Lula le advirtió a Donald Trump que no tolerará el “juego sucio”
Darío Pignotti
Elogió a Lionel Messi e ironizó al atacante Neymar, conocido simpatizante de Jair Bolsonaro. Tras el inicio de la Copa del Mundo, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se valió del fútbol como pretexto para enviar una serie de mensajes que no se limitaron a lo deportivo. Grabó un video con la camiseta del combinado brasileño y formuló declaraciones en Brasil y el exterior donde lo futbolístico y lo político aparecen uno al lado del otro.
En ese contexto le hizo una advertencia tajante a Donald Trump, uno de los anfitriones del campeonato con sede en Estados Unidos, México y Canadá. Le avisó que no tolerará el juego sucio, ya no en el Mundial, sino en las elecciones presidenciales del 4 octubre, cuando se disputará el partido trascendental para Brasil.
El jefe de la Casa Blanca recibió la advertencia de Lula, después de haberse entrometido explícitamente en la carrera electoral. Lo hizo en Francia, durante la reciente cumbre del G7, grupo que reúne a las potencias occidentales. Allí aseguró estar pronto para “jugar duro” contra el gobierno del Partido de los Trabajadores.
Antes de lanzar ese puntapié violento contra el petista, que está en busca de su reelección, Trump había recibido en Washington al candidato Flavio Bolsonaro, heredero político de su padre, Jair Bolsonaro. El expresidente está fuera de juego en estos comicios, dado que purga una condena de más de 27 años como autor intelectual de un intento de golpe de Estado.
Entre los objetivos del alzamiento cívico-militar de 2023, según se lee en la sentencia del Supremo Tribunal Federal, estaban los asesinatos de Lula y su vicepresidente, Geraldo Alckmin. La insurrección buscaba implantar un régimen autoritario con tintes de dictadura, siempre defendida por los Bolsonaros: Jair, Flavio y el hermano de éste, Eduardo, radicado en Texas.
Vestido con una camiseta de la selección, el aspirante presidencial Flavio Bolsonaro, volvió a burlarse la semana pasada de la sentencia del Supremo, a la cual definió como parte de una “narrativa falsa”. A mediados de 2025 su padre, Jair, con esa misma camiseta, había dicho pestes del juicio que acabó por condenarlo, en actos multitudinarios, realizados en San Pablo y Rio de Janeiro.
En una de las tantas concentraciones derechistas fue desplegada una bandera norteamericana de unos 200 metros de largo junto a pancartas convocando el apoyo norteamericano.
Diplomacia y fútbol

Rompiendo el protocolo, antes de comenzar una conferencia de prensa en la señorial embajada brasileña en Suiza, Lula se acercó a un grupo de reporteros para conocer sus expectativas sobre la performance del combinado nacional en la Copa. Para los periodistas así como para la mayoría de los brasileños el equipo comandado por el entrenador Carlo Ancelotti logrará pasar a la próxima fase, tras la goleada sobre Haití y el deslucido empate frente a Marruecos.
A Lula se lo notaba distendido, con ganas de hablar en la sede diplomática de Ginebra. Y sin que nadie se lo pregunte declaró que, si fuera por él, “contrataría” a Messi para jugar en Brasil. Inmediatamente surgieron las preguntas sobre su opinión acerca de la estrella de Argentina, la eterna rival de Brasil. A las cuales respondió con picardía, sin desmesuras nacionalistas. Luego pasó a los asuntos relacionados Cumbre del G7, que acababa de finalizar en Francia, y donde participó como convidado, dado que Brasil no integra ese foro.
La declaración sobre Messi fue lo que más rebotó en los medios brasileños y extranjeros. La otra respuesta de impacto fue sobre Trump, a quien le exigió que “no se meta” en las elecciones brasileñas. “Por mí que si él quiere, que siga gustando de Bolsonaro y de su hijo (…) pero que no afecte la soberanía” brasileña. El tono de la afirmación, y el gesto severo con que la expresó, indican si no una ruptura, una desavenencia seria con el líder republicano.
Según parece queda poco de aquella “química” surgida el año pasado entre el exmetalúrgico del cordón industrial de San Pablo, hincha del popular Corinthians, y el multimillonario del ramo inmobiliario, que ni siquiera estuvo en el partido inaugural del Mundial en su país. El distanciamiento entre ambos se había insinuado durante la reunión del
G7, cuando no se realizó esperada conversación sobre el nuevo aumento de aranceles decretado por Washington.
La primera elevación arancelaria había ocurrido en 2025. Fue decretada por Trump como forma de represalia contra el juzgamiento al cual era sometido el entonces acusado de golpe Jair Bolsonaro. El segundo “tarifazo” contra Brasil fue anunciado hace menos de un mes. Lula manifestó su enojo frente a ese aumento y sobre la clasificación como “narcoterroristas” de las principales organizaciones delictivas brasileñas, Comando Vermelho, de Rio de Janeiro, y Primer Comando de la Capital, de San Pablo.
“Home office”
De regreso a Brasil, después de su paso por Francia y Suiza, Lula retomó su agenda local y, una vez más, alternó en sus discursos lo político y lo futbolístico. En Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, el segundo colegio electoral más importante del país luego de San Pablo, visitó hospitales públicos.
Ya sin el traje y la corbata usados en Europa, ahora de camisa y zapatillas, Lula habló con el público. Conversando con un niño, que dijo ser simpatizante de Neymar, Lula habló, en tono jocoso, del número diez, convocado por Angelotti, que estuvo ausente de los dos primeros juegos del combinado debido a una lesión en la pantorrilla.
“Neymar es el primer futbolista home office convocado (en una selección) del mundo, a este paso vamos a tener una selección de inteligencia artificial con 11 Pelés”, bromeó. Después Lula volvió a la política, recordó el vaciamiento de los hospitales públicos durante el gobierno de Jair Bolsonaro, el presidente que recomendaba no vacunarse durante la pandemia del coronavirus que dejó más de 700 mil muertos.
Según un informe de la Universidad de San Pablo, la política bolsonarista frente a la pandemia es responsable de cerca de 300 mil fallecimientos evitables. La campaña negacionista, en la que Bolsonaro se paseaba sin barbijo, contó con el apoyo implícito del delantero de la selección y actualmente en el Santos. En los peores momentos de la dolencia Neymar organizó fiestas maratónicas en sus mansiones donde además de haber aglomeraciones los participantes, empezando por él, no utilizaban tapabocas.
Cada 4 años
El calendario electoral brasileño coincide con el calendario de la FIFA: cada cuatro años, cuando se juega la Copa, Brasil elige presidente.Las estadísticas no muestran una relación directa entre la actuación del seleccionado y el voto a favor del gobierno de turno.
La frustración del combinado en la final de 1998 frente a Francia no impidió que el entonces presidente, Fernando Henrique Cardoso, sea reelecto aquel año. Lo mismo se aplica a la eliminación del equipo nacional en la Copa organizada por Alemania en 2006, año en el cual Lula logró su reelección.
A pesar de estos datos duros, es imposible soslayar la influencia del desempeño de la “canarinha” en el humor de un país de más de 150 millones de electores y decenas de millones de “torcedores”. Es por eso que Lula, al igual que Flavio Bolsonaro, ya están en la cancha, cada uno jugando un partido aparte.
*Comunicador y periodista. Corresponsal de Página/12 en Brasil.