¿No hay responsables?

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JOSÉ VICENTE RANGEL | A cualquier ser humano -con un mínimo de sensibilidad- seguramente lo afectarán las fotos de unos jóvenes esposados, detenidos durante las acciones violentas que se suceden en el país. Particularmente en los municipios Chacao, Sucre, Baruta. Protestas que no tienen nada que ver con el derecho a manifestar y que siempre culminan con actos vandálicos, como la quema de universidades, ataques a dependencias del Estado (ministerios, bancos, instalaciones de salud), colocación de trampas mortales donde han perdido la vida varios motorizados, actuación criminal de francotiradores, agresiones a propiedades privadas (supermercados, abastos, estacionamientos, unidades de transporte), todo lo cual obliga a la reflexión sobre la responsabilidad en lo que sucede. Hechos que mantienen en vilo a la ciudadanía y cuyos efectos en el exterior alimentan la conjura contra Venezuela.

2 Ante todo cabe señalar que estas manifestaciones carecieron, desde el primer momento, de asidero social. No tuvieron que ver con el desabastecimiento y la situación económica. Salvo en algún momento, los protagonistas se acordaron del tema, y entonces lo invocaron para cubrir las apariencias. Como recordamos, todo comenzó cuando el candidato perdedor en los comicios del 14/4/2013, Henrique Capriles, no reconoció la victoria de Nicolás Maduro. A partir de ese momento se desató una oleada de violencia en función del planteamiento de que Maduro era un presidente ilegítimo y que, por tanto, tenía que renunciar. El año 2014 se inició con una violencia sin precedentes que creció cuando los dirigentes optaron por extremarla en función del golpe continuado. El 12-F intentaron caotizar Caracas y se inició la nueva etapa del plan desestabilizador, urdido por la oposición y el gobierno de los EEUU: el golpe guarimbero.

3 Desde hace más de tres meses, Venezuela es objeto del impacto vandálico de ese subproducto fascista que es la guarimba. Un tipo de violencia que invoca la Constitución y, al mismo tiempo, insurge contra el marco legal. Violencia provocada por factores como la ultraderecha de la oposición; presencia colombiana (paramilitares y narcos), grupos económicos corruptos y agencias de inteligencia norteamericanas. Con la particularidad de que nadie asume la responsabilidad. El liderazgo opositor atiza la subversión, pero rehuye comprometerse públicamente. Todos los días convoca manifestaciones sin que los convocantes deslinden ante los excesos. Los guarimberos consuman asesinatos y lesiones graves a personas, pero los líderes miran a otro lado cuando el país reclama identificar a los culpables. La conspiración, pública y notoria, no tiene padres: quienes la promueven se hacen los locos. Los planes para derrocar el gobierno constitucional existen, y son ejecutados, pero los promotores se esfuman. Todo cuanto ocurre no tiene precedente: una conspiración sin conspiradores y una sociedad angustiada que tiene como respuesta a sus exigencias de paz, la ambigüedad o el silencio. Situación donde fracasa la justicia y triunfa la impunidad al no poder determinar la autoría intelectual y material de los delitos.

4 ¿Acaso nadie es responsable de las tropelías que a diario comenten, en plena calle -de día y de noche-, los guarimberos, de las que hay suficientes testimonios y registro en los medios? ¿O es que los guarimberos actúan por su propia cuenta? ¿Quiénes los proveen de armas, equipos, de la logística que les permite operar durante meses? ¿Es que todo se da por generación espontánea? Entonces habría que llegar a la ilógica conclusión de que los responsables de la insólita violencia que afecta al país son los estudiantes y los guarimberos. Y no puede ser, y, en efecto, no lo es. Porque los estudiantes -sólo un porcentaje mínimo participa- son utilizados como carne de cañón por quienes operan en la trastienda. Con los guarimberos igual: se trata de mercenarios, de aventureros, de paramilitares y narcotraficantes, que actúan como comandos. ¿Dónde están los verdaderos responsables? ¿Quiénes aportan dinero, suministran armas, sistemas de comunicación, transporte, captan voluntarios y conectan con los centros de poder, dentro y fuera del país? Lo medular del entramado, o para decirlo de otra manera, la mano que mueve la cuna, se desempeña con absoluta impunidad. En la penumbra, y ahí, precisamente, está la fortaleza del golpe permanente, continuado-o como se lo quiera llamar-. Por consiguiente, para acabar con su capacidad para reciclarse y su persistencia en el tiempo, hay que atacar la madriguera como pasa con la bestia. No existe otra manera.