The Prize: el poder del petróleo

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Leopoldo Puchi

El ataque militar estadounidense contra Venezuela no fue un hecho aislado ni una operación puntual. En las primeras horas del 3 de enero de 2026, el mundo fue testigo de un episodio que parece extraído de las páginas de The Prize: The Epic Quest for Oil, Money, and Power, el libro de Daniel Yergin sobre cómo el petróleo ha moldeado el destino de naciones, imperios y conflictos mundiales.

Desde la perspectiva de The Prize, lo ocurrido en Venezuela se inscribe en una historia de más de un siglo, en la que las grandes potencias han intervenido en otros países para tomar el control de los hidrocarburos, por encima de la soberanía nacional.

El ataque militar estadounidense contra Venezuela no fue un hecho aislado ni una operación puntual. Tal como lo han señalado las propias autoridades estadounidenses, la fase bélica formó parte de un plan escalonado que ahora avanza hacia un reordenamiento político y económico interno. Esta nueva etapa busca consolidar los objetivos estratégicos iniciales: la apropiación del “premio”, en el sentido estructural que define Yergin en The Prize.

Pero el “premio” no consiste en la simple apropiación del petróleo ni en el acceso inmediato a barriles de crudo barato, sino en algo más profundo: el control estratégico de las regiones y las condiciones que determinan su producción, transporte, precio y distribución a escala global.

Para Yergin, el petróleo es una fuente de poder porque influye de manera decisiva en la política internacional. No se trata solo de poseer el recurso para consumirlo, sino de ocupar una posición de dominio capaz de orientar las decisiones globales sobre su producción, circulación y uso.
En ese sentido, el “premio” es la capacidad de excluir rivales, incidir en la seguridad energética y en el equilibrio geopolítico mundial, mediante un control estructural que va más allá de la propiedad formal del petróleo.

Chris Wright

encuentro con el secretario de Energía de los Estados Unidos, Chris Wright, la presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez GómezSi las tesis de Yergin son correctas, la visita del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, a Venezuela no puede entenderse como una acción diplomática “para promover inversiones” ni como simple búsqueda de acceso a suministros petroleros. Responde a una lógica de posicionamiento estratégico, dirigida a colocar a Estados Unidos en el centro del control del petróleo venezolano. En ese sentido, puede decirse que Wright vino a Venezuela a exhibir “el premio” ante el mundo.

Donald Trump lo expresó con crudeza al afirmar que, sumando las reservas de ambos países, “entre los dos tenemos el 55%”. Más que un cálculo técnico, la frase revela una concepción de poder: integrar los recursos venezolanos al perímetro estratégico estadounidense y, en ese sentido, reclamar el “premio” del que habla Yergin.

Tratado

Para Venezuela, el dilema es existencial: aceptar un esquema de aumento de la producción bajo mandato externo, o preservar el control soberano aun a riesgo de prolongar las dificultades.

Los antecedentes históricos muestran que, en situaciones similares, esta contradicción no se resuelve de manera estable mediante una “anexión” impuesta por la superioridad militar, sino a través de una negociación capaz de derivar en un tratado de paz claro y explícito, que establezca formas de asociación sin vulnerar la soberanía nacional.

En última instancia, la cuestión política central es si el “premio” del que habla Daniel Yergin queda en manos de quienes imponen su voluntad mediante la fuerza militar —como Estados Unidos— o si naciones como Venezuela están en condiciones y dispuestas a sostener en el tiempo su soberanía.

El ataque militar del 3 de enero no zanjó esta cuestión. Por el contrario, abrió una herida histórica y sembró, en lo profundo de Venezuela, las raíces de un conflicto en el que soberanía nacional, poder y petróleo seguirán disputándose el destino del país.

* Politólogo y analista político venezolano. Cofundador del Movimiento al Socialismo, fue ministro de Trabajo