Marcos Salgado: menos ego y más vocación por la noticia, para salvar al periodismo
Compartimos la entrevista que Ernesto Navarro, periodista venezolano de extensa trayectoria, realizó en el programa El Sofá, en La Iguana TV a Marcos Salgado, periodista argentino radicado en Caracas, coeditor de Question. El -mal- momento de la profesión periodística en el centro de la charla.
Salgado cuenta que llegó a Venezuela de la mano de TeleSUR, cuando el proyecto apenas comenzaba y su creador y primer director general, Aram Aharonian, recorría el continente para sumar apoyos. El regreso de Hugo Chávez al poder tras el golpe de Estado de 2002 también le hizo mirar a Venezuela con otros ojos: entendió que allí estaba ocurriendo algo que valía la pena seguir de cerca, dejando atrás los prejuicios con los que muchos en América Latina observaban el proceso bolivariano.
Sobre el oficio, Salgado dice que el periodismo vive una crisis fuerte y que no es un problema exclusivo de Venezuela. Para él, buena parte del origen está en los grandes grupos empresariales que manejan medios y, a la vez, tienen intereses en otros negocios. Eso termina influyendo en qué se publica, qué se omite y cómo se cuenta. No le molesta que un medio tenga una línea editorial —de hecho, recuerda que todos la tienen—, sino que algunos pretendan venderse como neutrales u “objetivos” mientras esconden sus intereses políticos o económicos.
También cuestiona el efecto de las redes sociales sobre la información. Dice que plataformas como WhatsApp, X, Instagram, TikTok o YouTube han facilitado producir y difundir contenidos, pero también han multiplicado los rumores, las fake news y la presión por publicar primero, incluso sin verificar.
Finalmente, reflexiona sobre la posverdad y el papel cada vez más personalista de periodistas e influencers. Dice que muchas audiencias ya no siguen a alguien porque sea confiable, sino porque les dice aquello que quieren escuchar, aunque sea falso: “mentime que me gusta”. Reconoce que la tecnología democratizó la posibilidad de hacer periodismo y transmitir desde cualquier lugar con un teléfono, pero advierte que eso no basta si no hay rigor, contexto y responsabilidad. Su conclusión es que la profesión necesita recuperarse: menos obsesión por el ego, la inmediatez y el algoritmo, y más vocación por verificar, explicar y poner los hechos —no al periodista— en el centro.
– ¿Qué te trajo acá a este día de hoy? Hablo de la profesión, del periodismo.
– Bueno, a mí me trae a Venezuela TeleSur. Quien organizó TeleSur en lo operativo y fue su primer Director General, Aram Aharonian. Un maestro de periodistas latinoamericano, uruguayo. Un tipo que fue corresponsal en varios puntos de América Latina, que recaló en Venezuela en su momento y que después en el año 2005 funda TeleSur. Yo siempre cuento que a comienzos del 2005 Telesur era Aram con una carpetita bajo el brazo en el Foro Social Mundial en Porto Alegre.
– Tratando de convencer a la gente de la idea.
Ahí yo ya lo había conocido acá el año anterior en Caracas, pero ahí nos volvemos a ver y me cuenta lo de Telesur. Me acuerdo que yo en ese momento le dije buenísimo, qué linda idea que tenés, de fundar un canal internacional.
– ¿No te convenció mucho la cosa?
– No, me pareció una cosa formidable. Me pareció una cosa que había que hacer. Tener un canal internacional latinoamericano. Pero me parecía muy difícil, a muchos nos parecía muy difícil. Pero sin embargo, ahí Aram con sus cosas, su carpetita… y eso se fue transformando, con el apoyo decidido, político y monetario del comandante Hugo Chávez y de Fidel Castro, nada más ni nada menos. Así que comienza TeleSur ese mismo año 2005.
– Dijiste: «la cosa va en serio».
– La cosa va en serio y yo quiero estar ahí.
Porque también para muchos en América Latina había empezado a ser atractivo conocer qué era lo que estaba sucediendo en Venezuela a partir del golpe de Estado contra el Comandante Chávez. Muchos desde el prejuicio dijimos en América Latina, bueno, esto no se va a poder recuperar. Es un golpe de Estado y ya, como pasa siempre. Y dos días después, cuando retoma el comandante Chávez el poder, muchos empezamos a decir, «ah, bueno, parece que esto en Venezuela va en serio».
Y había que empezar a dejar de lado prejuicios y empezar a ver con más detenimiento qué era lo que estaba pasando. Y bueno, en parte eso terminan siendo las cosas que me hicieron venir para acá.
– Te vinculaste a TeleSur primero en Argentina, en Buenos Aires.
Con Aram. Yo llego a Caracas cuando todavía no estaba en vivo el canal. Las primeras transmisiones en vivo fueron más o menos para aquel del «No al Alca», el «Alca al Carajo» en Mar del Plata.
Al poco tiempo gana Evo Morales las elecciones, unas semanas después de ese «Alca al Carajo». Y bueno, ahí empezamos con TeleSUR.
– ¿Qué diferencias te ha parecido a ti, o si las tiene, el periodismo que se hace aquí en Venezuela de lo que viste en el resto de América Latina?
– Yo creo que estamos todos en general, la profesión está inmersa en una crisis. En una crisis, en mi opinión, profunda. Y que en todos los países caben las generales de la ley. La crisis es la misma. El periodismo enfrenta desafíos muy importantes, que algunos no son nuevos y otros sí. La primer gran afectación contra el periodismo, contra el ejercicio del periodismo, es en mi opinión la empresa periodística.
Es el momento en donde ya los medios de comunicación empiezan a extenderse a otras ramas, digamos, a otro tipo de medios de comunicación. Empiezan a aparecer los multimedios. O sea, un diario que además tenía una radio, que además tenía un canal de televisión, que además tenía un negocio.
Se extiende, aparece el multimedio. Y también aparece otro fenómeno, que es los medios en manos de empresas, no de empresas mediáticas solamente, sino de otro tipo de empresas.
– ¿De conglomerados?
De conglomerados de todo tipo. Entonces un empresario que tenía un medio, pero que además se quería quedar con tal empresa estatal o tal empresa privada, desde su medio de comunicación, empezaba a hacer campaña con noticias dirigidas a generar determinada situación. Por ejemplo, un caso muy paradigmático en la Argentina fue cuando el dueño de un multimedio se mete en el negocio de la administración privada de los aeropuertos.
¿Entonces qué hace? Desde sus medios de comunicación empieza a meter todos los días noticias de que los aeropuertos eran inseguros, etc. Genera esa matriz, ¿para qué? Para que después le cayera como una fruta madura en las manos la administración privada de los aeropuertos.
Bueno, eso lo podemos multiplicar en todos los países.
– No es nuevo eso de las noticias dirigidas.
– No es nuevo, claro que no es nuevo. Existió siempre. Pero la empresa periodística se construye sobre la base de asegurar que ellos son los portadores de la verdad. La dicen al lector, al usuario: «estamos contando todo lo que usted tiene que saber».
En definitiva, dicen: «Nosotros somos objetivos». Y siguen en eso. Todavía tantos años después, algunos medios de comunicación siguen en eso del falso discurso de la objetividad. Y devuelven el golpe diciéndole al periodismo de izquierda que ustedes no son objetivos, ustedes no son periodistas, ustedes son militantes.
Y en ese debate entran las redes sociales, las mal llamadas redes sociales, que en mi opinión contribuyen a este muy mal momento, por no decir casi agonía del periodismo. Todo lo que las redes sociales tienen de bueno para apoyar la labor periodística termina después jugando en contra y convirtiendo la actividad periodística en una fuente de noticias falsas, de desinformación, que no parece tener fin. Porque ahora además encima entramos con la IA.
– Ya eso, ya vamos a entrar más para allá, pero me interesa que vas a tocar ese tema, porque aquí en Venezuela, desde hace algún tiempo, se planteó ese debate entre el periodismo de derecha y de izquierda, ¿no? Y mientras los periodistas que estaban en empresas privadas, seguían o siguen con ese discurso de, nosotros contamos lo que usted quiere saber, la objetividad periodística, la verdad, el periodismo que hace la izquierda no es periodismo. ¿Hay un punto medio entre eso? ¿Puede haber un punto medio entre eso? Se ocultanque la empresa privada tiene sus intereses.
– Un periodista puede estar más de acuerdo o menos de acuerdo con la línea editorial del medio en el que trabaja. Pero lo que nunca se puede hacer es negar que la línea editorial existe. ¿Y qué significa la línea editorial? La línea editorial significa básicamente un cierto recorte de la realidad.
Es decir, todos los medios de comunicación necesariamente hacen un recorte. Deciden de esto vamos a hablar, de esto no. Entonces, este recorte de la realidad puede ser más grande, puede ser más pequeño. Pero lo que no puede pasar desde el punto de vista de la labor periodística es que en ese recorte que hiciste, en eso donde pusiste la luz, en eso donde pusiste el foco, mientas.
Si yo decido hablar de de una movilización equis por alguna razón, lo que no puedo decir como periodista es que la movilización fue multitudinaria si había cuatro personas. Pero hablo de eso porque sigue siendo importante en función de la línea editorial de mi medio, porque esas personas estaban ahí representando determinados valores o determinadas cuestiones que a mí como medio me interesan poner arriba la mesa.
Y hay medios que lo explicitan. TeleSUR, siempre lo explicitó. TeleSUR siempre dijo quer era una herramienta para la integración latinoamericana y a partir de ahí me van a interesar algunos temas más que otros. Lo que no hacen los medios de derecha es ese mismo proceso, es agarrar y decir bueno, sí, yo estoy para tal cosa.
Ya en tan tiempo del comandante Chávez, pero que se redobló especialmente durante los primeros años del gobierno del presidente Maduro, el Grupo de Diarios de las Américas, decidió que es un grupo de diarios clásicos, viejos, pero de grandes multimedios todos. Ahí está La Nación, El Mercurio, O Globo, por ejemplo.
Ellos decidieron, tomaron la decisión de que había que publicar una nota por día contra la Revolución Bolivariana. Eso es una decisión editorial. Ahora, vos no vas a escuchar nunca, o por lo menos no en aquel momento, que alguien explicite el por qué de la decisión. Jamás iban a admitir que publicaban una nota negativa por día contra Chávez porque querían tumbarlo.

– Eso no se confiesa.
– Claro. Entonces ese no explicitar sumado después al uso de las redes sociales hace, que el periodismo quede en una situación de extrema debilidad que debería servir para replantear, para los que ejercemos la labor periodística replanteemos esa situación. Y lo primero es sincerarse. Yo creo que lo primero es eso.
Basta de no asumir públicamente pero especialmente ante los usuarios de cada medio el para qué está este medio.
– Porque periodistas que toda la vida aquí en Venezuela hay varios ejemplos, salían en televisión porque era el medio más potente, hicieron nicho en la televisión, siempre se vendían periodistas con una reputación, compartían absolutamente los intereses de los dueños de los medios en donde estaban. Ese tipo que llegaba a ese nivel de popularidad tenía que estar conteste con la línea editorial absoluta del medio. Pero eso no se dice tampoco nunca. Hay periodistas que comparten más o menos la línea editorial del periódico pero usted puede que no la comparta del todo, pero el día que se sale la línea editorial lo votan. Es así de simple. Yo recuerdo con un ejemplo muy claro, un profesor de la universidad nos decía, allá en el Estado Sur, les voy a explicar con este ejemplo el asunto de la línea editorial y los intereses del medio. Ustedes nunca van a ver en el diario Panorama una nota que hable de una protesta de trabajadores de la empresa Hielo El Toro porque quieren mejores salarios. Porque el dueño de Panorama es dueño de Hielo El Toro. Simple, no va a salir esa nota ahí. Así te lo explica en dos platos, digamos. Sencillísimo.
– Ese es un muy buen ejemplo de este tema de la empresa periodística con intereses en otras ramas. Entonces, ahí es donde termina la publicidad, donde comienza la publicidad, donde comienza la noticia falsa para generar determinada situación empresarial.
– En alguna época hablaban de los public reportajes. Pero una nota hecha con la máscara de periodismo para vender un producto comercial.
– Sí, sí. A mí me parece que ese es uno de los primeros temas que los periodistas deberíamos sincerar. Hacernos cargo de que estamos trabajando en medios con los que podemos tener más o menos coincidencias, pero son medios que tienen una línea editorial.
– Ahora que lo mencionas, Marcos, te pregunto en tu opinión, ¿es una condena para un periodista entender de política? Porque me imagino que habrá algunos que van por la vida así… hay otros en este medio, otros en el otro. Pero cuando uno se empieza a cuestionar el tema de la línea editorial, los intereses, cómo se mueve el mundo político…
– Yo no diría que es una condena entender de política. Me parece que siempre lo mejor es poder contar con los elementos para tener un espíritu crítico. Lo que pasa es que los periodistas ahora, cuando te dedicas a este tipo de fuente con un espíritu crítico, terminás, como dice Fito Páez, atormentado de sentido. «Vivir atormentado de sentido creo que es la parte más pesada», dice Fito. Lo dice en «Al lado del camino». Que es una buena metáfora o una buena imagen en cuanto al lugar del periodista. Esa cosa de «me gusta estar al lado del camino fumando el humo mientras todo pasa». Ver lo que pasa.
Pero esa parte de estar atormentado de sentido, yo creo que para los periodistas, para el ejercicio de la actividad periodística, termina siendo desgastante. Porque es muy difícil. ¿Cómo hacés para decir «yo tengo espíritu crítico en esto, pero no tengo espíritu crítico en aquello»?
Tengo espíritu crítico a la hora de analizar la realidad política que me toca analizar pero no tengo espíritu crítico cuando viene un familiar y me viene con un problema familiar que tenemos que resolver. ¿Cómo hacés? O sea, ese espíritu crítico es bastante difícil sacárselo porque te constituye.
Yo no te digo la verdad, a veces me da un poquito de envidia, pero después se me pasa. Me da un poquito de envidia esa cosa de decir, bueno, ojalá pudiera entender como blanco o negro esta situación. Porque bueno, claro, hasta sería quizás un poquito tranquilizador, aunque bueno, por otro lado, también el entender las cosas blanco o negra son un primer gran elemento para que aparezcan los odiadores y las odiadoras.
– No tienen medias tintas.
– Pero bueno, me da un poquito de envidia, pero después se me pasa.
– Marcos, ya que lo mencionábamos con otro ejemplo mencionamos por ahí el Grupo de Diarios de las Américas, que iniciaron como medios impresos. Se acabó el periodismo impreso en este planeta.
– Yo creo que prácticamente sí, pero que también eso fue un poquito prematuro. Me parece que todavía quizás había espacio para seguir teniendo el diario en la mano. Quizás fue prematuro, en parte también porque en definitiva hay una parte de las sociedades que tienen acceso a internet. Que tienen teléfono inteligente, etcétera, con acceso a internet más o menos permanente. Y esa parte de la sociedad, ese sector de las sociedades, para hablar de Latinoamérica, es lo que se suele llamar la opinión pública. Lo que Gramsci llamaba la sociedad civil.
Ese sector de la sociedad que está bastante más cerca o influido por los centros de poder y que tiene la posibilidad de consumir productos. Pero no son todas las sociedades. No todo el mundo tiene acceso a internet.
Y si te pones a revisar las últimas victorias de la ultraderecha en América Latina, en Colombia, en Chile. Keiko Fujimori en Perú. Y si vamos más atrás, de Milei en Argentina para acá, tres años atrás, tenés casos donde muy concretamente aparece el tema de la IA, de las informaciones falsas, de las campañas falsas en redes sociales, en TikTok especialmente, en Instagram también. Y en X, la ex Twitter que se ha convertido en una cloaca y un reservorio de todo eso.
Pero eso es un elemento para tener en cuenta, porque eso está cruzando hoy por hoy la realidad política, porque determina elecciones. Determina que haya elecciones que se tuerzan o se vuelquen hacia uno o hacia otro.
– Y ha avanzado como ideas que la sociedad pensaba superadas. Gente que reivindique el nazismo, que reivindica, o los valores de esas ideologías que, por ejemplo, me llama la atención los resultados en Argentina de la primera elección de mi ley, y muchos de los chamos que votaron por primera vez lo votaron, votaron por un tipo que ofrecía destruir como todo el estado de bienestar que ha logrado la humanidad construida a lo largo de los años. Un chamo de 16 años que tiene legalmente el derecho de votar, pero que no sabe cuánto le costó a la humanidad, probablemente no sepa cuánto le costó a la humanidad llegar a tener días de vacaciones, educación gratuita, qué sé yo, salud pública, y votaron en contra de ese tipo, votaron a favor de un tipo que prometía destruir eso.
– No solo no saben eso, sino que aparte, los medios que consumen, las redes que consumen, no les muestran otra cosa. Vieron una vez un video de Milei que les pareció gracioso por ahí, porque el tipo tiene esa cosa patética que en algún punto puede llegar a ser graciosa.
Hay gente que le causa más gracia, otra menos, pero bueno, lo patético a veces es gracioso. Y vos fíjate como lo vieron una vez, lo vieron dos veces, y después el algoritmo le va a mostrar más de eso. El algoritmo no dice, a ver, si este ve cosas de Milei yo le voy a ofrecer también lo que dice el candidato del otro lado, porque le interesa la política.
Y eso se ha ido refinando cada vez más, es cada vez más evidente que en las grandes plataformas, YouTube, Instagram, TikTok, etc., el algoritmo beneficia a las derechas. Es así de simple. Hay que decirlo con todas las letras, es muy difícil instalar o hacer viral un contenido progresista. Y digo progresista en términos generales, no solamente político. Me refiero a un contenido inclusivo, en donde se respeten las minorías, etc. Eso es mucho más difícil que instalar un contenido de derechas. Eso también hay que asumirlo, porque te lleva a otro lado, que es cuál es el límite en el cual se puede construir otra sociedad desde estos sistemas, de estas redes.
Va a haber un punto que hay un lugar en donde deberíamos volver a la comunicación cara a cara, a otro tipo de construcción política.
– ¿Qué opinas como periodista de la afirmación que dice el principal activo de un periodista es la credibilidad? Hablando de la época de los fake news y la posverdad.
– Cada vez pasa menos la operación que tiene que hacer el usuario para decir «si yo enganché a éste mintiéndome una vez, no lo voy a ver más». Creo que eso pasa cada vez menos. Ahora con las redes sociales pasa menos. Porque ahí comienza otra cuestión que es el tema de la posverdad. Ya no es una cuestión de si el periodista es creíble o no, sino que yo lo sigo porque dice lo que a mí me gustaría que fuera verdad.
O porque dice lo que yo quiero pensar, lo que quiero creer. Entonces, ya no me importa descubrir al periodista ese que yo sigo en una mentira, si esa mentira me hace feliz, me arropa.
– Hace match conmigo.
– Claro. Entonces le creo y todos fingimos demencia. Yo creo que hay algo de eso porque si no se entiende, si no hay un mecanismo así, no se entiende cómo hay unos personajes en los medios y en las redes, medios/redes que no tienen la más mínima credibilidad y sin embargo están ahí.
La posverdad es el elemento que hay que analizar más en profundidad. Es mentime que me gusta. Mentime que yo voy a creerme esto. Es como la mujer víctima de violencia doméstica por parte de su marido, que la muele a palos, pero después la misma mujer dice cada vez que termina el episodio de violencia «él en realidad me quiere». Vamos a mentirnos que nos gusta. Vamos a consumir determinado producto sin ningún tipo de espíritu crítico solamente porque yo sé que este periodista me va a decir lo que yo quiero que sea verdad.
– Marcos, ahora que dices que el medio de comunicación/redes ha permeado a los medios con ese discurso de las redes que no se verifica, porque la televisión tiene un show, tiene un espectáculo que es visual, que hay que jugar con esos elementos. Recuerdo el programa de Walter Martínez que era un programa muy serio de análisis pero él nunca tenía eso, una luz por donde entraba, la pantalla daba vuelta, el tipo entraba y salía. Él jugaba con el show de la televisión, digamos. Pero ahora se ha permeado este discurso de las redes, este tipo de personajes que acaparan medios y redes con una cosa que ya no es el periodismo al que estábamos acostumbrados.
– Yo creo que ahí hay una cuestión que es central y es que los medios de comunicación han decidido utilizar las redes de forma impune, acrítica. «Estallaron las redes». «Lo dicen las redes», como si eso fuera un ente aparte, como si a las redes no le caben las generales de la ley en cuanto a quiénes las componen, quiénes son los que ponen contenidos ahí.
El medio hace lo mismo que en el grupo de WhatsApp del condominio. «Lo paso como me lo mandaron». Eso lo puede hacer mi vecina, pero un medio es otra cosa. Si alguien miente en el grupo del condominio diciendo que hubo un intento de robo y yo estoy mal porque creo que estamos muy inseguros, me lo creo.
Acá pasa lo mismo, pero los medios se supone que están compuestos por profesionales o por personas que han aprendido el oficio y que entonces son ellos los que deberían filtrar esas cosas. El límite donde termina la versión de redes y empieza la responsabilidad periodística. Eso lo tendrían a hacer los medios de comunicación. Pero los medios no solo no lo hacen, salvo honrosas excepciones, no lo hacen y contribuyen todavía más a esa confusión.
Fíjate lo que pasó hace poco en Argentina, ya que estamos en tiempos de campeonato mundial. Alguien dijo en redes que el padre Messi había fallecido. Y un medio de comunicación lo replicó. Porque se lo pasaron de un productor al otro y el que estaba al aire dijo miren lo que pasó, qué terrible. Eso pasa todo el tiempo. Todo el tiempo.
Dicen cosas sin verificar por decirlo primero, yo voy a salir primero que los demás. Inmediatez que es una tontería. Yo en todos los años que llevo de ejercicio periodístico nunca logré entender -y laburé en redacciones y en la calle y en diferentes funciones- nunca logré entender cuál era el apuro. ¿Por qué? El usuario, el oyente, o tiene dos televisores prendidos para comprobar quién lo dice primero.
Pero claro, como se metieron con el papá de una persona poderosa todo saltó por los aires, el programa que lo hizo se levantó, la conductora que estaba al aire la botaron del multimedio, etcétera, etcétera. Pero si uno lo ve con responsabilidad, va a ver que eso pasa todo el tiempo. Cuando son pobres los sujetos de la desinforlación, no importa.
Es un sistema. Es una cultura de la improvisación, del no verificar, del trabajo mal hecho.
– El decir por decir.
– Exactamente. Entonces cuando se transforma en cultura, se transforma en una forma de hacer las cosas, pasa esto.
– Ahora que decía eso haciendo la analogía con el grupo del condominio de lo pongo como me lo pasaron, yo le he visto en muchos medios que vean una nota de prensa y no le hacen nada. Yo vengo de una cultura periodística donde al medio llegaba una nota de prensa supongamos, del Ministerio del Deporte y el periodista de la redacción redactaba la nota tomando los elementos reales haciendo una nota del periódico. No ser la agencia divulgadora del organismo que le haya enviado la nota de prensa. Y ahora pasa mucho que dame eso y no tiene filtro, no tiene nada.
– Por eso te digo que se va constituyendo en un sistema. Es como lo que pasa cuando los accidentes aéreos están vinculados a problemas de empresas que tienen falta de mantenimiento, que tienen pilotos que no están capacitados, no lo estoy inventando, eso ha pasado. Es una cultura, esa empresa tiene una cultura de decir dale, no pasa nada, qué va a pasar.
– Pegale un tirro y seguimos.
– Hasta que un día pasa y se mueren un montón de gente.
– Marcos, hablamos de la verdad y se me ocurrió pensar en que en tu carrera profesional hubo un hito importante hace un par de años, aquí en Venezuela te concedieron el Premio Nacional de Periodismo que lleva el nombre de Simón Bolívar. Dos preguntas en uno, ¿qué significa el caso que viniste aquí hace un montón de años a trabajar aquí en Venezuela que te concedieran el premio? Y otro, si los premios silencian a los periodistas.
– A mí me concedieron el Premio Nacional de Periodismo en el área de fotografía por un trabajo, por la cobertura en general para la agencia Xinhua de cómo el COVID nos había cambiado en términos de relaciones personales, de sociedad, de cómo andábamos por la calle, tuve la suerte de cubrir eso en extenso y la suerte de no enfermarme en el medio. Desde que se declara la pandemia, empiezan las restricciones y llegamos a las primeras vacunaciones, pasó casi como un año. Más o menos. Durante ese año pudimos hacer ese trabajo.
A mí no me parece que el periodista se silencia si entra en la lógica del poder y se deja seducir por ese poder. Digo, el poder entendido como algún tipo de privilegio, algún tipo de prevenda. Y eso no es solamente desde la política, es especialmente y fundamentalmente desde lo empresarial.
Después está el tema de las redes, de nuevo. Cómo las redes alteran la función periodística. Y nos han llevado a la cosa de que el periodista cae en un lugar de «yo y la noticia». ¿No? Es un tema que también podría estudiarse más. Yo y la noticia. Es como cuando se muere alguien famoso y entonces en las redes sociales todos los que tienen fotos con él salen y ponen la foto con él. ¿Lo estás homenajeando a él o le estás diciendo al mundo que vos tenés una foto con él?
¿Cuál es tu razón principal para hacer esto? Bueno, entonces eso también funciona como el yo y la noticia. ¿No?
Y yo creo que es eso otra cuestión que le está haciendo mucho daño al periodismo. Porque, ahí volvemos al filósofo rosarino Fito Paéz, de estar al lado del camino. A veces hay un lugar que es ponerse al lado del camino y no es «yo estoy acá y ahí está el camino», no, es ahí está el camino.
– Yo estoy aquí para que ustedes ve vean en el camino. A mí me dio una lección de periodismo tuvimos la oportunidad en el Diario Panorama de contar con la presencia de Luis Cañón, un periodista colombiano que había dirigido El Espectador, autor de un libro. Cuando él me regaló una copia, era la edición 17, un libro sobre Pablo Escobar, investigación periodística muy importante, se llama El Patrón. estaba un grupo, nos estaban formando para escribir crónicas. Recuerdo que hice una y estaba escrita en primera persona. Venga acá don Ernesto. Dejé la primera persona para el día en que asalten un banco y usted está adentro del banco. Entonces no relate qué fue lo que pasó. Mientras tanto usted tiene que contar a la gente qué pasó, no qué ve usted qué pasó en ese momento.
– O dónde estaba yo cuando pasó.
– Entonces el periodismo tiene, yo siento que ha perdido mucho, se ha dejado permear por esa imagen del selfie. De aquí estoy yo en el sitio. Entonces esta forma que tienen los influencers que no te muestran Choroní sino te muestran el tipo en Choroní. Entonces tú no ves las bondades turísticas paradisíacas que tiene el lugar sino la foto del tipo en la playa. Yo creo que ahí hay un choque. Alguien me decía que bueno, que así como nos choca generacionalmente el tema del reggaetón, como que no estamos viendo venir el nuevo periodismo. ¿Vos cómo lo ves?
– Yo no reniego de todo lo que tiene que ver con las tecnologías. Me parece que hay una cuestión que sí es muy interesante que es cómo se ha abaratado la posibilidad de en nuestro caso concretamente de hacer periodismo. Se ha abaratado mucho. Antes una ventana de satélite para enviar 10 minutos de video para que en el canal lo ingesten y lo pasen valía 1.500 dólares. Y era un ratito nada más. Ahora eso por supuesto que es muchísimo más simple y directamente transmitía a cualquier lugar del mundo con el teléfono.
Eso no puede ser malo. Estructuralmente está bien porque además genera que haya más gente que tenga la posibilidad real de hacer contenidos. Lo que pasa que el problema de eso es que por supuesto eso también sirve para hacer mal contenido o para hacer contenido falso o para distribuir informaciones que son falsas.
Hay medios, pseudo medios les llamo yo, que son medios de redes que ni siquiera tienen un portal en internet.
– Una cuenta de Instagram por ejemplo.
– Una cuenta de Instagram, una cuenta de X que tienen hoy un rol importante en las redes generando confusión, generando zozobra muchas veces. Por ejemplo, la información esa que te decía el padre de Messi salió de ahí. O sea, el medio lo agarró el de uno, esos pseudo medios, sin chequearlo, lo ponen al aire. El tema es ese. Es hasta qué punto hasta qué punto la tecnología te sirve.
¿Sirve? ¿Es democratizadora? Sí, en principio sí. Pero si no cambiamos la lógica de trabajo o la lógica de poder no sirve.
– A propósito de eso recuerdo un dato. Yo leí un trabajo que hizo unos profesores de la UCV y decían como creo que era 2020, 2021. Habían detectado 712, creo, 715 noticias falsas durante el año. Sí. Seiscientas y tanto, o sea, casi el 90% salieron de WhatsApp. Eso, por eso cómo me lo pasaron. Y nadie confirme, entonces la gente me lo dijo. ¿Quién te contó eso? En WhatsApp lo están diciendo. No es una entidad, WhatsApp no es un ser humano, no es un tipo.
– Fíjate que antes de que aparecieran las redes lo que se podía decir ¿pero vos dónde escuchaste eso? Ah, lo dijo la radio. Por supuesto que la radio con intereses, con intereses editoriales, con empresa periodística, con la publicidad detrás, pero bueno, por lo menos vos tenías esa cosa de decir esto lo dice un medio identificable. Ahora eso ya no es así. Y ahí funciona, ya que vos traés lo de WhatsApp, yo insisto con ese tema, el WhatsApp es el emporio, es el paraíso de la posverdad. O sea, yo lo que leo ahí me lo creo y lo difundo porque lo quiero creer.
– Marcos, ¿ha cambiado el periodismo mundial con esta versión 2.0 de Donald Trump? Con esta segunda presidencia de Trump. Esta forma de ese gobierno de llevarse todo el mundo por el medio. Eso que te decía de la reivindicación de valores que la sociedad pensaba superados. ¿Eso también ha cambiado el periodismo?
– Ahí hay una pelea muy interesante que se da con el trumpismo y los medios tradicionales. Fíjate la pelea que tiene Trump con New York Times, con Washington Post.
– Los diarios tradicionales.
El de Washington Post es el del Watergate. De la época de que vamos a hacer una investigación y con esta investigación tumbamos un gobierno. Muchos han crecido también desde ese influjo, el de los grandes medios.
Hay una pelea, hay una tensión ahí con Trump. ¿Pero Trump qué hace? ¿De dónde se hace fuerte Trump? En los podcasts. En Youtube especialmente. Ahí es donde él va.
– ¿Los bypassea?
Y parte de la desesperación de esos medios está vinculada a eso porque el tipo logró eso, bypassearlos. Yo estoy más allá de lo que vos podés decir y tu influencia editorial es más relativa en un punto. Yo vengo de la época que en el diario de papel lo primero que tenías que hacer era leer la editorial. ¿No?
La editorial. Eso ya no existe. Yo creo que hay mucha gente que ni siquiera sabe lo que es. La editorial era el medio. Esta es la opinión del medio. No estaba firmada. Eso ya no existe. O sea, ese lugar ya prácticamente ha desaparecido a partir de estos nuevos formatos que van apareciendo. Y que bueno, por supuesto que todo es un espacio de disputa. Pero me parece que no sé si hay una vuelta atrás. No puede haber una vuelta atrás. Vamos a volver a los viejos medios.
Ya lo que hay que hacer es ver cómo arreglárselas con esto, cómo apechugarla pero también cómo se rescata la profesión. Porque la profesión del periodista debe ser rescatada de alguna manera. Tiene que ser casi que revivida. Que te pongan en electroshock.
– Era Earle Herrera, el que se robó el periodismo, que nos lo devuelva.
– La ventaja que tenemos los periodistas y que eso puede generar una cuestión de impunidad de la que hablábamos antes, es que podemos decir cualquier cosa, total no importa. Cuando un periodista dice algo que no es verdad no se muere nadie. Si un médico le erra, se le murió el paciente. Y encima ahora entramos en el mentime que me gusta. Yo puedo decir cualquier cosa, total tengo una audiencia que quiere escuchar eso. Mucho peor. Pero en definitiva la misma mala praxis.