MCM quiere dialogar, pero Caracas y Washington no tienen apuro

Marcos Salgado

El regreso de la referente ultraderechista María Corina Machado a Venezuela volvió al debate político después de que el senador estadounidense Rick Scott dijera haber conversado por teléfono con ella este martes. Según Scott, Machado está preparada para volver de manera «pacífica y constructiva» y dispuesta a reunirse con quienes ejercen el poder, incluida la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.

MCM por su parte agradeció públicamente el respaldo de Scott y afirmó: «Estoy decidida a regresar a casa para estar al lado de nuestro pueblo y trabajar con todos los que estén listos para reconstruir nuestra nación». En su mensaje profusamente difundido por medios afines, también vinculó el futuro político venezolano con la celebración de elecciones presidenciales transparentes.

Con Delcy

Scott planteó que una eventual conversación podría incluir, además del gobierno encargado, a representantes de los sectores público y privado. Esa disposición a reunirse no era conocida hasta ahora. En la respuesta pública recogida por NTN24, Machado reiteró su intención de volver, pero no confirmó una reunión concreta con Delcy Rodríguez.

El senador dijo que había hablado con funcionarios de la administración estadounidense sobre el posible retorno de Machado y señaló que, según le indicaron, ella podría regresar, aunque no podían garantizar su seguridad. La dirigente permanece fuera de Venezuela y su equipo ha reportado varios intentos fallidos de retorno durante este año, aunque ninguno pudo ser verificado de forma independiente.

Estos últimos movimientos en el entorno de Machado y el sector del congreso estadounidense que la respalda parecen buscar un reingreso al juego político por parte de la ultraderechista radical. La tarea no es fácil, inmediatamente luego del ataque de EEUU en Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, quedó claro que MCM no es una ficha potable para la administración Trump.

Cuesta abajo

Machado permanece fuera de Venezuela desde diciembre pasado, cuando en el intento de capitalizar el Premio Nobel por la Paz desdibujó una parte importante de su capital político principal: la supuesta «clandestinidad» en Venezuela. Ese panorama cambió en virtud de la ley de Amnistía y los acuerdos entre el gobierno encargado y los representantes de la Asamblea Nacional 2015-2020 decenas de referentes de la oposición regresaron a Venezuela. De ahí, tal vez la urgencia de un retorno que le permita recuperar espacio. Si eso a esta altura todavía es posible.

En entrevista con Fox News, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, insistió en que la Venezuela controlada por la Casa Blanca necesita recuperar primero su economía. «Pero lo otro que tiene que suceder, y en lo que estamos realmente enfocados, es una transición democrática», aseguró.

Rubio dijo que el objetivo de Washington —además de controlar el petróleo de Venezuela— es que el país tenga «elecciones libres y justas». Dijo que su equipo trabaja «muy duro» con los exdiputados opositores para «crear las condiciones necesarias» lo más pronto posible.

En la misma línea, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, siguió en estos días -incluso luego del encuentro con Delcy Rodríguez en Nueva York- sin aventurar plazos electorales. Por el contrario, dejó claro que la prioridad de su Gobierno es «mantener el flujo de petróleo» y la «cordialidad» con el gobierno encargado.

Tiempo para todos

Lo cierto es que nadie -a excepción de Machado- parece demasiado apurado en elecciones. En Washington y en Caracas necesitan tiempo. La Casa Blanca, para fortalecer el nuevo esquema petrolero. Mientras tanto, en Miraflores necesitan tiempo para consolidar el gobierno encargado y terminar de administrar con éxito la grave situación por los terremotos en Caracas y La Guaira, dos de las zonas más densamente pobladas del país. También necesitan tiempo para construir candidaturas.

Todo mientras transcurren las elecciones de medio término en Estados Unidos y las presidenciales en Brasil, dos momentos claves en el devenir político inmediato en el continente.