Junta de Paz o el genocidio como negocio del imperialismo corporativo
Álvaro Verzi Rangel
Con la presencia de jefes de Estado, de gobierno o altos funcionarios de medio centenar de países se efectuó en Washington la reunión inaugural de la Junta de Paz del presidente estadounidense Donald Trump, el organismo creado con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU para implementar el plan de colonización de la franja de Gaza urdido por el mandatario, y que ya se plantea remplazar a las propias Naciones Unidas.
El evento habría sido tomado como una parodia si no fuera por los estándares de espectáculo normalizados bajo el trumpismo. El anfitrión no tuvo una sola palabra para describir la situación en Gaza, la masacre que siguen perpetrando todos los días las tropas israelíes o los impedimentos a la entrada de ayuda humanitaria, aun cuando el presunto tema central de la reunión era reconstruir los hogares de dos millones de personas.
Trump dedicó casi toda su participación a hacer chistes, autoelogiarse y amenazar a Irán con ata
carlo si no se somete a todas sus exigencias en 10 días. Al final, de pasada, pintó un futuro idílico para el territorio palestino bajo la nueva fuerza de ocupación.
Más allá de su vacuidad del republicano, hay una distancia insalvable entre su visión y la realidad. De acuerdo con un cálculo conservador elaborado en octubre de 2025, se requieren al menos 70 mil millones de dólares para reconstruir los hospitales, escuelas, residencias, comercios, redes eléctricas y otra infraestructura básica arrasada por Israel en el transcurso del genocidio. Trump dijo que Estados Unidos aportará 10 mil millones de dólares y Kazajistán, Azerbaiyán, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Baréin, Qatar, Arabia Saudita, Uzbekistán y Kuwait pondrán otros siete mil millones, pero los fondos estadounidenses no irán a Gaza, sino a la junta.
No es extraño que los oradores no hayan hablado de cooperación ni de solidaridad, sino de inversiones. Y los inversionistas, por supuesto, sólo ponen dinero a cambio de beneficios o, como expresó uno de los oradores, “hay cientos de miles de millones de valor potencial por desbloquear”.
Obviamente, no existe certeza alguna sobre de dónde saldrá ese dinero. Los problemas no son sólo financieros: la práctica totalidad de los integrantes de la junta son violadores sistemáticos de derechos humanos y arrastran déficits democráticos considerables. La cancillería mexicana declinó la invitación a participar en el organismo, remarcando que Palestina no tiene un lugar en la mesa donde se decide su futuro.
Si a ello se añade que en la sesión inaugural se ovacionó al criminal de guerra y perpetrador confeso de limpieza étnica Benjamin Netanyahu, queda claro que el proyecto de Trump puede desencadenar cualquier escenario, excepto uno de paz. “Dado que la Junta de Paz no es una instancia estadunidense ni multilateral, sino un engendro diseñado para el enriquecimiento personal, familiar y faccioso de Donald Trump, así como para su autoglorificación, tiene pocas probabilidades de sobrevivir a su paso por la Casa Blanca”. señala La Jornada de México.

Aunque se dio a sí mismo la dirección vitalicia, el control de la agenda y el poder de veto, sus actuales compinches difícilmente le seguirán el juego cuando ya no sea el jefe de Estado de la nación más poderosa del mundo. Lamentablemente, en los tres años que restan puede causar un daño irreversible a millones de palestinos y otras víctimas de su imperialismo corporativo, añade.
En realidad, el trumpismo ha sido cínico en cuanto a la naturaleza mercantil de toda la aventura. Ayer, el yerno del mandatario, Jared Kushner, enfatizó: “hemos intentado estructurar esta reunión como una reunión de junta directiva, como hacemos en el sector privado, donde contamos con toda la preparación, reunimos a las personas adecuadas e informamos sobre nuestros desafíos, oportunidades y enfoques”. Por supuesto, el problema con una junta directiva es que no tiene ciudadanos, sino clientes, y no responde a las personas afectadas por sus decisiones, sino a los accionistas.
“Dado que la Junta de Paz no es una instancia estadunidense ni multilateral, sino un engendro diseñado para el enriquecimiento personal, familiar y faccioso de Donald Trump, así como para su autoglorificación, tiene pocas probabilidades de sobrevivir a su paso por la Casa Blanca”, señala un editorial del diario mexicano La Jornada.
Aunque el magnate se dio a sí mismo la dirección vitalicia, el control de la agenda y el poder de veto, sus actuales compinches difícilmente le seguirán el juego cuando ya no sea el jefe de Estado de la nación más poderosa del mundo. Lamentablemente, en los tres años que restan a su mandato puede causar un daño irreversible a millones de palestinos y otras víctimas de su imperialismo corporativo, añade.
El equipo de Trump

El enviado especial Steve Witkoff y el yerno de Donald Trump, Jared Kushner, se han convertido en un tándem habitual en la escena internacional, que consiguió cerrar el acuerdo del alto el fuego en Gaza–que Israel ha seguido rompiendo permanentemente– y ahora está en Ginebra liderando tanto las conversaciones sobre el acuerdo nuclear con Irán como las de la tregua en Ucrania.
La falta de ortodoxia en la diplomacia de Trump, marcada por bombardeos y amenazas militares, ha hecho que las figuras de Witkoff y Kushner sean leídas como convencionales. En poco más de un año, Witkoff y Kushner han tomado las riendas de la diplomacia estadounidense. Obviamente, ninguno es diplomático de carrera: Witkoff es un magnate inmobiliario de Nueva York, cuya amistad con el presidente se remonta a los ochenta y con quien comparte la afición por el golf; y Kushner es el esposo de la hija del presidente Ivanka, uno más del clan Trump.
Que sean ellos y no el secretario de Estado, Marco Rubio, quien dirija ambas carpetas es un claro síntoma de cómo Trump ha redibujado la diplomacia estadounidense. Rubio ni siquiera estuvo presente en las conversaciones en Ginebra. Al principio, esta marginalización frente a Witkoff lo molestó, pero la rivalidad se calmó después de que Trumple dejara al mando de la cuestión venezolana, el bloqueo a Cuba y toda la campaña expansionista sobre América Latina.

En el caso de Witkoff, a pesar de que su posición no requería la certificación del Senado, por lo menos Trump se molestó en atribuirle un cargo dentro del gobierno. Kusher, sin embargo, se ha ido involucrando en las negociaciones por petición de su suegro, pero ni siquiera ostenta un cargo oficial dentro del Gobierno. En Rusia, algunos llaman al dúo “Witkoff y Zyatkoff”, este último en referencia a Kushner ya que “zyat” significa yerno en ruso. En Irán se habla de Kushner también como “Damad Trump”, subrayando otra vez el parentesco del empresario con el presidente.
Trump considera más adecuada para gestionarlas relaciones exteriores los modos de los hombres de negocios que no la experiencia del departamento de Estado y el Consejo Nacional de Seguridad, dos instituciones que han coordinado las negociaciones de crisis globales por cerca de 80 años. El exasesor del Departamento de Defensa, Ilan Berman, señala que se trata de un estilo que encaja mejor con países como Arabia Saudita o Emiratos Árabes.
En estos lugares es común el linaje se mezcla con la política y los negocios, remarca Berman, por lo que tener interlocutores similares es algo que puede facilitar el entendimiento. Pero, Estados Unidos dice ser una república democrática y no una monarquía absoluta.
*Sociólogo y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)