Venezuela. A 27 años de la histórica juramentación del comandante Chávez
Resumen Latinoamericano
Hoy se cumplen 27 años de un momento que fracturó la línea del tiempo en Venezuela. El 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez Frías, de 44 años, prestaba juramento como presidente ante una multitud eufórica. Con la Constitución de 1961 en la mano, a la que calificó de “moribunda”, pronunció las palabras que se convertirían en el acta de nacimiento de la Quinta República: “Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi Pueblo que, sobre esta moribunda Constitución, impulsaré las transformaciones democráticas necesarias…”.
Ese juramento no era solo una formalidad; era la promesa de un derrotero revolucionario que enterraría cuatro décadas de dominio bipartidista (Acción Democrática y Copei) y buscaría refundar la nación sobre nuevas bases de justicia social, soberanía y participación popular.
El camino, desde entonces, ha sido épico y turbulento. La Revolución Bolivariana, nutrida por el resentimiento popular hacia las élites tras el Caracazo de 1989 y el fracaso del modelo neoliberal, se consolidó rápidamente. Una Asamblea Nacional Constituyente redactó una nueva Carta Magna en 1999, aprobada por amplia mayoría, que dio luz a una “democracia participativa y protagónica”. El estado lanzó las Misiones Bolivarianas, masivos programas sociales en salud, educación y alimentación que, según cifras oficiales, redujeron la pobreza de manera significativa y construyeron una base de lealtad popular inquebrantable.
Chávez, un líder de verbo torrencial y estilo confrontacional, no solo transformó Venezuela. Su proyecto tuvo un alcance continental y global. Fomentó la creación del ALBA, Petrocaribe y la CELAC, promoviendo una integración latinoamericana al margen de Washington. Su retórica antiimperialista y sus alianzas con países como Cuba, Irán, China y Rusia lo convirtieron en una figura que subvertió el orden imperial a escala mundial.
Durante 14 años, hasta su fallecimiento en 2013, su liderazgo definió una era marcada por avances sociales, a la vez que una fuerte polarización por parte de quienes se resistían a abandonar sus privilegios y se opusieron desde un primer momento a la recuperación de soberanía por parte del Estado.
Al morir Chávez, la batuta pasó a su heredero político, Nicolás Maduro, quien juró continuar el legado. En el 26° aniversario, hace apenas un año, Maduro celebró aquel día “bendito” en el que “entró al Palacio de Miraflores un líder… y con él inició la etapa del Pueblo en el Poder”. Destacó 26 años de “batallas y victorias” frente a conspiraciones y agresiones externas. Nadie en ese momento podía prever el dramático giro que sufriría su destino personal y el del país en el año siguiente.
Hoy, al conmemorarse el 27° aniversario, la escena evidencia una escalada geopolítica extrema. El presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, no están en Caracas. Los máximos exponentes del Gobierno de un país se encuentran cautivos en una prisión de Nueva York, ante una comunidad internacional que se revela estar atada de manos y que ve violarse los más fundamentales principios del Derecho Internacional.
La invasión militar de Estados Unidos del pasado 3 de febrero es una violación sin precedentes de la soberanía nacional y un acto de guerra, sumiendo a Venezuela en una crisis constitucional y de seguridad que ha sido sorteada en base a la unidad y la solidez de los cimientos revolucionarios, legado de Chávez y sobre los cuales se construyeron las transformaciones impulsadas por el Gobierno de Maduro y que permitieron al país sudamericano recuperarse a tasas de crecimiento líderes en la región.
La captura del mandatario electo por una potencia extranjera modifica cualquier conmemoración y pone a prueba la resistencia y cohesión del proyecto bolivariano sin su comandante en jefe físico, pero con el liderazgo de Delcy Rodríguez como presidenta encargada.
A 27 años de aquel juramento, la Revolución Bolivariana enfrenta una nueva dificultad, la reciente invasión estadounidense no solamente amenaza la economía venezolana, apoya levantamientos internos, utiliza mercenarios o agrede el modelo social; sino que, mediante el uso tácito de la fuerza militar además de secuestrar al líder actual del proceso de transformación, también hace uso de la violencia y la amenaza permanente para condicionar al Gobierno.
Sin embargo, el legado de Chávez, la Quinta República, nacida para defender la soberanía, hoy permanece en pie de lucha, con unidad y victoria, por su integridad territorial y su continuidad política en las circunstancias más adversas imaginables; con una paradoja infalible, cada crisis superada confirma que el proceso revolucionario es irreversible.