Narco Rubio, terminal de Cerimedo

Jorge Elbaum 

La última semana, el senador boliviano Leonardo Roca, integrante de la bancada opositora del partido derechista de Tuto Quiroga, informó que una billetera virtual de Fernando Cerimedo presentaba movimientos por un total de 200 millones de dólares. El legislador, que logró acceder a los peritajes forenses del celular, detalló que esa billetera contenía un saldo, hasta el miércoles último, de unos nueve millones de dólares en criptoactivos. Para conocer el origen de esos recursos hay que describir el rol jugado por los tres actores ligados a Cerimedo, empleados de Narco Rubio.

La tríada de subordinados está conformada por Brad Parscale, Damian Melo y Javier Negre, todos ellos asociados a Cerimedo. La dimensión tecnológica de la guerra cognitiva –orientada a transformar el sentido común– y las operaciones destinadas a intervenir de forma desembozada en los procesos electorales de América Latina y el Caribe (ALyC) son comandadas por Brad Parscale. Este consultor republicano fue el encargado de gestionar en 2016 las operaciones de Cambridge Analytica dentro de Estados Unidos, en la campaña electoral que le permitió a Donald Trump acceder a su primera presidencia. En aquella ocasión, se utilizó la microsegmentación para intentar la manipulación de 220 millones de electores estadounidenses, mediante el modelo OCEAN, a partir del conocimiento meticuloso de cinco mil datos de cada persona. En 2014 y 2015, ese dispositivo fue utilizado en la campaña electoral en la que ganó Mauricio Macri. Cambridge Analytica se disolvió en 2018, cuando el escándalo por la filtración de datos volvió inservible la marca. Sin embargo, esa infraestructura tecnológica fue adquirida por un monto cercano a los 140 millones de dólares. La dirección de ambas empresas fue cedida a Parscale, bajo la orientación política de Steve Bannon. En marzo de 2025, Cerimedo fue designado representante exclusivo de ambas plataformas para su explotación en ALyC.

El segundo actor estelar es el argentino-estadounidense Damián Merlo, quien firmó con Cerimedo un documento certificado ante el Departamento de Justicia. Cerimedo había fundado en mayo de 2023, por sugerencia de Merlo, la consultora NUMEN. Tres meses después, la vinculó con LAAG, cuyo CEO es Merlo. El documento consigna a pie de la página 5 que Cerimedo registró su conformidad como “consejero principal de Javier Milei.” Merlo es un operador todoterreno de Narco Rubio. Se desempeñó en la Oficina de Intereses de Washington, en La Habana, convirtiéndose en un estrecho colaborador de Otto Reich, quien fuera subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental y embajador en Venezuela, donde se le acusa de orquestar el golpe contra Hugo Chávez en abril de 2002.

Merlo trabaja para la jefa de asesores de Rubio, Vivina Bovo; para Mauricio Claver-Carone, Ricardo Pita (asesor de Ted Cruz) y para el congresista Mario Díaz-Balart, beneficiado por el aporte de 45 millones de dólares de la Asociación Nacional del Rifle (ANR) para impedir regulaciones en la libre adquisición de armas. Gracias a esos estrechos vínculos —que también son sus financistas—, Merlo se convirtió en el introductor de Cerimedo en los despachos, fundaciones y think tanks donde se toman las decisiones injerencistas —tanto políticas como electorales— sobre el resto de ALyC.

El español Negre, el otro miembro de la tríada, adquirió el cien por ciento del paquete accionario luego de la detención de Cerimedo en Santa Cruz de la Sierra. Un mes antes, en julio, declaró en una entrevista radial ”debe haber una razón sociológica por la que los negros y los latinos delinquen más”. Los vínculos entre Negre y el argentino detenido en la sede de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen y Negre incluyen una sociedad en la plataforma UHN Plus, plataforma enfocada en desinformación contra Cuba y la persecución a grupos de izquierda en todo el mundo. UHN Plus produce The Right News Show, que se autopromociona como “el primer show hispano contra el comunismo y la cultura woke”.

Los antecedentes españoles de Negre incluyen una condena judicial por coaccionar a una víctima de maltrato e inventar una entrevista inexistente, hecho que generó su despido del diario El Mundo. Negre es la sección propagandística del tridente social de Cerimedo, comandado geopolíticamente por Rubio. El español aporta estridencia y pasaporte mediático para inflamar públicos. Ubica, prioritariamente, a los indignados por las crisis económicas y les inocula el odio contra los inmigrantes, los precarizados, los musulmanes, los mapuches, las feministas y todos los colectivos progresistas.

El menú genérico es el mismo que se servía en el ocaso de la República de Weimar: sembrar indignación y odio contra culpables visibles y detectarlos entre las víctimas de la miseria. Los mandatos del veneno reaccionario exigen, además, que se invisibilice a los verdaderos responsables, quienes están ubicados en lo más alto de la pirámide del capital. La tarea de Negre es doble: demonizar a los más vulnerables y al mismo tiempo imponer una agenda en la que no se nombre al uno por ciento más opulento. En esta arquitectura, Merlo abre despachos; Negre amplifica mediante pantallas; Parscale entrega bases de datos. Estos actores son monitoreados por Bannon y sustentados por Rubio. Despliegan la “batalla cultural” combinada con misiles, sanciones y aranceles: asesinatos en el Caribe, secuestro de un presidente, amenazas de invasión y un sitio genocida contra Cuba. Palos militares y zanahorias digitales.

El tridente desarrolla sus acciones con lógica de “meme”, noticia urgente, pánico moral o recomendaciones algorítmicas personalizadas. Esta segmentación individualizada tiene una cortesía siniestra: no grita lo mismo para todos. A cada usuario le sirve su pequeña catástrofe privada, con la temperatura exacta para que le parezca la confirmación de su intuición propia. El algoritmo no convence: acompaña hasta el precipicio. La campaña no pretende aglomeraciones ni plazas llenas. Promueve miles de pantallas aisladas. Sin embargo, esta personalización tiene una cortesía perversa: no grita lo mismo para todos. A cada usuario le convida su pequeña catástrofe privada, su veneno específico, guisado con la temperatura exacta para que parezca intuición propia. El algoritmo le habla a determinado individuo sobre inseguridad. A otro, de impuestos. A un tercero, de corrupción. A otro, de amenaza religiosa. Depende de la información con la que cuenta la IA. Cada miedo recibe su aviso, prolijamente segmentado y orientado a la búsqueda de culpables, siempre populares. La nueva derecha neofascista ya no quiere partidos políticos. Funciona como una red teledirigida desde el norte. Cerimedo es simplemente un fusible que será desechado. Pero los tentáculos de la tríada seguirán actuando, sobre todo, focalizados en las próximas campañas electorales de Brasil y Argentina. Mario Benmedetti lo escribió y Serrat lo cantó: “Con sus predicadores / sus gases que envenenan / su escuela de Chicago / sus dueños de la tierra / con sus trapos de lujo / y su pobre osamenta.”