La industria bélica impone un mundo de guerras

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Sergio Ferrari

Las reglas de convivencia internacional se inclinan hoy ante el poder de las empresas fabricantes de armas, que sigue creciendo en beneficio de los Estados más belicosos. 

La coyuntura mundial danza al ritmo de la gran industria armamentista, la cual define sus propias leyes, impone sus ventas y coopta la política exterior de muchos Estados. El planeta escenifica en la actualidad unos 60 conflictos bélicos. De ellos, más de una decena de una particular explosividad y que, por otra parte, no podrían existir si detrás de ellos no estuvieran las multinacionales que producen y distribuyen equipamiento, armas, municiones y tecnología especializada. De Irán a Líbano, pasando por Sudán, Ucrania o la frontera afgana-pakistaní…

Cada día más armas

En el periodo 2021-2025, el flujo mundial de armas aumentó casi un 10 % en relación con el quinquenio precedente. Incremento que se corresponde, fundamentalmente, con las mayores transferencias hacia Europa, en particular Ucrania. Dentro de este escenario, el Viejo Mundo se consolida como el paraíso para la gran industria bélica al triplicar sus importaciones. Esta tendencia en aumento, según los analistas, se explica por la percepción de una mayor amenaza rusa, agravada por una mayor incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos con la defensa de sus aliados europeos, los miembros de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN).

La paz se confronta hoy a la potente industria armamentista liderada por multinacionales estadounidenses

Este mismo quinquenio, las exportaciones totales de Estados Unidos, que sigue siendo el mayor proveedor mundial de armamentos, aumentaron un 27 % a nivel global y un 217 % para reforzar el arsenal europeo, como lo documentó en marzo el Instituto Internacional de Investigación para la Paz (SIPRI), con sede en Estocolmo. Desde 1950 en adelante, el SIPRI ha sido la principal fuente de información sobre el volumen (no necesariamente el valor financiero) de las transferencias internacionales de armas (incluidas ventas, “donaciones” y producción bajo licencia) entre Estados, organizaciones internacionales y grupos no estatales.

Debido a que este volumen puede fluctuar significativamente de un año a otro, el SIPRI publica cifras quinquenales, asegurando así una medida más estable de las tendencias en juego. Entre 2021 y 2025, Estados Unidos originó el 42 % de las transferencias internacionales de armas (en 2016-2020 fue el 36 %). Exportó material bélico a 99 Estados: 35 en Europa, 18 en América Latina y el Caribe, 17 en África, 17 en Asia y Oceanía y 12 en Oriente Medio. Y por primera vez en dos décadas, la mayor parte de las exportaciones estadounidenses se dirigió a Europa (38 %) y no a Oriente Medio (33 %). No obstante, su principal destinatario fue Arabia Saudí, con el 12 %.

Según el SIPRI, Estados Unidos ha consolidado aún más su dominio como proveedor de armas en un mundo cada vez más multipolar. Su estudio actualizado a fines de 2025 alega que los importadores de armas estadounidenses las prefieren por su avanzada capacidad tecnológica y, además, porque contribuyen comercialmente a fomentar buenas relaciones con ese país. Como subraya el SIPRI, para Estados Unidos la exportación de armamento constituye “una herramienta de política exterior y una manera de fortalecer su industria armamentística, como vuelve a dejar claro la nueva Estrategia America First de Transferencias de Armas de la administración Trump”.

Realidad que se convierte en la principal clave de interpretación de la presión que, desde su primer día como presidente, Donald Trump ha ejercido sobre sus aliados de la OTAN para que aumenten significativamente sus propios presupuestos de defensa. Tras esta pulseada, y ya en el horizonte, nuevos y fructíferos negocios para las multinacionales estadounidenses de la industria bélica. En la actualidad, 39 de las top 100 multinacionales son norteamericanas (https://www.sipri.org/sites/default/files/AT%20Press%20Release%202026%20ESP.pdf).

Las otras potencias armamentistas

Las empresas de armamentos más grandes del mundo

El SIPRI clasifica a Francia como el segundo mayor proveedor de armas, con 9,8 % de las exportaciones mundiales, lo cual representa un incremento de 21 % el último lustro. Francia exportó armas a 63 Estados, y sus mayores mercados fueron India (24 %), Egipto (11 %) y Grecia (10 %). Por otra parte, sus envíos a países europeos aumentaron más de cinco veces.

Por su parte, Alemania superó a China, convirtiéndose en el cuarto mayor exportador de armas: 5,7 % del total mundial. Casi una cuarta parte de ese volumen se destinó a Ucrania.

Italia aumentó sus exportaciones de armamento un 157 %, escalando del décimo al sexto puesto. Más de la mitad de sus ventas se destinaron a Medio Oriente, un 16% a Asia y un 13% a Oceanía.

Israel, el séptimo mayor proveedor de armas, incrementó sus exportaciones de 3,1 % durante el periodo 2016–20 a 4,4 % el último quinquenio y, por primera vez, superó al Reino Unido (3,4 %). Aumento que se dio en paralelo con su guerra contra Gaza y sus ataques contra Irán, Líbano, Qatar, Siria y Yemen. La industria armamentística israelí para exportación se centra, principalmente, en sistemas de defensa aérea, de alta demanda mundial, mientras que su ejército continúa importando importantes cantidades de equipos y material.

Rusia es el único exportador de entre los 10 primeros con menores ventas que en años anteriores (-64 %). Sus principales compradores son India (48 %), China (13 %) y Bielorrusia (13 %).

 

Costos de la nueva guerra

 

Un artículo reciente del cotidiano español El País calcula, a partir de fuentes del Pentágono, que el costo de los primeros seis días de la guerra contra Irán ascendió a 11.300 millones de dólares. Y comenta que, al iniciar esta guerra, Estados Unidos, el país con mayor presupuesto militar del mundo (901.000 millones de dólares en 2026), ya tenía un déficit de fondos para la adquisición de munición. El servicio internacional alemán de difusión Deutsche Welle corrobora esta cifra, que cita del New York Times, y aclara que la misma “es todavía incompleta y promete ser aún mayor”. También el cotidiano británico The Guardian coincide con dicha cantidad, aunque la considera infravalorada debido a que no incluye los costos de despliegue ni de reemplazo de equipo militar dañado o destruido.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, en inglés), una organización independiente con sede en la ciudad de Washington y a la base de las estimaciones financieras recién mencionadas, publicó en marzo un análisis con cifras tan abultadas como alarmantes: durante las primeras 100 horas de su guerra contra Irán, es decir, en apenas cuatro días, Estados Unidos gastó al menos 3.700 millones de dólares. (https://www.csis.org/analysis/iran-war-cost-estimate-update-113-billion-day-6-165-billion-day-12).

Los grandes nombres de la producción y venta mundial de armamentos

Sin embargo, la estimación del Departamento de Guerra de Estados Unidos apunta a un nivel de gasto muy superior: casi 1.900 millones de dólares al día durante las primeras seis jornadas del conflicto. Otras fuentes citadas recientemente por el New York Times y el Washington Post creen que solo en los primeros dos días de guerra, incluidos los ataques contra la cúpula del poder iraní, se destinaron 5.600 millones de dólares en gastos militares.

Por otra parte, la Casa Blanca anunció el 19 de marzo que solicitará 200 mil millones de dólares adicionales para financiar la guerra en Irán. Argumenta que necesita reponer municiones y otros suministros que se han agotado por la ayuda prestada anteriormente a otros países. Ese día Donald Trump afirmaba que “este es un mundo muy volátil”. Y que quieren tener grandes cantidades de munición ya que sus reservan han disminuido por “darle tanto a Ucrania”. Según la cadena británica BBC el secretario de Defensa, Pete Hegseth, no confirmó directamente la cifra, pero afirmó [en referencia a Irán]: “Se necesita dinero para matar a los malos”.

También para Israel la guerra representa un costo considerable en medio de un conflicto de alta intensidad contra Irán al tiempo que mantiene la máxima presión militar contra Hezbolá en Líbano. Según el CSIS, sus operaciones contra Irán podrían costarle a Israel entre 200 y 700 millones de dólares diarios. Para la agencia suiza Heidi.News, gran parte de estos costos se corresponden con el empleo masivo de municiones de precisión de las operaciones aéreas con aviones F-35, F-15 o F-16 pero, sobre todo, con el sistema de defensa antimisil.

La guerra en Ucrania concentra miles de millones de dólares en gastos militares

Israel posee un sistema de defensa multicapa (Cúpula de Hierro, Honda de David, y Flecha) tan sofisticado como costoso, específicamente diseñado para interceptar cohetes, misiles balísticos y drones. Un misil interceptor puede costar varios cientos de miles de dólares, y aun más, como en el caso de los misiles balísticos. Cada vez que Irán lanza una andanada de drones y misiles, tan solo el costo en concepto de defensa aérea para Israel puede ascender rápidamente a decenas de millones de dólares diarios.

Armas y pobreza

Según el SIPRI, los ingresos procedentes de la venta de armas y servicios militares de las 100 mayores empresas de producción de armamento aumentaron un 5,9 % en 2024, alcanzando la cifra récord de 679.000 millones de dólares. Transacciones estimuladas, principalmente, por las guerras de Ucrania y Gaza, las tensiones geopolíticas globales y regionales y un gasto militar mundial en constante aumento.

Por su parte, la mayoría de las empresas estadounidenses en esta lista vieron crecer sus ganancias en un 3,8 %, aproximadamente 334.000 millones de dólares. Cinco de las seis empresas más importantes a nivel mundial son estadounidenses: Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman, General Dynamics y Boeing. (El cuarto lugar de este grupo lo ocupa la británica BAE System). (https://www.sipri.org/visualizations/2025/sipri-top-100-arms-producing-and-military-services-companies-world-2024).

Un informe de Naciones Unidas publicado en septiembre de 2025 señala que el gasto militar global en 2024 aumentó casi un 10% en relación con 2023, alcanzando la cifra récord de 2.700 millones de dólares, lo que equivale a 334 dólares por cada uno de los más de 8.000 millones de habitantes del planeta. En caso de mantenerse la tendencia, esta cantidad llegará a los 6.600 millones de dólares en 2035 (https://news.un.org/es/story/2025/09/1540413).

Según este mismo informe, con 93.000 millones de dólares, es decir, menos del 4 % de los 2.700 millones de dólares asignados al gasto militar, podría erradicarse el hambre hacia 2030. Con poco más del 10% de esta cantidad, podría vacunarse a todos los niños y las niñas del mundo, y con 5.000 millones se podría financiar doce años de educación de calidad para la niñez de los países de renta baja y media baja.

Como contracara de los superlativos ingresos de las multinacionales armamentistas aparece el rostro creciente de la marginalidad planetaria. Realidad que devela la ilógica de la civilización humana hoy, con una industria armamentista que se convierte en la principal beneficiada de la multiplicación de la guerra y la expansión de conflictos en todo el mundo. Los arsenales crecen a la par de las mechas de los detonantes en un camino donde la autodestrucción de la humanidad, resultante de una Tercera Guerra Mundial generalizada, deja de ser una imagen futurista de la ciencia ficción para convertirse en una posibilidad aterradoramente cercana.

 

*Periodista, investigador y analista argentino, radicado en SuizaColaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)