Revolución y contrarrevolución en la región

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JUAN GUAHÁN| Cuba y Venezuela, los procesos de transformación más avanzados de la región, atraviesan momentos muy complejos que se complican aún más tras la ausencia de sus líderes naturales.  La Revolución Cubana -que conmoviera las entraña de América Latina en la segunda mitad del siglo pasado- y la Revolución bolivariana -encabezada por Hugo Chávez desde hace 15 años- atraviesan momentos difíciles.chavez y fidel 2006Question Latinoamérica

En ambos casos los últimos tiempos registran que sus líderes naturales, Fidel Castro y Hugo Chávez, ya no dirigen los destinos de sus respectivos procesos de cambio.

En Cuba, si bien no ha desaparecido el riesgo de una invasión o ataque exterior y el inmoral bloqueo norteamericano continúa, se percibe que los mayores problemas no están allí. La falta de recursos se manifiesta en las débiles inversiones productivas. Sus importantes ingresos turísticos son insuficientes para sostener un modelo donde en materia de educación y salud marchan a la cabeza de América Latina, a pesar de la pobreza de sus recursos que tampoco les impidió una larga y generosa solidaridad con muchos pueblos de la región y del tercer mundo.

La ayuda prestada por años desde la Unión Soviética y luego cubierta por la solidaridad venezolana no es eterna ni puede cubrir todas las debilidades de su propia estructura productiva. La ausencia de Fidel contiene el trago amargo de no tener al frente a su líder histórico pero abre las puertas, tal vez con cierta tardanza, a los necesarios cambios generacionales. La conducción de su hermano -Raúl Castro- se encamina hacia nuevos caminos.

Ya ha manifestado que su actual y segundo mandato es el último y que otros deberán tomar esa posta. La fuerte centralidad del liderazgo de Fidel, exacerbada por los ataques imperiales y la necesidad de mantener y fortalecer la solitaria transformación que llevaba adelante, embretó a su economía y abrió el camino a minúsculas y múltiples actividades que se fueron desplegando al costado del estatal sistema legal. La administración iniciada por Raúl abrió el camino para que muchas de esas actividades fuera legalmente admitida y crecen por doquier pequeños emprendimientos privados, fundamentalmente en el área de los servicios y en aspectos de su producción agraria.

Esta novedad es un desafío al modelo profundamente estatista y al intento de igualdad social promovida por el socialismo instaurado desde décadas atrás. Queda por verse si ello contribuirá efectivamente a mejorar la calidad de vida de los cubanos y si podrá constituirse en un retroceso o avance hacia nuevas y mejores formas de organización social para la producción  de bienes y servicios.

En Venezuela el proceso de cambio es muchos más reciente y se ha hechoven maduro y raul dentro de los moldes del llamado sistema democrático con plena vigencia de los partidos políticos y del tradicional sistema electoral. Con la posibilidad de contar con valiosos recursos provenientes de la renta petrolera la lucha contra las peores expresiones del capitalismo ha sido constante. La instauración de nuevos y más sociales modos de producción, con fuerte presencia estatal, ha sido progresiva y sus resultados no siempre han sido satisfactorios. Los problemas de seguridad, corrupción –denunciadas por el gobierno del Presidente Maduro- y las dificultades para la autosuficiencia alimentaria son algunas de las continuidades del viejo capitalismo que aún no han podido ser erradicadas. Un claro límite a todo avance es que la mayor parte de la economía, salvo la petrolera PDVSA está en manos de grupos consolidados de empresas trasnacionalizadas.

En ambos casos (Cuba y Venezuela) se ha desarrollado una fuerte de toma de conciencia y politización del pueblo acerca de la necesidad de los cambios sociales y de una mayor justicia social, de independencia respecto de las políticas imperiales de los poderes dominantes, de una mayor unidad en la región y de una protagónica participación de sus pueblos.

Sin embargo algunas corrientes desarrolladas en el seno y la conducción de esos procesos plantean nuevas instancias de cambio. Consideran que aún no se han desarrollado plenamente todas las posibilidades de intervención del pueblo organizado en los aspectos sociales y políticos, limitadas por la propia acción de los actuales sistemas estatales. Sostienen que ese es el camino hacia una democracia revolucionaria de masas donde el protagonismo de los pueblos se constituya en el aspecto central de  la organización interna de las sociedades y de una política de unidad en la región.

Nuestra América busca su lugar en el mundo

Hace pocas semanas José Vicente Rangel, uno de los pocos venezolanos vivos File photo of F-35 fighter jets at Edwards Air Force Basede aquellos que –en la década de los 60- formaron parte de una generación que intentó cambios revolucionarios en ese país, hizo una impactante denuncia: Señalo que la oposición venezolana había comprado 18 aviones de guerra en los Estados Unidos. Los mismos se estacionarían en una base militar norteamericana (de cuya ubicación dio las coordenadas geográficas), en territorio colombiano en las proximidades de la frontera con Venezuela.

Algunos testimonios posteriores parecen avalar esa denuncia, según los mismos 6 de esos aviones, todos F 16, ya estarían en la mencionada base militar, motivando una serie de medidas de seguridad por parte de Venezuela que cuenta con una flota de aviones del mismo tipo. Al mismo tiempo Rangel denunció que el Instituto Nacional Demócrata (IND), ente financiado por el Congreso de los Estados Unidos, es el que promueve y paga las giras de los dirigentes de la oposición venezolana por países de la región.
Es obvia la gravedad de los hechos señalados. La pregunta del millón es ¿porqué? y ¿porqué ahora? estas situaciones se producen.

Es sabido que en las décadas de los 80 y los 90, durante el auge del neoliberalismo, las banderas del cambio y la transformación quedaron –en la región- en las manos solitarias de Cuba, sostenidas por Fidel Castro. Luego sería Venezuela, bajo la conducción de Hugo Chávez, quien  tomaría esas banderas y contribuiría a desplegarlas por toda la región.

Bajo el impulso de Fidel y la ejecución de Chávez surgieron el CELAC (Comunidad de Naciones Latinoamericanas y del Caribe), el ALBA y otras propuestas de integración y unidad. Todo ello tenía por destino darle una nueva configuración a la región. Fidel ya no gobierna y Cuba, sin abandonar sus convicciones, da prioridad a la búsqueda de soluciones a sus problemas internos. Chávez tampoco está y la revolución venezolana vive la difícil transición de un liderazgo carismático –como el de Chávez- hacia otro tipo de conducción. Eso acontece en medio de serias dificultades, como una inflación muy elevada y los corrosivos efectos de la corrupción denunciada por el Presidente Nicolás Maduro.

Ante esta confluencia de hechos desde el núcleo de poder imperial imaginan que ha llegado la hora de barrer con los avances producidos en las últimas décadas, frenar los procesos de cambio y reinstalar –bajo nuevos ropajes- las tradicionales políticas de sujeción al imperio.

Esto explica dos tipos de situaciones: Las planteadas desde el Imperio y las movidas de distintos gobernantes de la región. Las primeras ya han sido señaladas, en cuanto a las segundas vale la pena hacer algunas consideraciones sobre las mismas.

En las últimas semanas se han multiplicado los encuentros y reuniones de varios gobernantes de la región. Más allá de los diplomáticos comunicados lo que están buscando son nuevos acuerdos. Evidentemente se trata de encontrar los caminos para recorrer estos nuevos tiempos. Ante las particulares situaciones por las que transitan Venezuela y Cuba quien alza su voz con mayor consenso en la región sur del continente parece ser el ecuatoriano Rafael Correa, quien está dando un contenido más revolucionario a su discurso. ec correa 13

Una de las principales preocupaciones inmediatas es evitar que la denuncia hecha sobre la presencia de aviones al servicio de la oposición venezolana en Colombia tome cuerpo. Para ello resultaba imprescindible restablecer el diálogo entre Venezuela y Colombia. Después de un par de años donde un acuerdo entre ambos ocupaba un lugar importante, desde que Chávez no pudo ejercer el gobierno, el camino parecía revertirse y múltiples conflictos afloraban entre ambos países. Una mutua desconfianza estaba ocupando el lugar del acuerdo entre el Presidente colombiano y Hugo Chávez. Eso hizo pensar a muchos venezolanos que el objetivo real de dicho “diálogo” no había sido más que permitir que Colombia cobrara una parte importante de las deudas que diversas empresas venezolanas –mayoritariamente estatales- tenían con empresarios colombianos.

Calificados observadores de la evolución interna de los conflictos existentes evalúan que en la agenda de la reciente reunión entre Santos, el  Presidente colombiano, y nuestra Presidenta figuraba la conveniencia común de restablecer el diálogo entre Colombia  Venezuela. Lo cierto es que hace pocos días los presidentes de estos dos países se reunieron en zona fronteriza y al culminar la reunión Santos manifestó que Nicolás Maduro es un aliado para la paz en la región.