Hay una Revolución en Venezuela: respuesta a Raúl Zibechi

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Mario Sanoja Obediente|

El viernes 15 de septiembre pasado, Raul Zibechi, columnista uruguayo del diario La Jornada de México, publicó una nota en la cual asevera que en Venezuela no ha habido una revolución, apoyándose en la opinión de un conocido sociólogo que juega en el campo de la derecha venezolana. Es de preguntarse si la avalancha de “fake news” que ha arrojado el cartel mediático internacional contra la Revolución Bolivariana y contra nuestro presidente -democráticamente electo- Nicolás Maduro, así como las sanciones económicas contra nuestro pueblo que ha puesto en práctica el señor Trump habrían ocurrido si Venezuela no fuese una verdadera revolución.

¿Por qué no dirigen su campaña mediática contra gobiernos de América Latina que violan sistemáticamente los derechos humanos esenciales: el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho a la educación gratuita y de calidad, el derecho a tener vivienda, el derecho a participar en la gestión pública, el derecho a la justicia social, el derecho al trabajo que en Venezuela han sido consagrados por la Revolución Bolivariana?

Hay una mayoría de gobiernos que no respetan estos derechos humanos básicos: México, Colombia, Perú, Chile, Paraguay, Brasil, Centroamérica, entre otros, pero pareciera que eso no interesa a los analistas políticos. Entonces ¿por qué Venezuela? ¿ qué atractivo tiene nuestro país para que sea convertido en blanco de todas las injurias mediáticas internacionales, de los juicios negativos de valor por parte de gobernantes europeos como Macron, Merkel, Theresa May y el impresentable Rajoy? ¿Por qué los actos de terrorismo cometidos por la oposición contra el pueblo de Venezuela han sido sospechosamente silenciados por los carteles mediáticos internacionales y particularmente por columnistas como Zibechi que creíamos eran progresistas y objetivos?

Desde 1830 cuando se fundó la IV República, hasta 1999 cuando el Presidente Chávez anunció el inicio de la V República y de la Revolución Bolivariana, el 80% de la población venezolana vivía en estado de probreza y un 40% en estado de pobreza crítica. Éramos un pobre pueblo rico donde la casi totalidad de la fabulosa renta petrolera era repartida entre las transnacionales y la avarienta buguesía comercial que compartía el poder con los partidos Acción Democrática y Copei, conformando un Estado corporativo responsable del asesinato y la desaparición de más de 11.000 militantes revolucionarios venezolanos. La dramática figura de los desaparecidos que pusieron en práctica las dictaduras militares del Cono Sur, fue inventada en Venezuela en los años sesenta por la dictadura civil de Rómulo Betancourt y Raul Leoni. ¿Alguien comentó algo sobre esos actos de barbarie política cometidos contra el pueblo venezolano? ¿Dónde estaban la OEA y el Departamento de Estado de USA?

Después de 1999, la Revolución Bolivariana puso en marcha procesos de cambio revolucionarios: la reforma agraria, las comunas y los consejos populares que son la base del poder popular, la eliminación total del analfabetismo con misiones educativas que permitieron cursar estudios a millones de hombres y mujeres segregados hasta entonces del disfrute de la educación, desde la primaria hasta el posgrado, creando así una importante masa crítica de ciudadanos y ciudadanas con un elevado nivel de conciencia política e histórica. Misiones sociales que pusieron la salud, la vivienda, el trabajo, el deporte y el goce de los bienes esenciales de la vida al alcance de todos y todas. Fue esa masa crítica de más de 8 millones de personas la que se volcó en las urnas de votación el 30 de Julio de 2017 para manifestar su profundo rechazo a los actos de terrorismo y de traición a la Patria cometidos por la derecha venezolana.

Quizás nuestra propia experiencia personal pueda ilustrar los actos tiránicos de terrorismo cometidos por la derecha venezolana. Al igual que muchos otros venezolanos de clase media, adquirimos hace más de 40 años una vivienda en el llamado “este del este” de Caracas que, para entonces, era un espacio poco poblado, bucólico. Lamentablemente, en esos mismos años el control político de esos muncipios poco poblados pasó a manos de los partidos de derecha AD y Copei los cuales convirtieron los gobiernos municipales en agencias para la corrupción y el tráfico de influencias ligado a la construcción de grandes edificios y urbanizaciones que destruyeron la ecología de la zona.

Con el paso del tiempo nuevos pobladores, particularmente de la clase media alta, consolidaron el poder politico de la derecha. Los pobladores que teníamos una ideología liberal progresista, fuimos sumergidos en una ola derechista que ejercía el poder absoluto sobre las juntas locales de condominio. Cuando se produjeron las últimos episodios de terrorismo en 2014 y ahora en 2017, los grupos terroristas nos secuetraron en nuestras propias urbanizaciones impidiéndonos incluso el acceso a los automercados o a las clínicas.

Muchas personas de la zona murieron porque los fanáticos derechistas de la MUD les negaron la posibilidad de salir a buscar ayuda médica y, los que insistían mucho para poder pasar las barricadas eran vejados a palos y golpes o asesinados a tiros. Mi compañera, que cayó en coma debido a la deshidratación provocada por una afección gastrocólica la pude llevar, siguiendo múltiples vericuetos para escapar de los bloqueos de las guarimbas, a la emergencia de una clinica… cuyos médicos tampoco podían atravesar las barricadas de los terroristas de derecha. Como se dice, Dios es grande y pudo salvarse, finalmente.

Para poder votar el 30 de Julio, una misión de rescate nos logró sacar de nuestra calle de madrugada y llevarnos fuera de Caracas. Esa misma misión logró llevarnos al Poliedro de Caracas para poder votar junto con decenas de miles de residentes de la “zona de guerra” de los Municipios Chacao y Baruta controlados por el fascismo de derecha, que habían logrado también escapar de aquellos ghettos. Los más de 8 millones de votos a favor de la Asamblea Nacional Constituyente incluyen también casi un millón de votos opositores que adversan a la dictadura fascista que quiere imporner la derecha venezolana.

La Revolución Bolivariana no responde a ese modelo romántico que usted parece aludir, señor Zibechi: las masas de trabajadores, banderas rojas ondeando al viento, que van a asaltar el Palacio de Invierno en San Peterburgo. Venezuela es una nación asediada por el imperialismo desde 1999, que trata de hacer una revolución socialista por la vía democrática. Pero la burguesía no está dispuesta a conceder su hegemonía al pueblo sin violencia. Por eso nos hace la guerra económica y sus agentes políticos, como Julio Borges, van por Europa, los Estados Unidos y América Latina pidiendo a sus gobiernos que nos invadan militarmente y nos aplasten con el bloqueo financiero.

Yo soy comunista, profesor titular jubilado de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela, donde llegué a desempeñarme como Director de su Instituto de Investigaciones. Algo conozco de los científicos sociales de aquella generación que se creían predestinados a ser la vanguadia teórica de la revolución venezolana, hasta que Hugo Chávez, campesino pobre que llegó a ser comandante, les enseñó como se construye la teoría y la praxis de la Revolución Acción Venezolana. Aquella generación se enquistó en las aulas de la Facultad y en el Centro de Estudios del Desarrollo que, en la década de los 70 del pasado siglo, se convirtió en ejecutor del Plan Camelot de la CIA, camuflado bajo el nombre de Estudio del Conflicto y el Consenso en Venezuela. Muchos integrantes de aquella fallida generación académica pasaron a engrosar las filas del antichavismo que les destruyó su romántico imaginario revolucionario pequeño burgués y hoy, prácticamente, deliran esperando que los marines les restituyan sus pretendidos derechos de pernada revolucionaria.

Venezuela es, junto con Cuba, Bolivia y Nicaragua, el país donde las Fuerzas Armadas son antiimperialistas. Esa unión civico militar es el bloque de poder que ha impedido que los Estados Unidos nos invadan para apoderarse de la primera reserva mundial de petroleo, gas, oro, coltán y recursos hídricos. Si no fuésemos una revolución, como Ud. expresa, ¿por qué el imperio habría de convertirnos en el blanco de sus conspiraciones y de su campaña de noticias falsas destinadas a ablandar las neuronas y la conciencia histórica de muchos intelectuales?

No pretendemos convertirnos en censores de la conciencia de un intelectual que hemos admirado hasta el presente. Cada quien es libre de pensar como desee. Pero nos apena que alguien de su categoría se rebaje al nivel de los cipayos de la derecha venezolana. La lucha antiimperialista de nuestra sociedad cívico-militar para defender nuestra soberanía y nuestro derecho a ser libres, merece un mejor análisis. En Venezuela se está produciendo una revolución social y las-los venezolanos revolucionarios, que somos la mayoría, estamos dispuestos a defenderla con nuestras vidas.

(*) Profesor Titular Jubilado UCV. Profesor de la Escuela Venezolana de Planificación Social.