Fin de año en el mundo y con Galeano y Quino

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Nosotros

Los encuentros familiares de fin de año son un rito que, entre brindis y balances, trazan una línea al año para sacar la cuenta de las frustraciones y los proyectos que aún siguen en pie. Es difícil acatar la alegría impuesta por el calendario, con un presente puesto en pausa y un futuro con diagnóstico nebuloso e inquietante.

Conforme al calendario gregoriano, instaurado por el papa Gregorio XII en 1582, el 1° de enero es el comienzo de un nuevo año porque se estima que ese día fue el de la ­circuncisión de Jesús. Los judíos, en cambio, lo celebran entre el día 1 y 2 del calendario hebreo, en una fecha que oscila entre septiembre y octubre. Lo llaman Rosh Hashaná –día en que, según su tradición, fue creado Adán, “cabeza” de la especie humana–, y en su último almanaque recibieron su año 5782.Fuego Nuevo mexica, la ceremonia para renovar ciclos

Pero antes, cuando América no sabía que era América y nadie le había hecho aún el favor de descubrirla, los aztecas, en su época de esplendor, en el siglo XV, celebraban el solsticio –el momento del año en que el sol alcanza su mayor altura aparente– como el nacimiento de un nuevo ciclo. En la celebración se hacía una figura gigante de maíz tostado y la presentaban al pueblo de Tenochtitlán.

Se preparaban platos especiales –en especial, tamales–, tomaban pulque y practicaban ritos corporales y bailes ceremoniales, sin perjuicio de algún que otro sacrificio humano. En aquel entonces, las civilizaciones mesoamericanas se regían por un calendario conformado por 18 meses de 20 días, más 5 sobrantes (mes corto), pero iniciaban el año en fechas distintas; en el caso de los aztecas, era aproximadamente entre febrero y marzo.

Para los guaraníes, el año se divide en dos grandes ciclos: el “año nuevo” y el “año de antes”. El “año nuevo” no es un día, sino toda una estación: la primavera. El tiempo en que todo se dispone a florecer y fecundarse. Los mapuches celebran el año nuevo el 21 de junio, con la llegada del solsticio invernal. Esa fecha señala el día más corto y la noche más larga del año.

Una de las festividades más populares es la que celebra una cuarta parte de la humanidad: el fin de año chino. Cae el 12 de febrero y los días feriados duran siete días. Cada calle, edificio y casa donde se celebra el año nuevo está teñida de rojo –color que está en los símbolos más representativos del país–, y la memoria ancestral sale a la calle en danzas de dragones, gigantes leones y marchas majestuosas propias de la boda de un emperador.

Este 31 de diciembre (algunos) alzaremos las copas soñando en voz alta cruzar una frontera: la que nos separa del egoísmo y de la injusticia, y para que nos demos cuenta que en las calles, codo a codo, somos mucho más que dos.

Y, como obsequio, le dejamos dos sonetos de Eduardo Galeano y una tira de Mafalda, de Quino:

Ojalá

“Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.

Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Algunos apuntes sobre desobediencia civil - Blog CJOjalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós está diciendo hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo”.

Los nadies.
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.