Francisco I viene a disputar consenso social

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JULIO GAMBINA| La Iglesia es parte del poder mundial, y no sólo del poder económico. La Iglesia disputa históricamente el consenso de la sociedad. Es una realidad a considerar en tiempos de crisis capitalista, considerada también una crisis de civilización, ya que esta civilización contemporánea está ordenada por el régimen del capital, o sea, por la explotación del hombre por el hombre, por la depredación de la Naturaleza.vaticano bergoglio2Cuando el sistema mundial estaba desafiado por el avance de los pueblos y el socialismo (como forma que intentaba ser alternativa del orden mundial) se abrió camino la teología de la liberación, en abierta confrontación con el poder institucional de una Iglesia retrógrada. Así, la Iglesia de los pobres se mostraba desde el sur del mundo, más precisamente desde Nuestramérica. La Iglesia oficial no podía negar este rumbo que se abría paso entre los curas de base y habilitó un gran debate mundial en el seno de la Iglesia.

Los rumbos de la ofensiva popular tocaban la puerta de la Institución. La respuesta contemporánea de la Institución Iglesia fue acompañando la ofensiva capitalista para recuperar el poder del régimen del capital. Esa ofensiva se materializó en los 80´ contra el socialismo y los pueblos, abriendo el camino al poder reaccionario de los Ratzinger y los Bergoglio.

Hace 40 años que el neoliberlismo se ensayó en nuestros territorios con las dictaduras y el terrorismo de Estado, para luego extenderse por todo el orbe. La Iglesia en la Argentina, salvo honrosas y escasas excepciones acompañaron a la genocida dictadura en ese parto neoliberal, aunque ahora hablen contra la pobreza y la ética.

Un PAPA polaco llegó a la Iglesia para acompañar el principio del fin de la experiencia socialista, aunque se discuta el mismo carácter de aquella experiencia. El capitalismo mundial necesitaba del Este de Europa. Alemania así lo entendió. EEUU también. Sin el este de Europa, aún ya abandonado el proyecto socialista originario, el mundo dejó de ser bipolar y se constituyó el rumbo unipolar del capitalismo, transnacional y neoliberal.

El rumbo unipolar está siendo desafiado por el cambio político en Nuestramérica y el resurgir del socialismo, sea de la mano de la revolución cubana o por los procesos específicos que emergen en algunos países (Venezuela o Bolivia), incluso en variados movimientos políticos, sociales, intelectuales, culturales, en nuestra región.

Con la muerte de Chávez y millones movilizados para constituirse en sujetos por el cumplimiento del legado revolucionario y socialista de Hugo Chávez, la Iglesia lanza al ruedo el símbolo de un Jefe de la Iglesia nacido en el sur y compenetrado con el proyecto del norte.

El PAPA argentino, Francisco I, viene a cumplir el proyecto del poder mundial para disputar el consenso de la sociedad, especialmente de los pueblos. No solo se trata de sustentar posiciones contrarias al matrimonio igualitario, o contra el aborto, ampliamente difundidas por el obispo Bergoglio, sino de gestar una conciencia de disciplinamiento hacia el orden contemporáneo, reaccionario, de dominación transnacional.

Nuestramérica es hoy laboratorio del cambio político. La Iglesia institución quiere intervenir en este proceso, y no para empujar esos cambios, sino para frenarlos. La disputa es por las conciencias. Es una batalla de ideas, por el cambio, o por el retroceso. Les preocupa el efecto Chávez en la región. Les preocupa la sucesión política en Venezuela y la capacidad de extender el rumbo socialista. Necesitan disputar el consenso.

Pero, por más intentos institucionales por acompañar la ofensiva del capital contra el trabajo, los trabajadores y los sectores populares, incluida la iglesia de los pobres, el movimiento religioso popular, persiste en la búsqueda por organizar la sociedad del vivir bien (Bolivia), el buen vivir (Ecuador), el socialismo cubano, o la lucha por la emancipación social de gran parte de la sociedad de abajo en Nuestramérica.

El Papa Francisco I viene por lo suyo. Los pueblos debemos continuar nuestra búsqueda y experimentación por una nueva sociedad, por otro mundo posible, ese que se construye en la continua lucha contra la explotación, por la emancipación social, contra el capitalismo y el imperialismo, por el socialismo.

Julio C. Gambina es Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

Chávez, hombre universal

Mi pluma se detuvo con su respiración. Los dedos no atinaban a golpear las teclas, las palabras no brotaban, el tiempo parecía suspendido en su infinito, no por esperada la noticia, fue menos duro el mazazo que golpeó lo más entrañable del sentimiento y nos hizo sentir el dolor como sólo los revolucionarios sabemos sentirlo.

El estupor dio paso a la conciencia, al intento de atisbar una explicación, a tratar de imaginar el futuro en su ausencia y de verdad resulta difícil, muy difícil. Del sentimiento humano del hermano que no estará, al vacío político que deja y del dolor por su alejamiento a la deformación profesional de pensar las relaciones internacionales y la política exterior desde la distancia que ha tomado para que sean otros los que la ejecuten, me he visto conminado a expresar mi sentimiento acerca del Hugo Chávez, hombre universal que se nos fue.

Pero no quiero hablar en esta ocasión del estadista, que fue reverenciado por 54 delegaciones gubernamentales y por 32 jefes de Estado que estuvieron presentes en sus honras fúnebres, sino por los millones de ciudadanos y ciudadanas del mundo que en todos los rincones del planeta se sintieron conmovidos al sentirse protagonistas de la obra del comandante Chávez. Los ejemplos brotan por centenas, referiremos algunos que recuerdan significativos momentos vividos.

En diciembre pasado fui invitado por el Diario del Pueblo de la República Popular China a visitar ese grandioso país. En uno de los recorridos, yendo de Suzhou a Shanghai paramos a almorzar en Zhouzhuang, pequeño poblado vinculado a través de canales que sirven de vías de comunicación. En la llamada “Venecia de China”  me acerqué a un pequeño puesto  de venta de artesanías y te. Al verme, el anciano que atendía su comercio me preguntó –a través del traductor- de dónde venía, le contesté: “de Venezuela”. Esta vez no hubo necesidad de traducción. Su repuesta fue clara. “Chávez” y una sonrisa asomó a su cara surcada de arrugas.

Recuerdo mi visita a Argelia hace tres años invitado a dar un par de conferencias a la Academia Diplomática de ese país. En el momento de mi salida cuando hacía la fila para hacer los trámites migratorios, un oficial revisaba los documentos. Al reparar en mi pasaporte venezolano me dijo “Venezuela, Chávez” y me hizo pasar por la fila preferencial  reservada a los diplomáticos.

Un amigo francés me contaba que su hermana, acostumbrada a viajar a lugares exóticos, decidió conocer Kirguistán, país montañoso del Asia Central de alrededor de 200 mil kilómetros cuadrados y poco más de 5 millones de habitantes.  Su economía gira en torno a la producción agrícola y ganadera. La visitante europea llegó a Biskek, la capital, y de inmediato se trasladó vía terrestre a un pequeño poblado situado a más de 4000 metros de altitud distante unas 6 horas de la urbe a la que había arribado, se adentró en un mercado de animales en el que se comerciaban reses, ovejas y caballos.  Con absoluto estupor descubrió que uno de los campesinos que vendía su ganado, portaba orgullosamente una franela en la que se leía “Chávez. 10 millones”

Hace un mes, en Ciudad de México, tomé un taxi para ir al aeropuerto. El conductor al escuchar mi voz, me dijo “Usted es de Venezuela, ¿cómo está el presidente Chávez?”  Y a continuación como una exhalación expresó con vehemencia “…que mala suerte la de México. Chávez debió haber nacido aquí. Los pobres no estaríamos mal”.

Un par de días atrás, encontrándome en el Hotel Alba con un grupo de amigos colombianos que vinieron a las exequias del Comandante, se nos acercó un hombre de unos 45 años, serio, circunspecto, quería conversar, indagaba acerca de cómo nos sentíamos y cómo vivíamos el momento. Nos dijo que se llama Carlos Andrada,  que es de Villa María, una pequeña ciudad cercana a Córdoba en Argentina, trabaja como maestro de educación física en un bachillerato en su ciudad. Relató que regresaba del trabajo la tarde del martes 5, cuando escuchó en la radio de su carro la infausta noticia del fallecimiento del presidente Chávez. No tuvo dudas, la determinación fue inmediata, se comunicó a una agencia de viajes solicitando un boleto a Caracas para el día siguiente. No le importó que le costara el equivalente a un sueldo mensual. Quería dar también su adiós al Comandante. Pensó que los hijos de San Martín y Bolívar debían igualmente marchar unidos a dar el postrer homenaje a quien había amado por igual a las dos tierras de la Patria Grande… y así lo hizo…caminó 22 horas hasta llegar a la Academia Militar donde realizó su anónimo tributo al hombre que yacía para la posteridad.

Son sólo algunos ejemplos que hacen patente la acción del Comandante Chávez en las más distantes y distintas latitudes y longitudes del planeta, aunque desde hace algunos años, pueblos humildes de diferentes países habían tomado su nombre para consagrarlo ante la historia

Hoy, las 700 familias del barrio que lleva su nombre en Engativá al occidente de Bogotá no escatiman para manifestar su tristeza y deseo de rendirle homenaje,  y recorren apesadumbrados el barrio que “el Comandante nunca pudo conocer”. Sus calles y casas se han llenado de flores, banderas a media asta, fotos  y carteles con las frases “Comandante, tú no has muerto”, así mismo han celebrado una misa por el alma del presidente Chávez como reseña Radio Caracol de Bogotá.

Otro tanto, ocurre en Managua, Nicaragua, las calles polvorientas del barrio que lleva el nombre del líder venezolano no esconden su dolor, pero también el orgullo de vivir en un lugar que  se llama Barrio Hugo Chávez.  Situado  a orillas del Lago de Managua, al costado de la ruta al aeropuerto internacional Augusto C. Sandino, en el barrio viven 564 familias que hace doce años ocuparon un terreno baldío y levantaron precarias viviendas.

Así mismo,  ya en enero  de 2009 la figura del presidente venezolano había llegado al Medio Oriente cuando una aldea del norte de Líbano cambió el nombre de una de sus calles, bautizándola «Hugo Chávez». En la ocasión Mohamed Webhe  alcalde de Bireh la localidad de 17 mil habitantes que tomó tal decisión manifestó que «Es lo menos que podemos hacer por ese gran hombre que hizo revivir la esperanza en nuestros corazones y tomó una revancha en nuestro nombre frente a la entidad sionista”. Agregó que se trata de un gesto destinado a «honrarlo y a levantarnos el ánimo».

De la misma manera será bautizada una calle en Cisjordania, Palestina. El alcalde del pueblo Fawzi Abid explicó que «El deceso de Chávez es una pérdida para todo el mundo y para el pueblo palestino en particular, porque fue un gran apoyo (para la defensa) de los derechos palestinos”.

La diplomacia de los pueblos de la que habló el presidente ha estado presente y se ha puesto en funcionamiento. Con ella el Comandante se sentía a gusto. La posibilidad de intercambiar de manera directa se puso de manifiesto en cada viaje al extranjero. Lo vimos conversando con los habitantes de Santa Marta en Colombia, recibiendo la bienvenida musical y compartiendo con el pueblo de Malabo en Guinea Ecuatorial o corriendo junto al pueblo haitiano cuando visitara Puerto Príncipe en marzo de 2007. Además de las relaciones gubernamentales, ese contacto directo con el pueblo era la manera como se realizaba la política internacional de su gobierno.

Finalizo contando una anécdota de cuando trabajé como Director de Relaciones Internacionales en la presidencia. Un noche muy tarde, ya en la madrugada, el presidente Chávez y su comitiva llegamos a Asunción, Paraguay en visita oficial durante el gobierno del presidente Nicanor Duarte. Por lo avanzado de la hora, nos dirigimos directamente al hotel donde nos hospedaríamos. A la llegada al mismo, el Presidente vio a dos niños que no superaban los 10 años en la puerta del hotel. Después supimos que eran hermanos. Se acercó a ellos  y les preguntó porqué estaban ahí a esa hora. Los niños contestaron que no habían comido. De inmediato ordenó que trajeran alimentos y se puso a conversar con ellos. Los interrogó sobre su casa, sus padres, si estudiaban, hasta que después de un largo rato, instruyó que los llevaran a su casa y se preocuparan de su atención.

Pasaron unos meses y volvimos a Asunción, esta vez a una reunión Cumbre de Mercosur. Nuevamente llegamos en horas de la madrugada y, otra vez al arribar al hotel estaban los mismos niños que lo llamaron “Chávez, Chávez”. El presidente reparó en ellos y se acercó de nuevo con la idea de increparlos por estar fuera de su casa a tal hora. Les preguntó ¿qué hacen aquí? ¿No han comido? Ellos le respondieron. “Hemos comido todos los días desde que viniste la vez anterior. Ahora vinimos a saludarte porque sabíamos que venías al Paraguay”