La Carta Social en la OEA es una quimera

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NICMER EVANS | Dos años después de la promesa por la cual fue electo Insulza como Secretario General de la OEA, éste no ha cumplido, la Carta Democrática sigue siendo la misma que dice ser el cimiento para la defensa de la democracia en América, pero la “democracia” que le conviene a EUA.

Nicmer N. Evans – evansnicmer.blogspot.com

Muchos cambios se han dado en nuestros pueblos en las últimas dos décadas en un avance sincero y pleno del concepto y práctica de la Democracia Participativa, cosa que irónicamente, apenas se asomó en Honduras, condenó a este país hermano a una de las más flagrantes violaciones de las decisiones populares en el mundo.

La defensa de la “Democracia Representativa”, permanentemente sirve de excusa para atacar a Cuba, Venezuela, Ecuador, y cuanta acción popular legítima pretenda impulsar la Democracia Participativa, y esto tiene una razón jurídica: todo el prólogo y los artículos 2 y 3 de la Carta Democrática, además del criterio de gobernabilidad establecido en el artículo 27, sin hacer mención a la Democracia Participativa, y a la gobernanza, dejan suficientemente claro que la OEA defiende un pensamiento único de concepción de Estado y de Gobierno liberal burgués, y limita la libertad de los pueblos a su autodeterminación.

La reciente aprobación de la Carta Social, propuesta por Venezuela hace 6 años, es simplemente una patada de ahogado de una estructura supuestamente multinacional que no termina de morir, pero agoniza, mientras nace una organización respetuosa de la diversidad, pluralidad y criterio de unión y respeto de la autodeterminación de los pueblo, la CELAC.

Es definitivamente la OEA, como dijo Fidel alguna vez, un Ministerio de colonias, que pretendió luchar contra el surgimiento de cualquier criterio de izquierda en el continente, sin darse cuenta que ahora la mayoría de los países miembros tienen su propio criterio de Estado, y diversos estilos de gobierno, que en claras acciones de rebeldía reniegan del tutelaje imperial.

La Carta Social y la Carta Democrática son esencialmente contradictorias, y esta situación anticipa la implosión que se desarrollo al interior del seno de la OEA. La Carta Social estable el desarrollo de condiciones de igualdad, que son imposibles de desarrollar en el marco de la Democracia Representativa. Sólo Cuba, en todo el continente garantiza condiciones de igualdad en lo social, y tímidamente pero con empeño, el resto de los países del ALBA pretenden emular esa condición, que caracteriza a la Democracia Sustantiva que ahí se desarrolla.

Esto plantea un dilema de fondo, ¿Es Democracia sólo el acto de votar cada 4, 5 o 6 años para escoger a tus representantes, o que el pueblo no muera de hambre, tenga salud, educación, vivienda y trabajo digno, además del derecho de formar parte de la decisión sobre su propio destino? La Carta Social logra un salto trascendente hacia la suma de una Democracia Sustantiva y Participativa, pero La Carta Democrática frena cualquier avance, ya que ésta es el anclaje de poder de los EUA para mantener controlado a un Chávez que enciende el pasto de la conciencia latinoamericana.

El destino de la Carta Social es ser una quimera dentro de la burocracia interamericana. Sólo el triunfo de Hugo Chávez el 7 de octubre y el reimpulso de la CELAC, la Unasur y la Alba, en el marco de una acción coordinada logrará que esta Carta Social se cumpla, pero ya no en dependencia de la OEA, sino de los pueblos americanos en pleno.

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