Qué es la “Junta de la Paz” de Trump y por qué divide a la comunidad internacional

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ExtraNews Mundo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impulsa la creación de la denominada “Junta de la Paz”, una nueva organización internacional que, según la Casa Blanca, busca promover la estabilidad y resolver conflictos globales, pero que ya genera fuertes controversias entre aliados occidentales y organismos multilaterales.

Concebida inicialmente para supervisar la reconstrucción de Gaza tras dos años de guerra, la iniciativa ha ampliado rápidamente su alcance y ambición, hasta el punto de que el propio Trump sugirió que “podría reemplazar” a las Naciones Unidas.

La propuesta ha tenido una recepción desigual. Mientras varios aliados tradicionales de Washington muestran cautela o rechazo, Trump ha logrado atraer a monarquías de Medio Oriente, gobiernos autoritarios y líderes cuestionados internacionalmente, incluidos mandatarios señalados por presuntos crímenes de guerra. Entre los puntos más polémicos figura la exigencia de un pago de US$1.000 millones para acceder a una membresía permanente dentro del organismo.

¿Qué es la junta de Paz?

Según documentos internos la Junta de la Paz se define como una “organización internacional” destinada a fomentar la gobernanza, la estabilidad y la paz en regiones afectadas o amenazadas por conflictos. Aunque su origen está vinculado al plan estadounidense de alto el fuego para Gaza —respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU en noviembre—, el borrador de su carta constitutiva ya no menciona explícitamente al enclave palestino.

Trump presidiría la Junta de forma indefinida, incluso más allá de su segundo mandato, de acuerdo con el estatuto. Por debajo de él funcionaría una “Junta Ejecutiva fundadora” integrada por figuras cercanas al presidente, como su yerno Jared Kushner, el secretario de Estado Marco Rubio, el enviado especial Steve Witkoff y el ex primer ministro británico Tony Blair.

Hasta el momento, han aceptado la invitación países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Qatar, Bahréin, Pakistán, Turquía, Hungría, Marruecos, Kosovo, Argentina, Paraguay, Indonesia y Vietnam, así como estados de Asia Central como Kazajistán y Uzbekistán. Israel, encabezado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, también se ha sumado, pese a sus tensiones con algunos de los participantes y a la orden de arresto que pesa sobre él por parte de la Corte Penal Internacional.

Entre las adhesiones más controvertidas se encuentra la de Belarús, gobernada por Alexander Lukashenko, frecuentemente descrito por occidente como “el último dictador de Europa”. Trump reconoció la naturaleza polémica del grupo al afirmar;

“Tengo a algunas personas controvertidas en esto”, en alusión a la posible participación del presidente ruso, Vladimir Putin, quien habría sido invitado, aunque Moscú aún no ha confirmado oficialmente su aceptación, pero El líder de Rusia aún no ha confirmado su decisión, aunque ha sugerido usar activos rusos congelados en Estados Unidos para pagar la cuota de US$ 1.000 millones por un puesto permanente.

Por el contrario, países como Francia, Noruega e Italia han declinado o expresado serias reservas, señalando dudas sobre la compatibilidad de la Junta de la Paz con la ONU y posibles obstáculos constitucionales. Ucrania también ha rechazado la idea, al considerar inconcebible compartir un foro de este tipo con Rusia y Belarús.

Las críticas se concentran en la expansión del mandato del organismo, la presidencia indefinida de Trump y el riesgo de que la iniciativa debilite aún más el sistema multilateral vigente. Además, el requisito financiero para la membresía permanente ha sido señalado como un mecanismo vulnerable a la corrupción, pese a que Washington asegura que los fondos se destinarán a la reconstrucción de Gaza.

Funcionarios de la ONU han minimizado el impacto de la nueva junta. Tom Fletcher, jefe humanitario del organismo, afirmó: “Naciones Unidas no va a ninguna parte”, subrayando que la institución creada hace 80 años seguirá siendo el eje del orden internacional, incluso frente a las ambiciones de la nueva iniciativa impulsada desde la Casa Blanca.