La pérdida de influencia

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ELEAZAR DÍAZ RANGEL| A los venezolanos nos está siendo familiar el nombre del general John Kelly. Él es jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de EEUU, que incluye sus bases militares en Colombia, Panamá, Curazao, cercanas a nuestro territorio, y la IV Flota, que después de activada uno nunca sabe por dónde anda.

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Pues bien, ese señor estuvo en la Cámara de Representantes donde les dijo que Estados Unidos ha perdido influencia en América Latina. 

El último hecho revelador fue la decisión del gobierno del presidente Correa de expulsar a 20 agregados militares estadounidenses. Les dijo que Ecuador le da la espalda a EEUU y prefiere mirar hacia Venezuela, Rusia o China. “Imagínense ustedes, que ese paisito se atreva a desafiarnos de esa manera y en cambio aliarse con Venezuela”, parece que les comentó.

Esa pérdida de influencia no es ninguna novedad. Basta con observar lo que ha ocurrido en América Latina y el Caribe con la formación de organismos como Celac, Unasur o Alba, y el reforzamiento de Mercosur, así como casi todas las elecciones, incluidas las de Costa Rica, donde el nuevo Presidente se atrevió a decir que no continuarán con la relación monogámica (con EEUU), lo cual no agradó nada en la Casa Blanca.

Uno de los primeros en darse cuenta de esos cambios fue el hoy presidente Obama, cuando era candidato. El 28 de junio de 2008 dijo que “la creciente influencia en América Latina del presidente venezolano Hugo Chávez no debe sorprender en Washington dada la baja asistencia económica que Estados Unidos dedica a la región”. eeuu obama y armas de asalto

Se equivocó cuando lo atribuyó todo a la deficiente cooperación económica; no vio, ni sus asesores se los mostraron, los cambios más trascendentes que se repetían en la región, no solo en las elecciones, sino también en los avances por la integración y unidad, en cuyos procesos fue determinante el presidente Hugo Chávez. No es casual que haya sido portada de la revista Time en más ocasiones que todos los demás presidentes venezolanos juntos.

Hace poco, según despacho desde Madrid, un estudio del Instituto Prospectiva Internacional (IPI), tras la muerte de Chávez, revelaba que la continuidad del chavismo “cuenta con el apoyo intenso y global de Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua, y con menos intensidad lo secundan Argentina, Brasil, El Salvador, Honduras y Uruguay. Mientras en Perú, México y Costa Rica se muestran neutrales, en Colombia es donde habría más rechazo”. 

Recientemente, también esa revista incluyó al presidente Nicolás Maduro entre los 100 personajes más influyentes del mundo, por la influencia que ejerce en América Latina y el Caribe. ¿Cómo se explica esa inclusión? Por supuesto, no es por simpatía de sus editores con el proceso bolivariano o con el propio Maduro. No faltará quien crea que la ministra Delcy Rodríguez lo logró mediante un generoso cheque verde. Quiéranlo o no, tendrán que admitir que su escogencia fue producto de una evaluación de la política exterior de Chávez, marcada por sus principios y acciones, por la independencia, así como por su visión y acción integracionista que han sido heredadas y continuadas por el presidente Maduro.

Esa realidad, lo que Kelly llama “pérdida de influencia”, y algo aún de mayor interés en EEUU como son nuestras reservas de petróleo, explican la política de Washington contra el Gobierno venezolano. A cada rato se le ven las intenciones. El miércoles, la subsecretaria de Estado adjunta para el hemisferio occidental, Roberta Jacobson, vocera de John Kerry, dijo que esperaban que el diálogo Gobierno-oposición diera resultados inmediatos, para coincidir con las posiciones de la MUD. Conscientes allá como aquí de que esa “demora” puede ser motivo para una ruptura, y así satisfacer las demandas de los radicales de oposición, enturbiar el clima político y alejar cualquier posibilidad de alcanzar una “relación positiva” entre ambos países.

A mi modesto parecer, esa eventual agudización de la situación política solo puede ser enfrentada eficazmente con una recuperación de la economía, el aumento de la producción y garantizar el abastecimiento, metas alcanzables según el ritmo de trabajo de las mesas con el sector empresarial.

Entretanto, por si las moscas, como dice la calle, de los variados mensajes del presidente Maduro el Día del Trabajador, extraigo este, que no tiene nada de improvisado, sustentado en informes de los servicios de inteligencia, cada vez más eficaces, y que se supone llegará a las bases del Psuv y de sus aliados, como una orden general ante el eventual desplazamiento de su gobierno: “Yo estoy seguro de qué haría la clase obrera y la Fuerza Armada si algún día quisiera el imperio imponer un régimen, los petroleros no producirían ni una gota de petróleo más, el pueblo decretaría una huelga general, tomarían Miraflores, sería el pueblo en armas”.