México hacia las elecciones: cartas echadas

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LEÓN BENDESKY | Ya iniciadas formalmente las campañas electorales para la Presidencia, puede decirse que para ser mexicano en estos tres meses hay que ser optimista. El proceso está abierto en un entorno institucional frágil, en cuyo centro está el mismo Instituto Federal Electoral. Además, eso se desprende de las propias declaraciones de los funcionarios del IFE, que advierten que existen zonas de inseguridad y vacíos legales que obstaculizan el proceso.

León Bendesky – La Jornada

Algunos de los focos de la inseguridad y los márgenes de la legalidad son bastante claros. Lo más probable es que otros ni siquiera afloren en los meses que restan para el primero de julio. A esto puede sumarse un ambiente político, tanto el manifiesto como el soterrado, que tampoco anima necesariamente el optimismo ciudadano.

Es éste un cambio de gobierno que, en principio, no ofrece muchas variaciones esenciales en cuanto a las costumbres estrictamente electorales y el uso de las influencias políticas y económicas y que tan bien arraigadas están en el país. La mayor diferencia, quizás, es que el PRI puede volver a gobernar y, a todas luces, con las añejas prácticas, la misma retórica y los más reconocibles personajes en los lugares prominentes.

En el caso del PAN no es esperable un cambio significativo en la plataforma con la que ha gobernado en los pasados 12 años y, sobre todo, en los últimos 6 años. De parte del ala izquierda, su candidato deberá superar una imagen que lo marca y que está también llena de prejuicios. En esta ocasión le va a ser más difícil trasmitir el mensaje y convencer, que en la elección de 2006.

Las cartas están echadas, pero ésta no es una partida de póquer y, además, habría que esperar que no aparezca Bat Masterson –al mismo tiempo sheriff y tahúr, acostumbrado a las hábiles jugarretas de traer ases bajo la manga. En todo caso la partida está ya en curso.

Los políticos, normalmente, tienen que ser optimistas, después de todo quieren liderar un gobierno, dejar marca en la sociedad, guiar el camino del país durante cierto periodo, como ocurre en los regímenes democráticos. El caso de Churchill, por ejemplo, fue exactamente el contrario, sin un horizonte de optimismo. En pleno auge bélico de la Alemania nazi fue nombrado primer ministro en mayo de 1940 y arengó a su nación sin poder ofrecer más que «sangre, sudor y lágrimas».

El optimismo puede, no obstante, dar lugar a un entusiasmo desbordado. Los debates y las propuestas fluirán ya de modo constante en las semanas por venir. Lo deseable es que sean claras por parte de quienes las hacen y se escuchen atentamente.

La norma de hacer declaraciones resonantes en asambleas arregladas y acarreadas provoca, usualmente, un derroche de promesas y pinta un panorama que en realidad no es asequible. Luego nadie se acuerda de lo que se dijo, ni el mismo que hizo los ofrecimientos. En este sistema la rendición de cuentas no es la carta política más fuerte en la mano de los ciudadanos.

La faena electoral ya empezó. Comento aquí una parte que tiene que ver con declaraciones acerca de la economía. Apenas al inicio de su campaña el candidato del PRI se ha comprometido a triplicar el crecimiento económico de México. Esta es un aseveración echa en un escenario más propio para el lucimiento que la reflexión.

La propuesta en sí misma no es reprochable, pero ¿será factible? Ya habrá oportunidad de aclararla, de plantear las bases sobre la que está hecha, de formular de modo preciso su contenido. Así, seguramente que atraerá la atención de los trabajadores, los empresarios de todo tamaño, los banqueros y los inversionistas.

Deberá contraponerse con las proyecciones que hoy existen sobre la capacidad de crecimiento del producto y del empleo como las del propio gobierno, los organismos internacionales o los bancos. Este es, sin duda, un asunto de interés para debatirse en el terreno académico en todas sus vertientes teóricas e ideológicas, sin favoritos de antemano y, así, exponer con ánimo abierto el esquema que hay detrás de tan ambicioso proyecto.

Si se ha hecho tal pronunciamiento sobre cómo crecer, al que no podrá renunciarse en sólo tres meses de campaña, es que ya habrá sido pensado en los grupos que trabajan en el área económica del equipo del candidato.

Ellos habrán identificado las bases para que tal crecimiento triplicado ocurra, como son, entre otros: la estructura productiva existente, las fuentes de financiamiento, las condiciones de los trabajadores (incluyendo necesariamente los que están en el mercado informal), los estímulos para la inversión, la situación de los mercados externos, la competencia internacional, la oferta de energéticos, las políticas públicas que serán aplicadas, la manera de allegarse recursos fiscales y de planear erogaciones que deberán dejar de dirigirse preferentemente al gasto corriente. En fin, ya se habrán fijado las bases para la elevación de la productividad general del sistema económico y la distribución de los beneficios que se conseguirán, si es que tendrá alguna relación con el bienestar.

Triplicar la tasa de crecimiento de la economía es un propósito política y técnicamente complejo en el periodo de gobierno que se avecina. Requerirá, sin duda, una transformación social muy profunda y con una participación mucho más activa de la población. Aunque claro está que se puede crecer sin reducir la exclusión y la desigualdad, aunque no sea de modo duradero. Pero ¿cuál será el proyecto en ciernes?