Javier Biardeau: La derecha venezolana jamás dirá que es de derecha

20

ven javier biardeau

Supuestonegado.com|

Javier Biardeau, sociólogo con postgrado en Estudios latinoamericanos y Planificación del desarrollo, investigador y profesor de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela, señala en esta entrevista que si algún sector de derecha llegase al poder dependería del apoyo y financiamiento internacional, orientado, por un lado, a reactivar la economía, y por otro, a erradicar al chavismo. Políticas regresivas en lo social, e incluso, una nueva versión del Plan Cóndor “contra todo lo que huela a chavismo revolucionario”, son escenarios que no descarta Biardeau.

¿Te encanta sacarle la piedra a un antichavista diciéndole “derechozo”? ¿El término está bien empleado?.

-Si algo hermana hoy a las fuerzas políticas de derecha en Venezuela, es su necesidad de “salir del actual gobierno”. Apresurados por ese objetivo, socialdemócratas, neoliberales y neoconservadores han construido un “programa mínimo de lucha”. Esta derecha, aunque sigue comprometida con su ideario y aliados de siempre, ha aprendido a adaptarse a las circunstancias y entiende que, para hacerse con la conducción del Estado, debe “mutar su fachada”, presentándose como progresista, democrática y de centro.

-¿Te parece que, efectivamente, la oposición venezolana es de derecha?

-En efecto, la mayor parte de las organizaciones que integran la llamada MUD -en los sectores de dirección de tal locomotora- defienden programas, idearios, políticas y prácticas que están, en primer lugar, alineadas a la política exterior de los Estados Unidos y sus aliados internacionales -especialmente al PP español y agrupaciones declaradamente neoliberales-; en segundo lugar, son organizaciones que tienen fuertes vínculos con el capital transnacional, con los grupos económicos de poder nacionales, y con el mantenimiento de estructuras atrasadas como el régimen latifundista, visiones muy tradicionales y jerárquicas sobre el papel de la Iglesia, la educación o las Fuerzas Armadas.

Claro, hay excepciones y sectores de una llamada “izquierda democrática”, pero estos son “vagones de cola” de tal maquinaria de lucha cuyo papel podría ser subsumido a una estrategia en la cual ellos serán “fuerzas barnizadoras” del proyecto neoliberal/neoconservador. En tercer lugar, es preciso dar cuenta de la composición heterogénea de tal coalición que va desde un reformismo socialdemócrata, aleccionado por el proyecto neoliberal, hasta formas de neoconservadurismo cuya cobertura es la defensa de una nueva sociedad civil, en la cual conviven formas de liberalismo democrático con grupos que, en la práctica, defienden los viejos postulados de Tradición, Familia y Propiedad (TFP).

Los líderes opositores de izquierda a derecha Lilian Tintori, esposa del encarcelado  líder Leopoldo Lopez;  Freddy Guevara, del partido Voluntad Popular, y Jesús Torrealba, líder del Movimiento de Unidad Democratica, y el diputado electo Julio Borges celebran en Caracas, Venezuela, el lunes 7 de diciembre de 2015. La oposición venezolana tomará el control del órgano legislativo tras el resultado de los comicios del domingo 6 de diciembre(AP Photo/Alejandro Cegarra)

-¿La derecha venezolana de hoy es la misma que la de ayer o ha cambiado?

-La derecha venezolana se adapta a las circunstancias y en general aprende, muchas veces con mayor velocidad, cuando se encuentra en el terreno de hacer oposición (…). -La derecha hoy, desde la oposición, reconoce que debe desarticular las banderas fundamentales (demandas y aspiraciones) y apropiarse de ellas, banderas que llevaron a las fuerzas bolivarianas a tomar el gobierno, lo que no es lo mismo que conquistar y transformar el Estado. Por esta razón, muta en sus fachadas: se presenta como más progresista, democratizadora, justiciera, honesta y competente técnicamente que el personal político que ocupa las altas funciones de comando del Estado en la actualidad.

-¿Cuáles son las tendencias dentro de la derecha venezolana?

-Esta derecha ha construido un programa mínimo de lucha para “salir del actual gobierno”. Las diferentes tendencias se ocupan en construir la viabilidad de una “transición democrática”, guión que les aportan todos los organismos de apoyo directo o indirectos vinculados al Departamento de Estado de los EE.UU. De modo que, si se trata de encontrar algunas diferencias, quizás estén en las tácticas y maniobras, en los modos o maneras para preparar y realizar la inversión del sentido de las relaciones de fuerzas actuales, para producir un cambio no solo de autoridades o de gobierno, sino de lo que la opinión pública poco atenta entiende por “cambio de régimen”

-En la correlación de fuerzas internas de la oposición ¿quién tiene posibilidades reales de imponerse?

-Internamente ningún sector podría imponerse a otro en las actuales circunstancias porque la orden es “marchar juntos en medio de diferencias”. Se ha establecido una agenda prioritaria, con un programa mínimo común de lucha, en la cual las ambiciones de cada una de las fuerzas están siendo arbitradas por una estrategia de poder que las desborda y que opera internacionalmente. Ciertamente, hay una disputa por liderazgos, por recursos, por mayorías y minorías internas, pero si se sigue subestimando que la integración de tales fuerzas no depende solo de determinaciones nacionales, no se ha comprendido en donde estamos parados.

(5)VENEZUELA-CARACAS-POLITICA-EVENTO-¿Cuál de esas derechas tendría posibilidades de lograr algún tipo de arraigo entre los sectores populares?

-El trabajo de arraigo en los sectores populares se ha venido dando en la medida en que la fuerza expansiva del proceso bolivariano -sus ondas hegemónicas- han venido debilitándose objetivamente. Existe toda una “teoría del cultivo” para lograr una implantación en los sectores populares -como en el caso de Primero Justicia y Voluntad Popular-, e incluso, de recuperación de espacios -como en el caso de Acción Democrática y sus satélites políticos-. Pero el término arraigo es un término mucho más fuerte que la palabra “apoyo eventual”, que depende de la fluidez de situaciones, especialmente de coyunturas electorales.

-¿Ha habido gobiernos “populares” de derecha?

-Claro, lo “popular” está sometido a resignificaciones y acentos socioideológicos disímiles. Movimientos sociales y políticos ligados a la Iglesia católica o al nacionalismo han sido siempre paradigmáticos en la construcción desde la derecha de los sentidos de lo “popular”. Mussolini, al igual que Hitler, o como lo hacen las nuevas derechas (Frente Nacional en Francia, por ejemplo) no solo construyen gobiernos de derecha, sino movimientos de masas y regímenes de derecha (…).

No hay que descuidar hechos históricos que validan la existencia de populismos de derecha, o en todo caso “populismos anticomunistas” en nuestro continente. Habría que revisitar el debate sobre estos términos y experiencias históricas en el continente para no suponer que por popular se comprende una identificación afectiva y enunciativa de izquierda.

Los “pobres” votan por la derecha cuando el “modelo aspiracional” que la izquierda ofrece no se distingue mucho del proyecto de derecha”.

-¿Por qué los pobres han votado antes por la derecha y por qué podrían hacerlo hoy?

-Los “pobres” votan por la derecha cuando la izquierda los ha sometido a la indolencia de sus políticas, cuando los ha convertido en simple masa de maniobra, cuando no ha roto en ellas la distinción entre “sentido común dominante” y “buen sentido”, cuando el “modelo aspiracional” que la izquierda ofrece no se distingue mucho del proyecto de derecha. Incluso, los “pobres” no votan por la derecha porque la derecha se presenta con una imagen de redención social, de regeneración moral, de exaltación de ideales en los cuales los “pobres” encuentran señales de reconocimiento o valorización. La derecha no promete en ninguna campaña electoral dominación, opresión, exclusión, negación o segregación, sino todo lo contrario (…).

-¿Cómo te imaginas sería la transición de un gobierno de izquierda a un gobierno de derecha?ven henrique-capriles emba cuba

-No hay que imaginárselo. Son hechos históricos. Se trata de una regresión del ejercicio efectivo de garantías y derechos democráticos y sociales. A donde llega la derecha, la transición implica retroceder en días lo que se conquistó en años en espacios de justicia, igualdad y libertad. Sólo veamos lo que está ocurriendo actualmente en Argentina y Brasil.

-En un eventual gobierno de la oposición de derecha ¿cómo crees que se relacionaría con el chavismo?

-Hay que dejarse de ingenuidades. Es un hecho histórico que donde los sectores de izquierda intentaron realizar profundas reformas sociales o transformaciones políticas, o donde incluso acariciaron la idea-fuerza de revolución, el comportamiento de la derecha fue de aleccionar moral, intelectual, política, e incluso militarmente, a la izquierda (…).

De modo, que el plan para el chavismo desde la derecha es, primero minarlo o debilitarlo, luego dividirlo y después ir erradicándolo en sus líneas de fuerzas más radicales. No me extrañaría el reempaquetamiento de una suerte de “Plan Cóndor” contra todo lo que huela a “chavismo revolucionario” (…).

No pensemos que la derecha heredaría una situación de crisis económica, si además creemos en la línea argumental del “sabotaje económico”.

-No es lo mismo tumbar a Chávez con precios altos del petróleo que a Nicolás con el precio del barril por los suelos ¿Una derecha con recursos se comportaría igual en el gobierno que una derecha pobre?

-No seamos ingenuos. Estados Unidos reconstruyó a Europa de la devastación de una guerra por intereses geopolíticos. Si Venezuela adquiere el estatus de una “zona estratégica” por consideraciones geopolíticas, no dependería del precio del petróleo, sino que se abrirían líneas de apoyo en financiamiento internacional e inversiones extranjeras que le son vedadas al actual Gobierno. A mí no me cabe duda que la derecha venezolana recibiría ingente apoyo económico internacional si lograse desplazar del poder a la revolución bolivariana, así como apoyo en tareas para lograr debilitar sus fuerzas hasta el punto de convertirlo en una “amenaza controlable y utilizable”, como “mal ejemplo” de un proceso de emancipación social o popular. De manera que, no pensemos que la derecha heredaría una situación de crisis económica, si además creemos en la línea argumental del “sabotaje económico” (…).

-¿Cómo crees que la derecha afrontaría la situación económica actual?

-El proyecto económico de la derecha fue analizado de manera bastante certera por Romain Migus hace ya algún tiempo. Lo único que quizás variaría es un programa de remodelamiento de las misiones sociales que permitiría realizar subsidios directos a la población más pobre, incluso sembrando la tesis en convertirlos en “nuevos propietarios” o en contar con acceso a ingresos equivalentes en “divisas”. Ya la derecha venezolana viene trabajando con sus “centros de pensamiento” en una política social de reemplazo a las conquistas históricas de la revolución bolivariana.

-¿Hay diferencias entre esta derecha venezolana y la derecha continental?

-Sí, quizás algunos tonos más degradados a la hora de defender su identidad política. La derecha venezolana nunca dirá que es de derecha (con las excepciones del extremismo de derecha). Se presentará como liberal de centro, demócrata cristiana, de centro izquierda e incluso socialdemócrata (…).

-Por vías electorales y no electorales, los partidos conservadores están ganando terreno en el continente ¿Volverán las derechas al poder en América Latina?

-No solo volverán, ya están regresando. Es un dato del presente, no un escenario del futuro. Allí está el más profundo desafío de todas las fuerzas efectivamente democratizadoras, pos-neoliberales, anti-imperialistas, nacional-populares y hasta anticapitalistas. Si no se reinventan y corrigen sus debilidades, sus errores o sus cegueras, regresará la derecha y fundará un ciclo histórico de duración actualmente incalculable (…).
El futuro de la revolución bolivariana se juega esta bisagra precisamente, entre madurez e irresponsabilidad en el proceso de acumulación de fuerzas o de derrota estratégica.

.