Trump es ya la mayor amenaza al orden global movido por la codicia

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Juan Antonio Sanz

El presidente de Estados Unidos, Trump, en una rueda de prensa tras el ataque militar contra Venezuela.
Trump, en una rueda de prensa tras el ataque a Venezuela
Los pasos dados por Trump, atacando a un Estado soberano, derrocando a su principal dirigente (con todas las dudas que pudiera haber sobre éste) y vulnerando todo el marco de la legalidad internacional, no deberían sorprender a nadie. Refuerzan la nueva doctrina de seguridad anunciada hace un mes por el presidente de EEUU y apuestan por la aplicación manu militari de una visión hegemonista basada en el poder económico global de Washington y su intervencionismo en cualquier punto del planeta.
Desde Nigeria a Irán, desde Venezuela a Groenlandia, no hay punto ya en la tierra que no pueda ser enarbolado Trump como nueva bandera de ese intervencionismo estadounidense, ya adelantado en 2025 con la cruzada arancelaria que incendió el comercio y la diplomacia globales, y que parapetó con la falsedad de haber parado al menos ocho conflictos internacionales.

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Además, Moscú se ha revelado como un hueso imposible de roer por la ignorancia de la Administración Trump sobre ese país, que no está dispuesto a creerse una de sola de las patrañas de la errática diplomacia estadounidense en torno a este conflicto. Un país que tiene el poder suficiente (sobre todo el nuclear) para mirar a EEUU a los ojos y hacer que el hegemonismo de Washington se lo piense dos veces a la hora de tratar con el Kremlin. Igual ocurre con China, el otro único Estado que ha plantado cara a la Casa Blanca y le ha hecho recalcular su ruta.

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Cuando a principios del pasado mes de diciembre, Trump proclamaba la nueva estrategia de seguridad nacional de EEUU, aún no se podía calibrar con certeza que la esencia de esta hoja de ruta sería seguir los pasos dados por Rusia al invadir Ucrania en febrero de 2022 o de Israel al lanzar su genocidio sobre Gaza en octubre de 2023, es decir, romper los últimos resquicios del multilateralismo y hacer del uso de la fuerza el motor de las relaciones internacionales.

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De nuevo, pues, la arbitrariedad como palanca de Trump para aplicar la estrategia de seguridad nacional estadounidense en cualquier lugar del planeta. Axios lo definió muy bien: “es improbable que Estados Unidos se quedara de brazos cruzados si otro país destituyera a un líder mundial en funciones en circunstancias similares, especialmente si ese líder estuviera ideológicamente alineado con Trump”.

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*Periodista y analista para Público.es en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar. Ha sido corresponsal de la Agencia EFE en Rusia, Japón, Corea del Sur y Uruguay, profesor universitario y cooperante en Bolivia, y analista periodístico en Cuba.