La escalada bélica en el Golfo Pérsico refuerza a Putin
La guerra de Irán acerca a Rusia y EEUU, impulsa la alianza energética entre Moscú y Pekín, atenaza a Ucrania y convierte al crudo ruso en la única opción para muchos países.
El bombardeo este sábado por Estados Unidos de la isla iraní de Jarg, epicentro del 90% de las exportaciones de crudo de Irán, evidencia la conversión de este conflicto bélico regional en una guerra energética global. En el caótico tablero creado en Oriente Medio por el presidente Donald Trump, Rusia recupera su papel como superpotencia en el ámbito de la producción y exportación de hidrocarburos, lo que supone también una bofetada a Europa en su intento de aislar al Kremlin por la invasión de Ucrania.
El golpe asestado a la mayor terminal logística de embarque de petróleo de Irán, aunque el Pentágono insiste en que bombardeó zonas militares de Jarg y no las factorías y muelles, supone una escalada bélica que arrostrará nuevas dificultades para el transporte de petróleo desde el Golfo Pérsico y avivará una posible debacle global por la drástica reducción de los suministros de hidrocarburos. El conflicto ha elevado un 37% el precio del crudo en este medio mes, hasta sobrepasar los cien dólares el barril y con una amenaza muy real de que este precio se dispare más
El alza de las sanciones a los petroleros rusos, clave en la guerra
Y en tales circunstancias es clave el paso dado por Trump esta semana al aligerar las sanciones estadounidenses que pesan sobre el sector petrolífero ruso, una medida que refuerza la extraña relación que la Casa Blanca tiene con el Kremlin desde que el presidente estadounidense llegó al poder en enero de 2025.
Para reducir el coste del crudo a nivel global, Trump decidió levantar duranteun mes la prohibición de importar el petróleo rusoque se encuentra en tránsito marítimo y que ahora podrá ser vendido internacionalmente. Tal decisión supone una bofetada a la Unión Europea, empeñada en aislar económicamente a Rusia por su invasión de Ucrania, aunque sin mucho éxito, dada la resiliencia impuesta a la economía rusa por el presidente Vladímir Putin.

La decisión de Trump refuerza esa economía de guerra rusa que ahora podrá vender su petróleo sin recurrir a argucias, como el uso de petroleros bajo otras banderas o la creación de una flota fantasma para su trasiego. Los petroleros rusos que se encontraban paralizados por las sanciones estadounidenses ahora levantadas tenían en sus bodegas cien millones de barriles de petróleo, según el Kremlin. La Casa Blanca eleva a 124 millones esos barriles de crudo ruso en tránsito marítimo.
La decisión de Trump, prevista hasta el 11 de abril, ayudará a superar las caídas de las exportaciones rusas de petróleo. Justo antes de que se desatara la guerra de Irán el 28 de febrero, tales exportaciones se habían desplomado a los peores niveles desde que comenzó la invasión de Ucrania hace cuatro años, con descensos el mes pasado de más de 410.000 barriles al día.
El comienzo de la guerra contra Irán cambió estas tornas. Y si las exportaciones de crudo y gas licuado estadounidenses se dispararon ante los parones de transporte desde el Golfo Pérsico, también Rusia recibió un impulso sustancial a su industria energética.
La necesidad del crudo ruso
Este sábado, el Kremlin dejó claro que la actual situación de crisis energética global beneficia a Rusia. “El mercado es muy grande y los interesados en adquirir petróleo ruso son muchos”, explicó el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov. El vocero del Kremlin recordó que, en estos momentos, “la infraestructura energética mundial no puede renunciar a la entrada de grandes volúmenes de petróleo ruso. Este crudo ruso es necesario” y ayudará a recuperar “una gran estabilidad. Así funciona la economía”, aseveró Peskov.

La orden de Trump era previsible. La semana pasada, el Departamento del Tesoro de EEUU permitió a la India acceder al crudo ruso localizado en petroleros por un periodo de un mes también. Ahora esta medida es global y, sobre todo, muestra sin pudor la mano que le tiende Trump a Putin.
Peskov fue más allá e incidió en un punto clave para explicar la calma rusa ante esta crisis. Moscú es un importante aliado de Teherán, con muchos lazos militares y económicos, que van desde el suministro de drones y misiles a Rusia para ser utilizados en Ucrania hasta la colaboración en espinosas esferas como la nuclear.
Que Moscú no haya ido más allá de la protesta formal contra los ataques combinados de EEUU e Israel contra Irán ha sorprendido mucho. Hasta que se observa la otra cara de la moneda: tal calma ha permitido ese levantamiento por Trump de algunas de las sanciones establecidas contra Rusia, que así se convierte en la salvadora de algunos de los países que han visto restringidos sus suministros desde el Golfo. Ello beneficia a Moscú, ayuda a economías a las que ronda EEUU, como India o incluso China, y anima a una relación, la establecida entre Trump y Putin, que puede ser muy beneficiosa en un futuro.
Los intereses rusos y los estadounidenses se cruzan
“En ese caso, nuestro interés coincide con el de los americanos”, afirmó Peskov sobre el levantamiento de sanciones a causa de una guerra que ha permitido a Rusia, por delante de cualquier otro país, beneficiarse de sus consecuencias económicas, relacionadas con el comercio de hidrocarburos. Cada día de guerra, la subida de los precios del crudo permite a Rusia hacerse con 150 millones de dólares.
Según el Financial Times, si el precio del petróleo Urals sube más de 70 dólares por barril, Rusia podría ingresar en marzo cerca de 5.000 millones de dólares. El alivio para el maltrecho déficit público ruso es evidente, sobre todo porque este petróleo liberado puede venderlo más caro que el que hasta ahora venía colocando a sus aliados chinos e indios.
El emisario del Kremlin para asuntos económicos y normalización de relaciones con EEUU, Kiril Dmitriev, fue también contundente: “La energía rusa es indispensable para mitigar la mayor crisis energética mundial”. Según Dmitriev, Washington “reconoce lo obvio: sin petróleo ruso el mercado energético mundial no puede mantenerse estable”.
Bruselas: la decisión de Trump, una afrenta a la seguridad europea
La medida anunciada por el Departamento del Tesoro estadounidense ha caído, sin embargo, como un jarro de agua fría en Europa. La Unión Europea ha rechazado tal levantamiento de sanciones, pues considera que “afecta a la seguridad en Europa”, indicó el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. Desestimaba Costa que la circulación de más crudo en el mercado energético internacional supondrá una mayor estabilización de los precios.

El canciller alemán,Friedrich Merz, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el G-7también han calificado de error este paso. Al contrario que Hungría, el país más cercano a Rusia en la UE. Su ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, se ha manifestado no solo a favor de suspender las sanciones al petróleo de Moscú, sino incluso de “permitir la entrada de los combustibles rusos al mercado europeo”.
La espina para la cúpula de poder europea es que Moscú obtiene beneficios para seguir atacando a Ucrania, una guerra que Bruselas ha hecho suya y que le importa más que la tormenta que se está desatando en Oriente Medio y que planeta unas perspectivas globales mucho peores que la invasión rusa del país vecino.
A la UE le preocupa especialmente que este espaldarazo de Trump a Rusia evidencie una realidad: que EEUU se ha desentendido prácticamente de la guerra de Ucrania y que solo le interesa que Moscú no obstaculice sus planes en otras partes del mundo, como Venezuela, Irán o Cuba en un futuro.
En la red social X, Costa volvió a repetir el mantra que entona la UE desde que comenzó la guerra de Ucrania: “El aumento de la presión económica sobre Rusia es decisivo a fin de que acepte una negociación seria para una paz justa y duradera” en Ucrania.
Esa paz implica para Ucrania y sus aliados europeos la salida de Rusia de todos los territorios ocupados, el pago de grandes indemnizaciones de guerra y la inclusión de Kiev en un sistema de seguridad occidental, sea la OTAN (incorporación a la que EEUU ha dicho ya que no) o en un nuevo ente creado a la sombra de la UE.
El primer problema a estas reclamaciones de la UE para Kiev es que Rusia va ganando la guerra, que se ha anexionado una quinta parte de Ucrania y que reclama más territorio para firmar un armisticio. El segundo problema es que la Casa Blanca da ya por hecha la partición ucraniana y que, si bien las empresas estadounidenses ganan dinero vendiendo armas a los países de la UE para que estos se las regalen a Ucrania, ese conflicto ya es un serio incordio para la política exterior de Trump. Con el alza de las sanciones petroleras a Rusia, el líder republicano avanza un paso hacia lacapitulación de Ucrania, al tiempo que da su espaldarazo a Moscú.
China, sin mayores daños, espera su oportunidad
Del incremento del tráfico de crudo ruso se beneficia también China. Tras la pérdida de la mayor parte del mercado europeo en respuesta a la invasión de Ucrania en febrero de 2022, Rusia se convirtió en uno de los mayores proveedores de gas y crudo de China. El levantamiento de las sanciones sobre el crudo ruso por EEUU no solo refuerza la alianza estratégica sino-rusa, sino que conforta a la economía chinaante los trágicos vaticinios formulados para el resto del planeta.
El que Pekín tampoco haya levantado excesivamente la voz en torno a esta crisis se explica por el equilibrio que quiere mantener con Washington, por ejemplo de cara a la visita que se espera que realice Trump a la capital china el 31 de octubre.

También por el hecho de que, de momento y pese a la guerra, Irán está exportando más petróleo a través del estrecho de Ormuz que antes del comienzo de la contienda debido al control estricto que ejerce sobre este paso marítimo. Los realmente afectados son los países exportadores árabes, más cercanos a EEUU. Su tránsito por Ormuz está prácticamente paralizado, al contrario que los petroleros chinos, libres de llegar a puertos del Golfo Pérsico, incluidos los iraníes, para cargar sus depósitos.