Trump busca salidas “honorables” a la guerra contra Irán

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Nubar Hainintz

Un mes después de ordenar la ofensiva bélica contra Irán,  el presidente estadounidense Donald Trump no ha doblegado a Teherán a pesar de sus alegados más de 10.000 objetivos alcanzados por sus bombas y de acabar con buena parte de su cúpula dirigente. Entre continuas contradicciones, busca a la desesperada una salida a una de las mayores crisis mundiales en lo que va de siglo.

Varios niños juegan junto a los restos de un misil iraní que cayó sobre un asentamiento israelí en Cisjordania

Mientras, el nuevo movimiento de tropas estadounidenses se produce a la par que Trump asegura que está negociando con Irán. El jueves por la tarde, Trump volvía a ampliar el plazo de su ultimátum energético: los ataques a las infraestructuras eléctricas del régimen quedaban postergados hasta el próximo 6 de abril a las ocho de la tarde. La situación actual amenaza con convertirse en un déjà vu cínico. La ofensiva de EEUU e Israel no logra aniquilar uno de los pilares militares de Teherán, que lanza proyectiles a diario. El ataque a la isla de Diego García en el Índico (donde Estados Unidos y el Reino Unido comparten una base militar) alertó sobre el alcance de su arsenal.

Hace un mes, el yerno del presidente, Jared Kushner, y el enviado especial Steve Witkoff, estaban en Suiza negociando con los iraníes sobre el programa nuclear, mientras los portaaviones Abraham Lincoln y Gerald Ford terminaban de tomar posiciones en el mar Arábigo.

Esta semana Irán rechazó la propuesta de Trump de 15 puntos para poner fin a la guerra y reivindicó su soberanía sobre Ormuz. Considera “excesivas” las demandas de Washington, mientras Israel cree que el diálogo fracasará, pero aumenta sus bombardeos por si genera un alto el fuego,  mientras los países mediadores tratan de conseguir, contra el reloj, una reunión entre los  adversarios..

Trump ha insistido estos días a sus colaboradores en la Casa Blanca que está listo para poner fin a su guerra, lanzada hace un mes junto a Israel contra Irán. Sigue diciendo que ese final llegará “pronto”, porque las cosas “van más rápido de lo previsto”, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró este viernes que sería “cuestión de semanas, no meses”. Pero Trump no parece tener claro cómo hacerlo.

Las encuestas siguen batiendo récords negativos de aprobación presidencial, y  la posibilidad de una nueva fase sobre el terreno ha empujado a algunos republicanos en el Congreso a trazar una línea roja en su apoyo al presidente. Los sondeos indican que sus simpatizantes más fieles, ese 30% del electorado que se define como republicanos MAGA (por el lema Make America Great Again), apoyan su gestión de la guerra, aunque algunos de sus líderes más carismáticos sigan echándole en cara que haya roto las promesas de centrarse en la agenda interior y parezca consumido por sus aventuras en el extranjero.

Esta nueva crisis a la que Washington ha sido nuevamente instigado por Israel y su supremacismo en Oriente Medio, y en la que Irán está mostrando una sorprendente resistencia y una temible habilidad para golpear a la economía internacional con sus contraataques en el Golfo Pérsico y el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, arteria vital para gran parte de los hidrocarburos que consume el planeta

La guerra contra Irán ha puesto contra el muro a las economías más fuertes y a las más débiles, con los vaticinios más oscuros si se alarga siquiera un mes más el conflicto, descosiendo las costuras de la OTAN, con insultos desaforados de Trump a sus aliados por no acompañarle en una aventura bélica desorganizada y complaciente con los intereses del hegemonismo israelí, las petroleras estadounidenses y los fabricantes de armas.Vista de un edificio residencial dañado por un ataque en Teherán.

Trump sumó -apenas en la primera semana de conflicto- una decena de justificaciones diferentes para lanzarse a una guerra de esas que prometió decenas de veces en la campaña que no empezaría. Después se tropezó con sus propias frases: por un lado, la guerra está ganada. y por el otro, que aún queda mucho por hacer en Irán para lograr desactivar la influencia de la República Islámica en la región.

Trump, que lleva décadas tratando de abonar su mitología de genio de la negociación, tampoco ha podido evitar que la falta de planificación y las dudas que han plagado su aproximación al conflicto en Oriente Próximo durante estas semanas hayan resucitado la etiqueta de TACO (siglas en inglés para “Trump siempre se acobarda”). Se acuñó hace un año para describir sus marchas atrás, en plena crisis por los aranceles impuestos a decenas de socios comerciales, recuerda el diairo español Público.

En junio de 2014, Barack Obama dijo: “Es más difícil acabar las guerras que empezarlas”. La suya, heredada, era entonces la de Afganistán. Y aún faltaban más de siete años para el día de finales de agosto de 2021 en el que Estados Unidos, con Joe Biden de comandante en jefe, se retiró del país centroasiático en mitad del caos.

Tumbas para víctimas de un ataque contra una escuela en Minab, Irán.
Tumbas para víctimas de un ataque contra una escuela en Minab, Irán.

En las primeras horas posteriores al ataque aéreo conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, Trump rompió un tabú para muchos presidentes: no descartaba poner botas estadounidenses en el terreno si fuera necesario. Un mes después de hacer esa afirmación, la posibilidad ya no es retórica, sino real: el Pentágono ha movilizado a la región dos unidades de marines MEU, con unos 2.200 efectivos cada una, y los paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada. No es lo mismo que enviar  tropas especializadas en ataques terrestres.

El plan original parece que era el siguiente: acabar con los líderes de la República Islámica de Irán y reducir a cenizas sus arsenales balísticos y reservas de uranio. Liberado, el pueblo iraní se levantaría contra los restos del régimen, instalando en el poder a un nuevo líder con quien EEUU e Israel pudieran negociar. Alcanzarían este objetivo en “dos o tres días”, aseguró Trump, a las pocas horas de iniciarse la contienda el pasado 28 de febrero.

Interlocutor nada fiable

El presidente estuvo un mes y medio lanzando mensajes contradictorios contra el régimen, mientras aprovechaba para ir construyendo el despliegue militar que después usaría para atacar a Irán el 28 de febrero. Los ayatolás tienen pocos incentivos para creer en Washington como interlocutor fiable. Teherán ha estado negando cualquier tipo de negociación, aunque rechazó el plan de paz presentado a través de Pakistán.

Un manifestante prende fuego a una imagen que muestra la foto policial del presidente estadounidense Donald Trump con la inscripción "Se busca".El enrocamiento de Irán en su posición vuelve a reflejar la asimetría del tablero: para los ayatolás, no perder es ya una victoria. En cambio, para Trump, todo lo que no sea una victoria explícita podrá ser ya leído como una derrota.

 Paradójicamente, Teherán ha visto cómo la guerra le ha reportado algunos beneficios estratégicos que de otro modo serían impensables. El bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, y los ataques a las refinerías del Golfo han generado tal estrés económico que Estados Unidos ha levantado temporalmente algunas sanciones al petróleo iraní.

Tal vez nada pruebe mejor ese divorcio que el hecho de que Trump haya decidido saltarse por primera vez en una década el ultraconservador Comité Político de Acción Conservadora (CPAC), que se celebra estos días en Texas, tras años de hacerlo a las afueras de Washington. Es la gran reunión anual del quién es quién del trumpismo, y -ante sorpresa de los anfitriones- en su jornada inaugural se escucharon el jueves las primeras críticas a la guerra en Irán.

El presidente de Estados Unidos tenía previsto este viernes otro plan: participar en un foro de inversión en Miami impulsado por el fondo soberano de Arabia Saudí y  mandó un mensaje a su red social, Truth, para recordar esa intervención. Lo hizo, una vez más, con una mezcla de argumentos: “Me dispongo a dar un gran discurso económico en Miami”, escribió. Y a continuación: “¡Nuestra operación militar va genial!”.

En las primeras horas posteriores al ataque aéreo conjunto contra Irán, Donald Trump rompió un tabú para muchos presidentes: no descartaba poner botas estadounidenses en el terreno si fuera necesario. Hoy ha movilizado a la región dos unidades de marines MEU, con unos 2.200 efectivos cada una, y los paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada. No es lo mismo enviar a Oriente Medio portaaviones y buques destructores, que enviar tropas especializadas en ataques terrestres.

Llegaron las primeras tropas de Estados Unidos a EuropaMike Prysner, veterano de la guerra de Irak y activista por la objeción de conciencia, es más directo: “Sinceramente, esto me recuerda mucho a la invasión de Irak”. Los últimos movimientos de tropas buscan preparar un despliegue. “No significa que una invasión terrestre sea inevitable, sino que es una contingencia real. El presidente ha dicho que quiere tener la opción de invadir, y el Pentágono lo ha preparado todo. Si él toma la decisión, pueden ejecutar una invasión de inmediato, con planificación y fuerzas ya posicionadas. No quiere decir que vaya a pasar; solo que han hecho enormes preparativos para que sea una opción disponible en cualquier momento”, señala.

El presidente estadounidense estuvo un mes y medio lanzando mensajes contradictorios contra el régimen, mientras aprovechaba para ir construyendo el despliegue militar que después usaría para atacar a Irán el 28 de febrero. Los ayatolás tienen pocos incentivos para creer en Washington como interlocutor fiable. Teherán ha estado negando cualquier tipo de negociación, aunque rechazó el plan de paz presentado a través de Pakistán.

El enrocamiento de Irán en su posición vuelve a reflejar la asimetría del tablero: para los ayatolás, no perder es ya una victoria. En cambio, para Trump, todo lo que no sea una victoria explícita podrá ser ya leído como una derrota .Paradójicamente, Teherán ha visto cómo la guerra le ha reportado algunos beneficios estratégicos que de otro modo serían impensables. El bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial.

*Analista internacional sobre temas de Medio Oriente, sediado en Beirut, colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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