Milei dejó su admiración por Thatcher y anunció que ahora defenderá Malvinas

Álvaro Verzi Rangel

El libertario presidente argentino Javier Milei se acordó de que las Islas Malvinas son argentinas y de que es su deber constitucional sostener el reclamo de soberanía. Solo le llevó 32 meses de su mandato. Hace poco, la selección argentina de fútbol, en pleno mundial y en el partido ante Inglaterra se lo recordó desplegando la sábana con la inscripción «Las Malvinas son argentinas»: ese es el sentir popular, ese es el recuerdo de tantos jóvenes masacrados en la Guerra de 1982, cuando Argentina era gobernada por una Junta Militar, tras el golpe de Estado.

Milei improvisó la cadena nacional luego de que Donald Trump expresara livianamente que podría “revisar” el respaldo de su país a la postura británica respecto de las islas Malvinas. Una declaración superficial de la que el gobierno se agarró para usar el tema políticamente después de casi tres años de desmalvinización. El viraje de Washington está lejos de responder al interés de los argentinos: utiliza la causa Malvinas como instrumento coercitivo para exigirle a Londres un incremento de su contribución a la OTAN y como represalia por el escaso acompañamiento británico a la ofensiva estadounidense contra Irán.Islas Malvinas

«Quiero ser claro con el mundo y expresar mi posición y la de nuestro Gobierno: las Malvinas son Argentinas. Por historia y por derecho. No hay discusión al respecto. Las islas formaron parte del territorio desde los orígenes de nuestra nación. En 1833, el Reino Unido las ocupó, expulsó a las autoridades argentinas e instaló una situación colonial que se perpetúa hasta nuestros días», arrancó, sin vueltas. «Al ser una población implantada en un territorio usurpado, no tienen derecho legítimo a la autodeterminación. Cualquier argumento basado en un referendum es inválido», agregó.

En este sentido, aseguró que Argentina sostuvo de manera ininterrumpida su reclamo de soberanía a lo largo de los años: «Porque como dice en la Constitución Nacional, en su primera clausula transitoria, la nación argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas». Milei advirtió sobre la explotación de recursos naturales en la zona de conflicto y apuntó contra el accionar de Londres. Recordó que «desde hace 50 años las Naciones Unidas solicitan a la Argentina y al Reino Unido no realizar acciones unilaterales sobre el territorio hasta que se resuelva la controversia», y denunció sin filtro que » ha incumplido sistemáticamente este llamado».

En esa línea, el mandatario precisó que el Gobierno detectó que el polémico proyecto Sea Lionestá a un paso de iniciar operaciones en la región durante los próximos meses. Según alertó el jefe de Estado, esta maniobra de extracción offshore le dará a la administración británica la «capacidad material de apropiarse de las reservas de petróleo que yacen bajo nuestro mar».

El Atlántico Sur

Estados Unidos necesita controlar el Atlántico Sur porque es clave para su operación naval y militar.  Milei puede ser muy amigo de Donald Trump, pero hay elecciones en Argentina dentro de 13 meses y el amigo puede ser otro. Estados Unidos lo sigue demostrando: no tiene aliados permanentes, sino intereses permanentes.

El alineamiento geopolítico sin matices de Milei con Estados Unidos lo llevó a un lugar impensado: la causa Malvinas. Después de casi tres años de esconder el tema, el Presidente, que se declaró fanático de Margaret Thatcher y reivindicó el derecho a la autodeterminación de una población implantada, se vio obligado a sobreactuar una agenda de defensa de la soberanía inexistente hasta ahora para la Casa Rosada.

Y ante la sorpresa general, incluidos sus seguidores, anunció el endurecimiento de las medidas para evitar la explotación ilegal de hidrocarburos en las islas, próxima a comenzar por la empresa israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration en la cuenca norte de las islas. Cabe resaltar que el marco normativo ya existe y que el gobierno desestimó en sus casi tres años de gestión. Además, dijo que avanzará con la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego en un predio estratégico que el gobierno puso en venta. El viraje da cuenta de la vergonzosa subordinación a la que arrastra al país.

Malvinas se convirtió para Milei en “la causa sagrada” recién cuando Donald Trump decidió usar la disputa como instrumento de presión sobre el Reino Unido. La bandera que desplegó la Selección Nacional en la semifinal del Mundial, luego de derrotar a Inglaterra y en medio de la discusión por la extranjerización de la tierra, dejó mal parado al presidente que hace de la entrega de las riqujezas y recursos del país el centro de su política exterior.

Javier Milei anunció este jueves que endurecerá las sanciones y penas para compañías que actúen en las Islas Malvinas
Javier Milei anunció este jueves que endurecerá las sanciones y penas para compañías que actúen en las Islas Malvinas

Obviamente, recuperar Malvinas no depende de una cadena nacional y un par de tuits del presidente, tras los continuos frracasos por casi medio siglo. Hace falta infraestructura, desarrollo nuclear, crecimiento poblacional, recuperación del aparato militar. Y el gobierno libertario a duras penas puede sostener un superávit. El alineamiento automático con Estados Unidos puede ser necesario en el mediano plazo, pero no va a alcanzar. Milei no va a recuperar Malvinas a los besos con Trump. De otra forma tampoco, señala el multimedia Perfil.

La cadena nacional de Milei este jueves fue una respuesta algo obvia y tardía. No es por el interés real de Milei y su gobierno en Malvinas, sino por preocupación sobre la propia supervivencia política, tras semanas de caída en las encuestas, 45 días después de que el reclamo de soberanía se reinstalara en la agenda por la bandera del Mundial, que sorprendió al oficialismo, fuera de juego: el propio Milei pidió no politizar el fútbol y mantener la cuestión por vías diplomáticas, inertes hace décadas, haciéndole el juego a Trump y los británicos.

Milei busca sobre todo cambiar de conversación, señala PerfilDesde que terminó el Mundial y empezó a precalentar la campaña para las próximas elecciones, el tema excluyente fue económico. Deuda, morosos, ingresos, la micro que no arranca, la macro que no alcanza. El oficialismo perdió la pelea discursiva en la materia: después de prometer los mejores 18 meses de la historia, sus periodistas militantes terminaron argumentando que está bien que un médico sea mesero o remisero para poder llegar a fin de mes.

Asediado por la caída en las encuestas y por la confirmación —salida de su propia boca— de que su programa económico “nunca funcionó”, un fallido que se le escuchó en el discurso que dio en el Foro de Madrid en Chile horas antes de grabar la cadena nacional, Milei encontró en las ambiguas palabras de Trump una oportunidad para recuperar la agenda y cambiar el tono confrontativo de las últimas dos semanas. Milei llamó a la dirigencia “política, económica y social” a mostrar un “frente unido” por Malvinas.

Los combatientes en Malvinas, siempre en el recuerdo popular

El recurso tiene un antecedente dramático para la historia argentina, recuerda Página12. La última dictadura militar también apeló a la causa Malvinas cuando el deterioro económico, la conflictividad y la pérdida de legitimidad arrinconaban al régimen. El dictador Leopoldo Fortunato Galtieri fue el último argentino en creer que Estados Unidos podría ayudar a la Argentina a recuperar las Malvinas. “Les pedimos a quienes son amigos de la Argentina que no miren para otro lado cuando se vulnera la soberanía y se llevan nuestros recursos”, imploró el libertario a su amigo Donald Trump.

La cadena nacional de 15 minutos no aportó grandes novedades. Toda la normativa anunciada ya existía. La base naval que prometió Milei en Ushuaia empezó a construirse en 2022 y quedó frenada por la obra pública cero que él mismo impuso. La novedad es que sería compartida con Estados Unidos, porque hay soberanías y soberanías. Las sanciones a empresas que participen del proyecto de explotación petrolera en Malvinas puede llegar a generar alguna reacción, pero parece difícil creer que derive en algún avance real en el reclamo.

Todo parece mucho menos creíble cuando se recuerda que el presidente se declaró fanático de Margaret Thatcher y que en su discurso del 2 de abril de 2025 aludió a la autodeterminación de los kelpers (pobladores de las Malvinas). “Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros”, dijo. El aumento en gasto militar, si se produce, será por material desactualizado de la propia OTAN. El gobierno argentino no protestó, o lo hizo poco y muy tarde, ante el inicio de las operaciones en Sea Lion y ante las incursiones británicas en Mar Argentino. El presidente ni siquiera habló del estrecho de Magallanes el jueves cuando fue a visitar a Kast en Chile.

Trump intenta plantar bandera en Malvinas

En concreto, el presidente anunció que endurecerá las sanciones “contra proyectos unilaterales que exploten recursos en las Malvinas”. La única novedad del tema es el supuesto cambio de postura de Estados Unidos, que no es tal. Donald Trump está presionando al Reino Unido para que aumente su gasto en defensa en la OTAN y lo apoye en la guerra con Irán. Y los británicos están negociando mientras intentan ganar tiempo. Listo, no hay mucho más. Que el republicano diga que está “pensando”, que está “todo sobre la mesa” es parte de esa negociación, no un cambio de política exterior real. Hay que ser incapaz o malintencionado para ilusionarse con eso.

Donald Trump busca replegarse de regiones donde el dominio estadounidense decayó y consolidar el control sobre la región que domina desde principios del siglo XX: el continente americano, de Alaska a Ushuaia y la Antártida. China se coló en su “patio trasero” mediante su poder de comercio mientras EEUU se embarraba en Irak y Afganistán. Ahora quiere recuperar terreno y expulsar al rival.

Mientras, un análisis publicado por The Mirror británico vuelve a poner el foco en la enorme diferencia de capacidades militares entre la Argentina y el Reino Unido y plantea qué ocurriría ante un eventual escenario de confrontación y  resalta la profunda brecha entre las capacidades defensivas y ofensivas de ambas naciones. Mientras que el Reino Unido figura de manera constante entre las diez principales potencias militares del mundo, Argentina se ubica en torno al puesto 50. Las islas cuentan hoy con una presencia cercana a los 2.000 efectivos británicos —una cifra proporcionalmente muy elevada frente al total de la población civil— compuesta por personal de la Real Fuerza Aérea, infantería, ingenieros y unidades de comunicaciones.

*Sociólogo  y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)