Iván Cepeda: arquitecto de paz para frenar a la ultraderecha

(260601) -- BOGOTA, 1 junio, 2026 (Xinhua) -- Imagen del 31 de mayo de 2026 del candidato a la Presidencia colombiana por el partido Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro (c), pronunciando un discurso mientras recibe los resultados de las elecciones presidenciales en el Hotel Tequendama, en Bogotá, Colombia. Los candidatos presidenciales, Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, e Iván Cepeda, del Pacto Histórico, lograron el domingo las votaciones más altas en la primera (Xinhua/Andrés Moreno)

Victoria Korn

Iván Cepeda Castro, filósofo de 63 años y senador de larga trayectoria, es el candidato presidencial del Pacto Histórico y el aspirante llamado a continuar el proyecto progresista de Gustavo Petro en Colombia. Ganó la consulta interna de la coalición en 2025 con una amplia mayoría y superó la primera vuelta con una votación récord, respaldado por una plataforma que combina paz, justicia social y defensa de los derechos humanos.

Hijo del senador Manuel Cepeda Vargas, dirigente de la Unión Patriótica, y de la militante comunista Yira Castro, su biografía está profundamente marcada por la historia de la perseguida izquierda colombiana. Desde el Senado, donde ocupa una curul desde 2014, Cepeda se ha consolidado como uno de los rostros más visibles del oficialismo, con una intensa actividad de articulación legislativa en temas de paz y memoria histórica.

Víctima del genocidio político

Cepeda se define como un “sobreviviente del genocidio político” que golpeó a la Unión Patriótica, expresión que cobra sentido a la luz del asesinato de su padre en 1994 a manos de agentes estatales y paramilitares. Ese crimen, reconocido como parte de una campaña sistemática de exterminio contra la UP, lo llevó a convertir el duelo en motor político, orientando su vida a la búsqueda de verdad, justicia y reparación.

(Xinhua/Andrés Moreno)

Así se convirtió en uno de los voceros más influyentes del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), articulando a familiares de desaparecidos, ejecutados extrajudicialmente y desplazados. Su trabajo ha sido clave para visibilizar el papel de sectores del Estado y del paramilitarismo en la violencia política, así como para impulsar causas judiciales emblemáticas, entre ellas sus prolongados litigios y denuncias contra el expresidente Álvaro Uribe.

Arquitecto de puentes de paz

Antes de lanzarse a la carrera presidencial, Cepeda fue reconocido como uno de los principales articuladores civiles y parlamentarios de los procesos de paz en Colombia. Desde 2012 participó como facilitador en los diálogos entre el Gobierno y las FARC-EP, en los acercamientos con el ELN y en los procesos de sometimiento a la justicia de estructuras como el llamado “Clan del Golfo”, acompañando también la implementación normativa del Acuerdo de Paz de 2016.

En el Congreso ha integrado y copresidido las comisiones de paz, impulsando la participación de las víctimas, la creación de mecanismos de justicia transicional y el desarrollo de leyes para la restitución de tierras y la verdad. Su campaña reivindica esa experiencia como credencial principal: se presenta como el candidato que puede completar la “paz total” iniciada por Petro y, al mismo tiempo, garantizar seguridad democrática frente a las nuevas violencias territoriales.

Hacia la segunda vuelta

Tras años de ser un referente de izquierda más asociado a la defensa de las víctimas que a la disputa del poder ejecutivo, Cepeda se ha reconvertido en figura nacional con un relato que combina biografía y programa. Su campaña se estructura alrededor de tres ejes: honrar a las víctimas del conflicto (incluida su propia historia familiar), defender el Acuerdo de Paz y sus reformas sociales asociadas, y ofrecer un gobierno que enfrente la corrupción y el “poder mafioso” de la extrema derecha.

De cara al balotaje, su estrategia se centra en dos movimientos simultáneos: consolidar el voto del bloque progresista y atraer a sectores de centro y moderados que rechazan el discurso radical de Abelardo de la Espriella. Para ello, su equipo apuesta por ampliar alianzas con fuerzas verdes, liberales y liderazgos regionales, y por proyectar la imagen de un dirigente firme pero dialogante, capaz de garantizar estabilidad institucional frente a lo que sindican como un proyecto “fascista mafioso” de su rival.

(Xinhua/Andrés Moreno)
Opciones de victoria

En la primera vuelta del 31 de mayo, el outsider ultraderechista Abelardo de la Espriella obtuvo alrededor del 43–44% de los votos y Cepeda se ubicó segundo con cerca del 40–41%, en una elección que confirmó la extrema polarización del país. Aunque quedó por detrás, Cepeda alcanzó más de 9,5 millones de votos, superando la marca histórica de Gustavo Petro como el candidato de izquierda más votado en una primera vuelta presidencial en Colombia.

Las encuestas previas al 30 de mayo sugerían que, en casi todos los escenarios de segunda vuelta, Cepeda tenía ventaja frente a De la Espriella, con diferencias de entre 5 y 10 puntos, gracias al apoyo potencial de votantes de centro y a la alta desaprobación del candidato ultraderechista en grandes ciudades.

Hoy, sus opciones de victoria dependen de tres factores: cuánto del voto antiuribista y anticorrupción logra unificar, si puede reducir la abstención en sectores populares urbanos que le son favorables, y si consigue presentarse ante indecisos y empresarios como garante de orden y seguridad en un contexto de miedo y desinformación.

Para esto, su equipo ajusta la campaña hacia mensajes más pedagógicos sobre economía, seguridad ciudadana y lucha contra el narcotráfico. De consolidar una mayoría en ese campo amplio —que va desde los movimientos de víctimas y paz hasta sectores de centro liberal—, el senador víctima de la violencia política tendría una posibilidad real de convertirse en el segundo presidente progresista consecutivo de Colombia.