Socialismo descentralizado

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José Manuel Rodriguez

Desde el 2007 el gallo ha cantado 16 mil veces y dos traiciones a Chávez han ocurrido. La primera cuando el Comandante nos propuso conformar, sin prisa, pero sin pausa, con miles y miles de organizaciones comunales productivas, una nueva forma de economía, pero, sobre todo, una nueva geometría del poder territorial.

Con ambas cosas, imaginaba Chávez posible que, su socialismo del siglo XXI -en realidad el único socialismo de verdad, pues el del siglo XX defraudó a todos-, traspasaría la barrera del no retorno. Al Partido le pareció que tal cosa ponía en peligro su tutelaje, y lo derrotó.       

En síntesis, él imaginaba que, durante el tiempo necesario para el desarrollo y consolidación de la nueva forma de producción, 30 años decía, el Estado debía procurar la convivencia planificada de tres modos de producción:
1. El mercantil en manos empresariales, y apoyados en sus propios   esfuerzos.
2. El comunal, con todo el apoyo del Estado para asegurarle
la estabilidad y desarrollo a mediano plazo.
3. El estatal, limitado a las industrias y servicios estratégicos.
Pero iba más allá, convencido que la economía no es, en definitiva, el fin de la sociedad ideal, buscaba -y esto hay que tenerlo bien claro-, la profundización de la democracia, es decir, la primacía del colectivo, de la justicia y la equidad; cosa imposible sin socializar el poder.
Esta descentralización socialista, al contrario de la concepción neoliberal, pondría su énfasis en el poder colectivo: los consejos comunales, las comunas y las ciudades comunales. Ellas, siendo los tres escalones de ascenso a la democracia socialista, eran también poderes territoriales. Tres escalones, estratégicamente diseñados para alcanzar el podio socialista: la gran Asamblea Nacional Comunal como vértice de la pirámide del Estado y sin duda, máxima autoridad de la República. El ensamble democrático que va de los consejos comunales hasta esa gran Asamblea Nacional es incontestable, como lo es su poder político. Son los responsables, mancomunados, de la producción y el gobierno. Fue esa su gran herencia teórica.

La segunda traición a Chávez ocurrió luego de su muerte. Antes de eso le había pedido al ahora presidente: te encomiendo esto como te encomendaría mi vida, las comunas…