Una guerra para controlar la energía y el avance tecnológico

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El conflicto bélico actual contra Irán no se trata de una represalia militar por muertes de mártires, sino una batalla estructural para definir quién controlará los recursos del siglo veintiuno, mientras el establishment estadounidense cierra filas contra el avance tecnológico y comercial chino, por lo que utiliza la fuerza bruta en Oriente Medio para enviar un mensaje de advertencia a cualquier nación que intente un desacople financiero, coinciden los analistas d los principales medios económicos de Occidente.

El presidente estadounidense Donald Trump amenazó a Irán con bombardear sus centrales eléctricas si no abre el estrecho de Ormuz dentro de las siguientes 48 horas. Antes, el Comando Central estadunidense (Centcom) se jactó de haber destruido un búnker iraní que almacenaba misiles, emplazamientos de apoyo de inteligencia y repetidores de radar iraníes en el cruce marítimo. “Si Irán no abre completamente, sin amenazas,  Estados Unidos atacará y destruirá sus diversas centrales eléctricas, ¡comenzando por la más grande!” advirtió Trump en  su red Truth Social.

Por su parte, China observa con paciencia milenaria y cautela defensiva el asedio naval en sus mares mientras consolida asociaciones energéticas con naciones que el Departamento de Estado estadounidense califica como parias del sistema internacional. Para los analistas, esta presión bélica busca asfixiar la llamada Ruta de la Seda y detener el ascenso de un modelo de intercambio que no depende exclusivamente de las finanzas occidentales.

Asimismo, la guerra en Irán pone en entredicho el rol de EEUU como ‘sheriff’ de los petroestados en Oriente Medio. Los ataques contra las refinerías de los Estadlos árabes, la espiral de ataques cruzados contra enclaves energéticos críticos en el Golfo,  confirman que la alianza con Washington, ya sea en forma de bases o acuerdos, lejos de tener un efecto disuasorio, convirtió los países productores de petróleo en un blanco más. Trump prendió un incendio en Irán que se está extendiendo y amenaza con agotar las alianzas en la región.

Desde finales de los años setenta, buques de investigación oceanográfica de numerosos países han emprendido estudios en busca de yacimientos petrolíferos. Recientemente, Rusia comunicó el descubrimiento de enormes reservas de petróleo y gas en la Antártida que tendrían un valor estimado de 511 mil millones de barriles de petróleo, informó el periódico británico The Telegraph .  El gobierno ruso le confirmó a Argentina que esos depósitos se habrían hallado hace cuatro años. Pero existe un acuerdo internacional que prohíbe su explotación.

Los Emiratos Árabes, Catar, Kuwait, Bahréin, Arabia Saudí y Omán fueron ya objetivos de los misiles y drones iraníes, causando graves daños en las refinerías de buena parte de estos países después de que el miércoles Israel bombardeara la parte del yacimiento de South Pars -el mayor del mundo-, que controla Irán. Este enclave, compartido entre Doha y Teherán, contiene el 20% de las reservas mundiales de gas.

Cuando en 1973 los países árabes productores de petróleo respondieron con un embargo energético al apoyo de Estados Unidos a Israel en la guerra del Yom Kippur, los precios del petróleo se cuadruplicaron, sacudiendo la economía mundial. Más de medio siglo después, la correlación entre una guerra en Medio Oriente y el precio del petróleo siguen sacudiendo la economía global.

El mundo ha vivido estas semanas las jornadas más volátiles del mercado petrolero de su historia, provocando el pánico en los mercados y -dada la improvisada intervención del propio Trump asegurando que la guerra está “prácticamente concluida”- también en los despachos. “Tengo un plan para todo, ¿de acuerdo? La conclusión está en mi mente, en la de nadie más”, le dijo a un periodista del New York Post cuando le preguntó sobre el aumento de los precios del petróleo. “Tengo un plan para todo. Estarás muy contento”.

Aunque el petróleo tiene hoy un menor peso en la producción y el consumo mundial que en la década de 1970, sigue siendo uno de los principales engrases de la economía mundial, y las consecuencias de la interrupción del suministro -la mayor de todos los tiempos- empiezan a sentirse en los bolsillos de millones de personas. Industrias como la del transporte o la petroquímica son especialmente sensibles a la subida de los precios del petróleo, que también tiene efectos en la industria pesada o en la agroalimentaria, y su perturbación puede tener graves consecuencias para las economías dependientes del crudo del Golfo Pérsico, especialmente las asiáticas.

Trump ha prometido que “la muerte, el fuego y la furia” reinarán en Irán si detiene el flujo de petróleo. Varios países han tomado medidas de emergencia ante “la mayor crisis” a la que se ha enfrentado nunca la industria energética de la región.

Aunque parece que no puede ganar con las armas, Irán está demostrando que sí tiene capacidad para afectar al sistema energético mundial, elevando el coste económico y político de cualquier conflicto que le amenace: está intentando transformar una inferioridad militar relativa en poder de negociación a través de un cuello de botella global. Al atacar instalaciones, terminales, refinerías y tráfico marítimo, encarece la guerra para Washington, sus aliados del Golfo y los grandes consumidores asiáticos y europeos, con el fin de que presionen por un alto el fuego o por limitar la escalada.

El impacto de esta crisis energética se distribuye en cascada por toda la economía mundial, pero algunos sectores y regiones son particularmente sensibles como el transporte y, en particular, la aviación. La industria petroquímica también acusa el golpe, ya que muchas materias primas industriales, como plásticos, fertilizantes, productos químicos o fibras sintéticas, derivan del petróleo o del gas natural. Y lo mismo sucede con la industria pesada, ya que el acero, el cemento o el aluminio consumen grandes cantidades de energía.

Ya se están viendo, por ejemplo, tensiones en fertilizantes en la India, recortes o paradas en refinerías y plantas petroquímicas asiáticas, observa Omar Rachedi. “En otras palabras: el shock empieza en la energía y la logística, pero termina invadiendo manufacturas, alimentación y precios al consumo”, resume el economista de EsadeGeo.

Irak exportó petróleo por encima de los US$ 11.000 millones, el mayor ...¿Y qué economías se van a ver más expuestas a esta crisis? Para empezar, las economías productoras de petróleo del Golfo, con Irak como su caso más extremo: su producción se ha hundido en torno al 70%, de unos 4,3 a 1,3 millones de barriles diarios en un país donde más del 90% de los ingresos públicos dependen del petróleo.

Otros países como Arabia Saudita han empezado a reducir la producción y a desviarla por un oleoducto que la conduce hasta el puerto de Yanbu, en la costa del mar Rojo, sorteando así los peligros de Ormuz.  Esta vía, sin embargo, no es suficiente para gestionar toda la producción del reino, de ahí los comentarios alarmistas del director de Aramco.

Los grandes importadores de petróleo asiáticos también son muy vulnerables a esta crisis. China, India, Japón y Corea del Sur son algunos de los mayores importadores de petróleo del mundo, y una parte significativa de ese crudo llega desde Arabia Saudita, emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Irak a través del estrecho de Ormuz.

Pekín compró en 2025 más del 80% del petróleo iraní pese a estar sometido a sanciones internacionales, aunque en los últimos años ha desarrollado algunas ventajas estratégicas que le permiten amortiguar el impacto de una crisis energética mundial: ha diversificado sus proveedores energéticos, tiene grandes reservas estratégicas y posee un sector de refinado muy amplio, explica el profesor del IE Business School.

China descubre un gigantesco yacimiento petrolífero con 100 millones de ...A corto plazo, analizan los expertos, China está protegida del impacto, pero si el shock se alargara podría acabar afectando a su economía.

Europa, cada vez más dependiente del gas natural licuado (GNL), especialmente desde el comienzo de la guerra de Ucrania, también se puede ver afectada, así como las economías emergentes que dependen de importaciones de combustible y que tienen monedas débiles.

Estados Unidos, que en los años 70 sufrió enormemente el embargo de petróleo de los países árabes tiene hoy, según Omar Rachedi, más herramientas para amortiguar el golpe, pero no para neutralizarlo. Hoy es el mayor productor mundial de gas y petróleo, por lo que depende menos del petróleo importado. Además, cuenta con uno de los mayores almacenes de petróleo de emergencia del mundo, la Reserva Estratégica de Petróleo, que puede utilizar para estabilizar el mercado o compensar interrupciones temporales del suministro.

Sin embargo, incluso con esas ventajas, el mercado petrolero es global. “Si el precio internacional del petróleo sube significativamente, los consumidores estadounidenses también sentirán el impacto en el precio de la gasolina y el diésel”, señala Rafael Pampillón.

El precio de los combustibles, especialmente en Estados Unidos, es uno de los indicadores económicos más visibles para los votantes, porque afecta directamente al presupuesto diario de los hogares. Para muchas personas, el precio de la gasolina es lo que resume el costo de la vida: si sube, aumenta el precio del transporte, de los alimentos y de muchos bienes de consumo, erosionando el poder adquisitivo de muchos hogares

El efecto en América Latina

Por que Brasil é um dos protagonistas do novo boom de petróleo na ...
Brasil es uno de los protagonistas del nuevo boom de petróleo

En América Latina, el impacto de una crisis energética y del precio del petróleo varía mucho según el perfil energético de cada país. Los expertos consideran que los principales beneficiados serán los exportadores netos de crudo, como Brasil, Guyana, Argentina y, con algunos matices, Colombia.

Argentina gana “porque Vaca Muerta sigue mejorando su saldo energético externo”, mientras que, en Colombia, “unos precios más altos pueden elevar la caja y capacidad de inversión de Ecopetrol”, señala el economista de EsadeGeo-.

En cuando a México, aunque sigue siendo productor de petróleo, “su producción ha disminuido en la última décadas y el país importa grandes volúmenes de gasolina y otros combustibles refinados, por lo que el efecto neto de los precios altos puede ser más complejo”, agrega Pampillón.

Los más perjudicados, coinciden los economistas, serían los importadores netos de combustibles del Caribe y parte de Centroamérica, así como países como Chile o Perú y países como Bolivia que mantienen subsidios a los combustibles que los hacen muy gravosos para las finanzas públicas cuando el petróleo sube.

*Resumen del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)