se explica esto? El Madurismo produjo una situación tan desastrosa en las condiciones materiales de vida de los trabajadores, que amplias franjas de la población ven su salida como la posibilidad que esto cambie. La ciudadaníapareciera estar en el momento de dar una oportunidad a que los hechos permitan mejorar los salarios, el retorno de los ocho millones de migrantes que han fracturado a todas las familias venezolanas, la recuperación del funcionamiento regular y estable de los servicios públicos (agua y electricidad) y contar con institucionalidad que atienda las demandas de salud, alimentación y vivienda de las grandes mayorías. Sin embargo, la situación de administración colonial difícilmente va a poder concretar estas aspiraciones, así que la reaparición del sujeto social movilizado será posible en la medida que se haga evidente esta imposibilidad.

En el país de los ciegos

Ahora todo el mundo político habla de transición y de solucionar los problemas en el corto plazo. Pero esto no se resuelve solo con voluntad, sino que demanda de la política una compresión integral de las causas y orígenes estructurales de la actual situación.

Desde nuestra perspectiva, la actual crisis venezolana se origina en febrero de 1983 con el colapso del modelo rentista de acumulación burguesa, policlasismo y representaciones políticas, se profundiza con la grieta que para el Estado significó la desaparición de la categoría pueblo como unificador del estado-Nación a partir del caracazo de 1989, profundizándose con la crisis del mundo militar expresada en los levantamientos del 4F y 27N de 1992.

A esto se le añade la crisis de credibilidad profunda en la democracia que se hace inocultable con los resultados electorales de 1993, fenómeno que se fue ampliando en cada elección subsiguiente. La Constituyente de 1999 si bien logró apoyo de la mayoría no logró reconstituir al pueblo como sujeto del consenso estatal, por el contrario, se profundizó el caos, con picos y periodos de aparente estabilidad.

El inicio de la conformación de una nueva burguesía a partir del 2002, después del golpe patronal-militar a Chávez abre una disputa por la acumulación de riqueza que estuvo a punto de convertirse en guerra civil entre 2014-2017; esta disputa inter burguesa no se ha resuelto, y peor aún añade en ambos casos, una vocación a negar el policlasismo, es decir imponerse arrasando con las condiciones mínimas de una agenda social reformista, lo cual mantiene larvado el germen de la revolución radical.

A todo esto, hay que añadir el trauma de la pérdida de soberanía ante el ataque imperialista del 3 de enero y el vergonzoso papel de las fuerzas armadas. Son cuarenta y tres años de crisis estructural del modelo de acumulación y representación política sin resolver.  Una transición pensada desde el mundo del trabajo tiene que ser capaz de abordar todo y cada uno de los componentes de esta crisis. María Corina Machado ha afirmado que su apuesta es otra, y el gobierno de Delcy Rodríguez pareciera más interesado en sobrevivir en el poder que por solucionar esta crisis estructural.  Los próximos meses serán claves para poder entender y precisar el rumbo de los acontecimientos en el país.

Tanto nadar para morir en la orilla

El escritor cubano Leonardo Padura acaba de publicar una novela a la que pareciera faltarle un capítulo sobre Venezuela. Morir en la orilla es el relato del desencanto de una generación que criticó al capitalismo como resultado de los problemas políticos, económicos, sociales, culturales y tecnológicos que vivía, que apostó por el socialismo como alternativa y que ahora pareciera aceptar que la única solución para sus problemas es volver al capitalismo salvaje, de libre mercado, de competencia, de explotación laboral, pero con salario digno.

Explicar que lo ocurrido en Venezuela no fue una experiencia socialista, sino una apropiación por desposesión de la narrativa de transformación radical no es tarea fácil. Ciertamente el gobierno de Chávez tuvo elementos reivindicables, como también la cuarta república, pero la una y la otra terminaron siendo apuestas por intentar resolver la crisis capitalista sin un cambio en el modelo rentista de producción y acumulación.

Más que construir recetas, hoy volver a poner en vuelo proyectos de futuros, implica escuchar al común, porque una revolución solo es posible y sostenible cuando sintoniza con las expectativas, necesidades y requerimientos de los humildes. Nadar a contra corriente para no morir en la orilla.

La difícil tarea de los revolucionarios en este marco

Ante este panorama no puede existir duda sobre las prioridades. La tarea central es defender la soberanía patria con un antiimperialismo desde quienes viven del trabajo, es decir, cada paso en defensa de la República debe ir acompañado de la demanda de redemocratización de la sociedad venezolana y justicia salarial. No existe soberanía territorial sin soberanía política.

Muy difícil articular una defensa de la soberanía venezolana que omita la necesidad de superar los problemas de desigualdades y falta de libertades en Venezuela. Combinar de manera correcta estas demandas es el desafío del antiimperialismo hoy. Por ello, la convocatoria a un frente antiimperialista mundial, a partir de la solidaridad con Venezuela, debe ser acompañado de la demanda de restitución plena del régimen de libertades políticas, sindicales y ciudadanas en Venezuela. Esto demanda tacto y creatividad, compromiso y claridad en el horizonte. En este sentido y orientación nos sumamos al llamado a organizar una plataforma global a partir de la reunión virtual del 17 de enero, a la que se aspira lleguen voces plurales y diversas, como somos los que seguimos soñando con otro mundo y Venezuela posible.

 

*Doctor en Ciencias Pedagógicas, Postdoctorados en Pedagogías Críticas y Propuestas de Evaluación de la Calidad Educativa. Miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Socio de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la educación