Petrolero británico en Ushuaia desata reclamo por Malvinas

Pablo Rodríguez

El petrolero británico en Ushuaia VS Promise atracó en el muelle comercial de la capital de Tierra del Fuego tras operar en la terminal de Río Cullen, vinculada con la exportación de crudo de la Cuenca Marina Austral. La escala abrió una controversia política por su bandera británica y por las restricciones vigentes en la provincia ante la disputa de soberanía de Argentina con el Reino Unido por las islas Malvinas.

El VS Promise es un buque tanque de 228,6 metros de eslora, 32 metros de manga y capacidad aproximada para transportar más de 500.000 barriles de petróleo. La embarcación está registrada en la Isla de Man, dependencia de la Corona británica, y navegó desde la monoboya de Río Cullen hasta Ushuaia, donde permaneció alrededor de 14 horas antes de retomar ruta hacia la zona petrolera.

El carguero había realizado operaciones en Río Cullen hasta el 13 de agosto, una terminal empleada por el consorcio encabezado por TotalEnergies para el movimiento de hidrocarburos extraídos en la Cuenca Marina Austral. Datos de rastreo marítimo citados por medios locales ubican su amarre en Ushuaia el 24 de agosto, seguido de su salida por el canal Beagle.

Reclamo por la Ley Gaucho Rivero

El Gobierno fueguino, encabezado por Gustavo Melella, repudió la operación y solicitó explicaciones a la administración nacional por haber permitido el ingreso del navío. La provincia sostiene que la Ley 852, conocida como Ley Gaucho Rivero, prohíbe la permanencia, el amarre y el abastecimiento de buques de bandera británica en los puertos bajo jurisdicción fueguina.

La administración provincial atribuyó la autorización a la intervención nacional del puerto de Ushuaia, administrado por la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN). En contraste, el Gobierno de Javier Milei afirmó que la operación no implica una pérdida de soberanía y señaló que la maniobra debía contar también con autorización provincial por la jurisdicción de la monoboya de Río Cullen.

El episodio reactivó el debate entre la actividad petrolera, la administración del puerto y la política argentina sobre el Atlántico Sur. La presencia de un barco con pabellón británico en Ushuaia resulta incompatible con el reclamo argentino sobre Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y sus espacios marítimos circundantes.

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