El ciclo que se cierra con la aprobación al caballazo en el Senado de una delegación de facultades al Poder Ejecutivo en 27 temas, a pesar de que la Cámara de Diputados sólo había aprobado 20, revela la entraña autoritaria del fujimorismo y también hacia dónde va el país.

El antecedente institucional hay que señalarlo con claridad. En las reformas a la Constitución que hizo en el Congreso anterior, una coalición liderada por el fujimorismo, cometieron serios errores en diversos puntos, entre otros en el Senado. Diseñaron un Senado sin potestad para tener origen legislativo, o sea que NO puede proponer proyectos de ley. Sólo es cámara revisora de los que viene de Diputados y en el ejercicio de esta capacidad revisora sólo le toca corregir lo que ya está aprobado en la otra cámara y NO aprobar cosas nuevas.

Es más, no tomaron en cuenta un mecanismo que se ha usado con anterioridad en el bicameralismo peruano, que es la conferencia entre ambas cámaras. Esta consiste, en la búsqueda de un entendimiento para no llegar a situaciones como la que se ha visto esta semana. Se ha usado antes en el Perú y se usa en muchos otros lugares, pero creo que calcularon que tendrían mayoría y no querían conferencia alguna.

En el colmo de la desvergüenza, además, han publicado la autógrafa de ley que amplía las facultades como enviada al Poder Ejecutivo por el “Senado de la República”, cuando a quien toca enviarla es al “Congreso de la República” conformado por el Senado y la Cámara de Diputados. Según diversos especialistas solo esta prepotencia invalida todo el proceso.

Pero más allá de las trampas de hoy, el fujimorismo lo único que hace es reeditar lo que ya nos tiene acostumbrados: “la interpretación auténtica” de lo que le interesa para que sirva a sus objetivos de corto plazo. Lo hicieron en los noventa del siglo pasado, empezando por la aprobación fraudulenta de la Constitución de 1993, siguiendo con los fraudes electorales de 1995 y 2000, denunciados en su momento, y los múltiples intentos de reelección encubierta de Alberto Fujimori, contradiciendo ya entonces su propia Constitución, lo que llevó al movimiento anti-dictatorial que derrotó el tinglado que había organizado junto con Vladimiro Montesinos y a su huida del país en noviembre de 2000.

Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos

Los que creían que Keiko Fujimori habían cambiado y que ahora tendrían un nuevo discurso y buenas prácticas, se han equivocado de medio a medio. Para empezar, no toman en cuenta que a los tres meses de haber asumido como Presidenta de la República no ha pronunciado un solo discurso, ni dado declaración o entrevista, donde haya alguna idea sustantiva sobre lo que piensa hacer con el país. Sus declaraciones parecen, más bien, hechas con alguna inteligencia artificial de mala calidad. En otras palabras, además de todas las trampas, una incompetencia total.

Sin embargo, lo que debemos establecer es que este gobierno fujimorista no ha empezado el 28 de julio de 2026, cuando Keiko asume producto de una elección seriamente cuestionada, este gobierno comienza el 7 de diciembre de 2022, cuando por la vía de un contragolpe consumaron su propósito de echar a Pedro Castillo. Los presidentes títeres que gobernaron en el interín, fueron controlados por la llamada mafia congresal, también liderada por el fujimorismo.  Estamos pues prontos a terminar el cuarto año de gobierno fujimorista, un gobierno de extrema derecha al que no le interesa la ley, ni su propia Constitución. Esto ya se expresa en una caída de popularidad de más de 17% en los tres primeros meses de gobierno lo que es grave en cualquier ejercicio comparativo.

Empero, está firmemente apoyado por los llamados “poderes fácticos”, los grandes empresarios, las Fuerzas Armadas, el gobierno de los Estados Unidos y la mayoría de los medios de comunicación tradicionales, así como por los malandrines digitales que se han multiplicado últimamente en la región. Curiosamente, a todos estos intereses sí los atiende con premura, dejando en la cola a la abrumadora mayoría de peruanos.

El candidato secreto de Vladi y Keiko - ConNuestroPeru.com
Montesinos y Meiko Fujimori

Ante la incompetencia y carencia de planes serios para gobernar, ahora quieren asustar.  Aquí la clave es venderse como el gobierno de mano dura que pueda terminar con la ola criminal que azota el país. Para ello, no encuentra mejor estrategia que confundir, queriendo poner en un solo saco a los delincuentes de todo pelaje con lo que considera agitadores políticos e incluso terroristas. El grotesco espectáculo de aparecer con soldados con pasamontañas apunta en ese sentido.

En lo inmediato tratará de repartir bonos y diverso tipo de ayudas a individuos y empresas para enfrentar un Fenómeno del Niño que se anuncia muy bravo, aunque no tenga claro todavía cómo va a hacer llegar estas ayudas. De todas formas, los anuncios de reparto de fondo en un país pobre y muy pobre, despertarán la atención y quizás les permitan recuperar algunos puntos de su pérdida de popularidad. Pero felizmente Niño no habrá para siempre y volveremos al desnudo autoritarismo y favorecimiento de intereses muy particulares a los que nos tiene acostumbrados.

Frente a esta situación ojalá que la oposición parlamentaria de centro e izquierda afine sus tácticas para lidiar con quienes, como ya lo ha demostrado, son capaces de cualquier cosa. En estas condiciones, el movimiento social volverá a ser la gran institución de la democracia, que, ojalá también, permita que surjan instituciones que tengan la confianza de los peruanos.

Nota del editor: En el Perú y en otros países de América, este derivado de caballo significa “encontrón o golpe que da un jinete a otro o a alguno de a pie, echándole encima el caballo” (DRAE 2001); también, por extensión, ‘golpe que da una persona a otra saltando sobre ella’. En sentido figurado, caballazo significa ‘reprimenda áspera’ o ‘arbitrariedad violenta’. Es peculiarmente peruano el modismo al caballazo, que tiene el sentido de ‘con prepotencia’. Para recordar:  El 5 de abril de 1992 el entonces presidente Alberto Fujimori realizó el autogolpe, disolviendo el Congreso y suspendiendo la Constitución.

*Sociólogo peruano. Analista de Otra Mirada. . Fue embajador del Perú en Argentina desde el año 2011 hasta el 2012 durante el gobierno de Ollanta Humala y ministro de Educación en el gobierno de Alejandro Toledo.