La fluidez de la política

86

José Vicente Rangel – Últimas Noticias

1
Una de ellas -para mí decisiva- es el desarrollo de la conciencia política de los venezolanos, atribuible a los ritmos que Hugo Chávez le imprimió al proceso venezolano. Negarlo constituye una expresión de mezquindad, porque sin duda que los elementos que introdujo el líder bolivariano en la política nacional, anclada en viejos criterios, anquilosada, distante del pueblo y vinculada a una noción burocrática de su ejercicio, fueron determinantes.

2
La participación popular como elemento clave del cambio, consagrada en la Constitución, le abrió la puerta de la política a los invisibles de siempre, a los que solo eran tomados en cuenta en las elecciones. ¿Cuántos eran? Millones que se convertirían, en el proceso que arranca en 1999, en ciudadanos; en gente que razona por su propia cuenta; que opina con propiedad, incluso en contra del chavismo, ¿acaso las múltiples protestas de corte reivindicativo que a diario se suscitan en el país, no son consecuencia directa de ese modelo que se entronizó en Venezuela? ¿Acaso el conocimiento de la Constitución que hoy tiene la ciudadanía no es revelador del avance extraordinario en el ejercicio de los derechos ciudadanos operado en el país?

Es posible afirmar hoy con propiedad que la democracia y el Estado de derecho en Venezuela tienen su fundamento, como nunca antes lo tuvieron, en el pueblo. Por la participación determinante de este. A lo que hay que agregar otros importantes logros que refuerzan esa realidad.

3
Escribo esto porque, lo confieso, no me preocupa lo que está pasando. Lo entiendo perfectamente. La reacción ante el desabastecimiento, la inflación, la inseguridad, la caída de la producción, el nefasto entramado burocrático que entraba la gestión oficial, repercute en un pueblo consciente de sus derechos y dispuesto a reclamar. Por ahora pacíficamente. ¿Por cuánto tiempo? Es lo que inquieta. No la algarabía de una oposición cuya dirección esta desconectada de los problemas y sin liderazgo y archidividida.VEN desabastecimiento

4
Las encuestas -serias o menos serias- coinciden en que el conjunto de la dirección política, la chavista y la de oposición, no está bien evaluado por la opinión pública. Un poco mejor la del Psuv y sus aliados, cierto, pero no como para sentirse en la gloria. La satisfacción que producen los magros porcentajes que suelen dar ventajas circunstanciales a un sector respecto a otro, y que luego cambian, no marca un rumbo definitivo. Confirma, sí, la volatilidad de la situación. Por lo que hacer cálculos electorales -o de otro orden-, basados en guarismos con precarias diferencias, o apostar con júbilo a sacar ventaja de los problemas internos del adversario, es incurrir en una ligereza.

Ejemplo: la crisis por la que hoy atraviesa la MUD tiene que ver con la situación específica de un cogollo dirigente, pero sería temerario imaginar que la oposición como un todo podría mermar su caudal electoral, cuando la verdad es que el soporte partidario de la Mesa no representa, ni remotamente, el potencial global de la oposición. A esta no la motivan liderazgos personales ni aparatos, sino el antichavismo. Igual pasa con las ilusiones que, reiteradamente, se forjan en la oposición -fundadas en superficiales y voluntaristas análisis- acerca de una inminente división del chavismo, como ocurrió con las expectativas forjadas en torno al reciente congreso del Psuv por algunos comentaristas y medios de comunicación. El evento se realizó y el movimiento salió fortalecido.

5
Lo cierto es que el país no come cuentos. La banalidad ya no se la traga un pueblo que adquirió un singular desarrollo político y un olfato que le refacilita escoger opciones. En el liderazgo, quienes no entiendan a lo que los ciudadanos aspiran, honestidad, eficiencia, capacidad, solución de problemas, serán desbordados. Sin discriminar entre los que son gobierno y los que son oposición. Es el signo que imprime esa fluidez de la política que a muchos sorprende -o no entienden- y le buscan explicaciones por las ramas. No sé por qué cuando todo está tan claro.