Trump no deja de fallar en Irán y Canadá

Pablo Rodríguez

La presión de Trump sobre adversarios y socios atraviesa una prueba simultánea en Irán y Canadá, dos frentes distintos que exhiben límites para su estrategia de coerción. A seis meses de la guerra contra Teherán, Washington evitó una escalada militar y anunció una ofensiva económica basada en la amenaza de sanciones secundarias.

El Departamento del Tesoro estadounidense advirtió a países y empresas que reduzcan sus vínculos comerciales con Irán, aunque la nueva lista de sancionados no incluyó instituciones financieras chinas. La exclusión resulta significativa porque China es el principal comprador del crudo iraní y una pieza decisiva de la red comercial de Teherán.

La medida, presentada por la administración como un “Día D económico”, no parece haber alterado la disposición de Irán a negociar ni reducido de forma visible la tensión del conflicto. Al mismo tiempo, el costo político interno de la guerra aumenta: solo 31% de los estadounidenses apoya la acción militar contra Irán y 83% cree que el conflicto se prolongará.

Canadá responde a Washington

En Canadá, el primer ministro Mark Carney suspendió las conversaciones comerciales con Estados Unidos y anunció una respuesta arancelaria “dólar por dólar” ante las tarifas impulsadas desde Washington. La decisión cuenta con un fuerte aval social: 76% de los canadienses considera correcto abandonar las negociaciones antes que aceptar un acuerdo desfavorable.

El respaldo alcanza incluso a sectores opositores, pues 53% de quienes votaron por el Partido Conservador en las elecciones federales de 2025 respaldó romper las conversaciones, según Angus Reid. Además, 62% estima adecuadas las contramedidas arancelarias planteadas por Ottawa, aunque su implementación quedaba sujeta a un plazo fijado para el 8 de septiembre.

La resistencia iraní y la reacción canadiense sugieren que la presión de Trump no está produciendo concesiones rápidas en ninguno de los dos escenarios. En Estados Unidos, su aprobación se mantiene en 33%, mínimo de su actual presidencia en la medición Reuters/Ipsos, frente a 64% de desaprobación.