Proyectos conjuntos Rusia-Cuba buscan aliviar asedio de EEUU
Moscú y La Habana están desarrollando e implementando varios proyectos conjuntos “prometedores” en los sectores de energía, agricultura y biofarmacéutica, confirmó el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov. El diplomático detalló que también hay iniciativas en marcha en metalurgia, transporte, biotecnología, tecnologías de la información y educación, en el marco de una alianza que Moscú considera estratégica.
El anuncio llega en un momento crítico para Cuba, que enfrenta una profunda crisis energética marcada por apagones prolongados por escasez extrema de combustible por el cerco impuesto por Estados Unidos. Naciones Unidas ha advertido que la situación humanitaria podría “empeorar, si no colapsar”, si la isla no logra asegurar sus necesidades mínimas de petróleo en los próximos meses.
Emergencia Nacional
Donald Trump declaró una “emergencia nacional” respecto a Cuba e impuso aranceles a países que suministren petróleo a la isla. Estas medidas han reducido drásticamente las importaciones de combustible y han presionado a socios tradicionales, como México y Venezuela, mientras Washington busca asfixiar los ingresos y la capacidad de maniobra del gobierno cubano.
A la presión externa se suma la salida de inversores extranjeros clave, como la compañía canadiense Sherritt, que suspendió sus operaciones en el país tras nuevas sanciones y dejó un vacío en sectores como la minería y la generación eléctrica. Analistas estiman que la retirada de esta y otras firmas puede haber restado hasta un 15% de la capacidad de generación de electricidad, agravando los apagones y la inestabilidad económica.
En respuesta, Cuba ha abierto aún más sus industrias al capital ruso, autorizando a empresas de ese país a gestionar instalaciones industriales y participar directamente en proyectos energéticos y de producción de alimentos. Para La Habana y Moscú, los proyectos conjuntos Rusia-Cuba representan no solo una tabla de salvación económica, sino también un mensaje político frente a la estrategia de máxima presión impulsada por Trump en la región.