Trump y el fantasma del comunismo

 

Pedro Brieger

Un fantasma viejo y descangallado sigue azotando las mentes de algunos paranoicos que lo ven joven y robusto.  Donald Trump habla de la amenaza del comunismo como si los comunistas estuvieran preparando un asalto al Capitolio.  Vaya paradoja, quienes sí lo hicieron fueron sus seguidores en enero del 2021 cuando asumía la presidencia Joe Biden.  

Aunque parezca increíble, en los recientes actos del 4 de julio para conmemorar el 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos, uno de los ejes de su discurso fue la amenaza comunista.  Más aún. Un relevamiento de la agencia Reuters descubrió que en el lapso de dos semanas Trump realizó 81 menciones sobre el comunismo.  Entre otras cosas dijo que “hay ahora un resurgimiento de la amenaza comunista en nuestra tierra”; que “el comunismo es enemigo de los pueblos libres y de la Constitución”; y que “no aman a Dios ni quieren a Dios.

No aman la religión ni quieren la religión”.  Como si esto fuera poco, en plena persecución de inmigrantes, también vinculó al comunismo con la inmigración, al sostener que los extranjeros traen ideas comunistas incompatibles con la identidad estadounidense.  Para redondear afirmó que el comunismo es la amenaza más seria que tiene su país desde la independencia.

  ¿Realmente lo cree?  Difícil saberlo.  

Zohran Mamdami, alcalde de Nueva York

A nadie se le escapa que sus dichos se producen cuando sectores progresistas y candidatos socialistas democráticos han triunfado en varias primarias del Partido Demócrata.   Estos creen que el gobierno debe tener un rol activo en los servicios sociales y particularmente en vivienda y salud.  No son comunistas ni anticapitalistas, apenas proponen una mejor distribución de la riqueza dentro del marco del capitalismo. Para Trump y los republicanos eso es sinónimo de socialismo o comunismo.

Aunque parezca contradictorio con su discurso hacia afuera, Estados Unidos tiene muchos servicios que son de gestión pública, incluida la distribución del agua.  El concepto de que el agua es un derecho humano y no debe ser tratado como una mercancía no es una idea nueva y alocada de Evo Morales.  En Estados Unidos el agua es considerada un servicio esencial y es casi toda de propiedad estatal o municipal.   Es verdad que hubo experiencias de privatización, pero algunas fracasaron de manera estrepitosa.  Por otra parte, existe un real intervencionismo del gobierno en la economía.  El propio Trump a principios de julio intervino en el mercado de la gasolina promocionando estaciones de servicio que la venden mucho más barata que el precio de mercado.

A la mayoría de los republicanos les cuesta reconocer la diversidad que puede existir dentro del Partido Demócrata y su ala izquierda, y les resulta más simple y funcional tildar a todos de socialistas o comunistas.  Son tan simplistas que, cuando no les gusta algo, dicen “eso es socialismo”.  No cabe duda de que la utilización redundante de la descalificación es parte de una estrategia para cohesionar sus filas con un enemigo históricamente demonizado.  

Una larga tradición anticomunista

En Estados Unidos la construcción del enemigo comunista comenzó poco después de la revolución rusa de 1917.  La expresión «red-baiting», que significa hostigar a alguien llamándolo “rojo”, se popularizó en la década de 1920 y consta en acusar a una persona de comunista para desacreditarla.  Trump utiliza al viejo fantasma para desprestigiar al Partido Demócrata y principalmente a su ala izquierda que ha logrado algunos triunfos resonantes en elecciones locales, entre ellos la alcaldía de Nueva York y de Seattle.

Red Baiting: Road to Lower Wages, Fewer Jobs and Company Unionism! by ...Después del “red-baiting” llegaron las famosas persecuciones del senador Joseph McCarthy que son parte de la memoria colectiva y dejaron una profunda marca en la sociedad.  En la década de 1950, McCarthy convirtió el “red-baiting” en una herramienta sistemática. Acusó a funcionarios, militares, diplomáticos, científicos o artistas de ser comunistas o agentes soviéticos.  El “red-baiting” no requiere que la persona sea comunista. Funciona precisamente porque borra las diferencias. Así, un socialdemócrata, un socialista democrático, un sindicalista o incluso un liberal progresista pueden ser presentados como parte de una misma amenaza.

Es posible que en muchos sectores que apoyan a Trump este discurso genere adhesiones, pero casi cuarenta años después de la caída del Muro de Berlín y treinta desde la desaparición de la Unión Soviética, hay toda una generación de jóvenes que no tiene ni la más mínima idea de lo que era el mundo durante la llamada Guerra Fría ni lo que es el comunismo.

El fantasma no tiene fronteras

Trump no es el único que agita el viejo fantasma.  Javier Milei suele acusar de «zurdos», «socialistas» o «comunistas» a quienes lo critican y Jair Bolsonaro el día que asumió la presidencia en 2019 dijo “Brasil comienza a liberarse del socialismo”.  Un rasgo común de Trump, Milei o Bolsonaro es que «comunista» deja de ser una categoría ideológica precisa y pasa a ser una etiqueta política.  Poco les importa si es real o si se adecúa a algún marco teórico que tampoco les interesa comprender.  Es una etiqueta que se puede aplicar a una lista muy larga, desde un socialista hasta un keynesiano, pasando por un defensor de los derechos humanos o un ambientalista, a pesar de que ninguno proponga abolir el capitalismo.

Trump tampoco inventó la estrategia estigmatizante del adversario.  La historia enseña que los líderes con tendencias autoritarias suelen comenzar con la estigmatización para luego pasar a las persecuciones abiertas.  El problema nunca son los fantasmas, sino quienes los invocan.

*Sociólogo y periodista argentino