Sacudón: borraron la TISA

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Gabriel Estévez*- Miradas al Sur

Precipitada por una resolución del Plenario del Frente Amplio (FA) que el sábado recomendó –por 117 votos a 22– al Poder Ejecutivo abandonar las tratativas, la decisión presidencial desató elogios del mundo sindical y diatribas de la oposición conservadora y de las cámaras empresariales, que emitieron sendos pronunciamientos en forma de apocalípticos comunicados de prensa.

El TISA es un acuerdo global impulsado por Estados Unidos y la Unión Europea con el objetivo de liberalizar el comercio de servicios como el de las telecomunicaciones, el software, la propiedad intelectual y la energía. En América latina, los países que son parte de estas negociaciones ya tienen concretados Tratados de Libre Comercio (TLC), tanto con EE.UU. como con la UE; se trata de México, Chile, Perú, Colombia, Costa Rica y Panamá. No involucra a economías muy importantes de la región, como Argentina, Brasil y Venezuela. Tampoco están Ecuador ni Bolivia.

El Plenario Nacional del gobernante FA decidió que es “inconveniente que Uruguay continúe en negociaciones del TISA”. El tema generó otra vez una fractura entre jerarcas del Ejecutivo que defienden la participación en las negociaciones del acuerdo y la posición del partido, apenas unos días después de otra fuerte división por la declaración de esencialidad que impuso Vázquez para la enseñanza, a la que se opuso gran parte de la fuerza política, después de que la central unitaria de trabajadores PIT-CNT paralizara el país en contra de las políticas “antitrabajadores” de Vázquez.

En contra del acuerdo TISA se expresaron los sectores mayoritarios del FA: el Movimiento de Participación Popular (MPP), el Partido Comunista (PCU), la lista 711, el Partido Socialista (PS), el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), Casa Grande, la Corriente de Acción y Pensamiento – Libertas (CAP-L), la Liga Federal y la mayoría de las bases. Los sectores alineados al neoliberal ministro de Economía Danilo Astori se mostraron a favor de la participación del país en las negociaciones.

“A nosotros nos parece que lo que pasó el domingo, el fin de semana, no es bueno para Uruguay”, dijo el martes el canciller Rodolfo Nin Novoa.”Todas las preguntas que me puedan hacer sobre el TISA las voy a contestar en la interpelación que me van a hacer aquellos que están de acuerdo conmigo”, dijo, refiriéndose a la oposición de derecha, que apoya fervientemente las negociaciones.

Al igual que sucedió con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que se negoció en 2006 y nunca llegó a firmarse por la militante oposición de la central sindical PIT-CNT y las organizaciones populares, el TISA generó posiciones encontradas en el actual gabinete, donde varios ministros lo miraban con preocupación.

Nin insistió en la necesidad de mayor apertura comercial como uno de los “objetivos” del gobierno, que incluyen captar mayores inversiones de China, reforzar el comercio con países africanos, la Unión Europea y Rusia.

La actual coyuntura regional abre grandes interrogantes geopolíticas. El periódico La diaria señala que la situación cada vez más adversa de Brasil pone en cuestión la alianza estratégica diseñada por Dilma Rousseff y José Mujica en base a la idea de que Uruguay debía plegarse a la “locomotora” latinoamericana: “¿O acaso el barquito uruguayo debe intentar flotar en esos mares oceánicos e ir pescando donde se pueda?”.

En el frente interno, todo apunta a que el presidente hizo un enroque entre un beneficio hipotético (un acuerdo en ciernes con grandes resistencias dentro del oficialismo) y otro más bien necesario: generar las condiciones para que la ley de presupuesto sea votada sin grandes cambios ni giros copernicanos.

Mercosur es la plataforma de relacionamiento

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DANIEL CAGGIANI* | Desde nuestro punto de vista, Mercosur debe construir y sostener posiciones en común en materia de negociaciones multilaterales de comercio que afectan el desarrollo de nuestras economías. Salvo Paraguay, que también es parte del TISA, y Uruguay, que se incorporó recién este año luego de casi dos años de iniciadas las negociaciones, Mercosur no tenía una participación como bloque ni una discusión al respecto para confluir en una posición común sobre el tratado.

Esto no debe hacernos perder de vista que la estrategia de negociación en bloque del Mercosur con otros bloques, tiene que ser potenciada mucho más de lo que está en la actualidad, con el escenario económico global que estamos viviendo. Desde el Mercosur tenemos que plantearnos diferentes tipos de negociación y diálogo político, con bloques como los BRICS, con países del sur de África, con los países del Caribe y Centroamérica, etc.

Desde el Movimiento de Participación Popular (MPP) propusimos que Uruguay debe salirse del TISA, porque es incompatible con nuestro planteo de tener al Mercosur como plataforma de relacionamiento con el mundo. Esto es lo que establece el propio programa del Frente Amplio en materia de política internacional, que es lo que le propusimos a la ciudadanía y por el cual nos votó en octubre de 2014.

Reinventar el Mercosur

El punto central aquí es que el Mercosur debe reinventarse. Cuando se logró relanzar el Mercosur con Ouro Preto II, en el 2004, se generó una agenda que hoy–a diez años– está básicamente completa. En el aspecto de las asimetrías, las economías relativamente más pequeñas tienen un trato especial en lo que hace a recursos para infraestructura, a través del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur. Pero ahora debemos pasar a otro nivel que atienda específicamente el aspecto productivo y comercial, donde la discusión macro del patrón de acumulación se coloque en el plano regional y de allí se identifiquen etapas concretas de complementación productiva.

En los últimos años, Uruguay ha logrado diversificar los mercados, y esto no ha debilitado al Mercosur. El problema real radica en que, para las potencias del norte, somos proveedores de materias primas y, por lo tanto, competimos entre nosotros. Ese patrón de inserción en el mundo es el que debe ser modificado y ningún país lo puede realizar de manera aislada, ni Brasil.

En un contexto donde sobran los diagnósticos, casi siempre desde la óptica del poder económico y financiero dominantes, hay todo un campo de análisis mínimamente desarrollado. Se trata de hacer posibles las condiciones para reducir la dependencia externa, la consolidación de políticas de agregar valor a nuestra producción y la generación de cadenas de valor regionales. Este campo de análisis –y una agenda política de síntesis que debemos acordar las fuerzas progresistas y de izquierda– es el que debería guiar esta nueva etapa.

* Diputado uruguayo (MPP)