Una “grieta” inútil construye una Argentina inviable

Juan Guahán

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Argentina, perdido el rumbo de “colonia próspera” que le diera la Generación del 80’ (en el siglo XIX): navega –sin rumbo, ni guía- en una interminable pendiente hacia una decadencia cada día mayor. En lugar de atender a sus problemas reales transita el presente envuelta en disputas de una “grieta” inconducente. Allí las acusaciones reemplazan al debate sobre el futuro. La ausencia de una discusión acerca del porqué de esta dolorosa realidad hace que se hable de la periferia de los problemas.

Más que prepararnos para nadar en aguas profundas, pareciera que nuestra vocación es hacer la plancha en un estanque. Resulta difícil ir al fondo de las dificultades, pensar en otras alternativas, construir respuestas distintas. Da la impresión que los argentinos le tenemos un cierto miedo a las verdades más profundas.

Quienes hacen de las mayores ganancias y la concentración económica su forma de vida están satisfechos con esta situación. El país puede hundirse pero ellos, los reales dueños del poder, siempre encuentran el atajo por el cual fluyen sus beneficios. Los datos sobre el modo que la riqueza se concentra van de la mano con aquellos otros sobre el incremento de la pobreza.

Esto no es de ahora, lleva años y no se lo revierte. Esta democracia lleva más de 37 años de continua vigencia. En sus inicios, Raúl Alfonsín había prometido que con ella “se educa, se come, se cura”. Pero la evidencia indica que los argentinos –indudablemente- hemos recuperado libertades pero, en términos generales, no hemos avanzado nacionalmente en materia de salud, educación y comida. Todos los índices de pobreza e indigencia lo atestiguan.

Esta situación se vuelve mucho más evidente en las proximidades de los hechos electorales. Es por eso que, en estos días y preocupados por la perspectiva de una pérdida de adeptos, florecen las tendencias a la polarización de las grandes corrientes políticas nacionales.

Todo lo dicho ha hecho de estas “grietas” algo inútil y perjudicial para la inmensa mayoría del pueblo, pero muy útil para las dirigencias partidarias y el sistema de poder vigente.

Obras sociales y salud: tampoco se va a fondo

El gobierno dictó el Decreto 438/2021 por el que establece que cuando un trabajador inicie una nueva relación laboral se integrará a la obra social correspondiente a su actividad, debiendo permanecer por lo menos un año en la misma. También fija que solo podrá cambiar de prestadora una vez por año.

La medida atiende a viejos reclamos del sindicalismo nucleado en la Confederación General del Trabajo (CGT, principal central de trabajadores). Allí están quienes tienen en la obras sociales el principal instrumento para el acceso a importantes recursos.

Según Claudio Belocopitt, vocero de las empresas de medicina privada  y dueño de Swiss Medical, se enojó por esta medida y manifestó que su sector tiene unos seis millones de afiliados y que 4,5 millones de ellos (un 75%) provienen de las obras sociales sindicales.

De este modo se procura fortalecer los ingresos de las obras sociales sindicales poniendo un dique al actual drenaje de afiliados que se desplazan de las manejadas por sindicatos a otras, en manos privadas.

Este abordaje de la cuestión de la salud es otra materia en la cual se puede verificar que las medidas adoptadas temen ir al fondo de los problemas: ni siquiera avanzan en aspectos técnicamente mejores.

En este sentido conviene tener presente dos aspectos que no son considerados: la cuestión estructural del tratamiento de salud, haciendo hincapié en la enfermedad y la necesidad de una integralidad que articule las diferentes respuestas.

La salud en Argentina está pensada desde la óptica de la enfermedad y muchas veces parece ser una cuestión de meros especialistas. En ese sentido no se tiene en cuenta que antes que la enfermedad está la salud. Es preciso organizar el sistema sanitario en función de la mayor atención a la salud de la población, donde tiene un rol determinante el escasamente atendido sector primario.

Otra perspectiva está referida a una idea de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, de poner en marcha una concepción integral que articule al conjunto de los sistemas existentes. Ni los empresarios de la medicina privada, ni los sindicalistas, acordaron con esa idea y la propuesta quedó para discutirse después de las elecciones.

El gobierno, sin voluntad o espacio para modificaciones de raíz, ni para aplicar una concepción más integral, quedó limitado a un reparto de plata. En medio de la campaña el gobierno optó por el guiño electoralero a los sindicalistas poniendo dinero en las obras sociales que ellos controlan.

Economía e ingresos por ahora mejoran… después se verá

Los datos estadísticos recientes no mustran cambios sustanciales pero sí aportan detalles sobre la evolución de la economía y sus perspectivas. En ese sentido no hay modificaciones bruscas en el horizonte inmediato, con una tendencia general –para el segundo semestre del año- hacia el crecimiento y una mejora de los ingresos hasta fin de año. Luego se verá.

Tras un primer trimestre positivo, en el segundo trimestre hubo un parate, de la mano de las restricciones desde fines de abril. Recién se pudo observar un  nuevo impulso a partir del mes de junio.

Con la buena noticia del avance de las vacunaciones, una meseta inflacionaria y el ingreso en un período preelectoral permiten pensar que la economía y los ingresos tendrán unos meses de respiro, con crecimiento anual que estará por el 6%, todavía un 4% por debajo del 2019. Ellos se pueden sintetizar que tendremos un 2021 mejor que el 2020 pero todavía por debajo del 2019.

La situación se puede entender un poco más si consideramos por separado los datos sobre inflación/ingresos y el nivel de ocupación. Si no hay mayores sobresaltos y se confirma la tendencia a que se mantenga el amesetamiento actual, la  inflación rondará el 45%.

En cuanto a la carrera entre inflación y capacidad de consumo, la tendencia es que será el cuarto año en el que gana la inflación, con la consecuente pérdida de capacidad de compra. Como ejemplo se puede mencionar que los ingresos de un salario promedio del sector privado permitían adquirir, 4 años atrás, 13 canastas básicas y hoy solamente 10.

De ese modo y a pesar de las mejoras esperables para el segundo semestre este año terminará señalando una nueva merma del salario real. Hace 5 años atrás, el 20% de las personas con un empleo formal tenían un ingreso promedio por debajo del nivel de pobreza, hoy ese mismo sector representa el 30% del total.

Respecto al mercado laboral, los datos del INDEC avisan que el desempleo alcanzaba al 10,2% de la población económicamente activa (PEA), para fines de marzo del 2020, e igual porcentaje para igual fecha del 2021. En ese lapso la economía se había achicado resulta que hay un volumen de personas que dejaron de buscar empleo. Si hablamos de los jóvenes la tasa de desocupación sube al 20% y trepa al 25% cuando nos referimos a las mujeres.

Para ese mismo período el empleo público creció levemente, mientras que disminuyó -a pesar de las prohibiciones sobre despidos y suspensiones- en una proporción algo mayor, en el sector formal privado.

Todas estas reflexiones surgen de datos oficiales. Para tenerlos presentes con vistas al futuro hay que tener en cuenta dos detalles: Uno, que ellos contemplan la tendencia actual de la Covid, sin considerar la posibilidad de una tercera oleada. Ellos tienen presente que estamos en un año electoral y que las mejoras temporales -sin afectar la situación estructural- pueden ser “pan para hoy y hambre para mañana”.

 

*Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)