Estados Unidos no declina su guerra psicológica contra Venezuela
Marcos Salgado – Tiempo Argentino
Desde el norte desborda información difusa sobre el despliegue de tropas en el Caribe Sur, aunque sólo podrían llegar con la venia de Trinidad y Tobago. La “increíble” cooperación internacional, incluida la de Argentina, ante la postura de Colombia y Brasil. Sigue el adiestramiento de Milicias Bolivarianas.
La guerra de los Estados Unidos contra Venezuela no está oficialmente declarada, y difícilmente lo esté en algún momento. Según los funcionarios de la administración Trump, se trata de «lucha contra el narcotráfico», y aunque en Venezuela nadie se chupa el dedo, no es menos cierto que después de 15 días desde que comenzaron las versiones de prensa sobre el supuesto despliegue de una flota de guerra estadounidense en el Caribe Sur, sigue sin saberse nada sobre operaciones concretas.
En este aspecto, en la semana que pasó sólo se agregaron nuevas versiones de equipamientos, siempre según «fuentes» de Washington a agencias de noticias. A los tres destructores y a otros tantos buques de transporte anfibio, la crónica sumó un moderno crucero lanzamisiles y hasta un submarino nuclear de ataque rápido. Del crucero, el USS Lake Erie, se sabe que cruzaba el Canal de Panamá hacia el Caribe el viernes. Del resto de la flota, ya entrado el fin de semana, no había noticias ciertas. Aún así, la mayoría de los medios occidentales desinformaban asegurando que ya se encuentran «frente a las costas de Venezuela».

«Esos barcos no están por acá, nosotros estamos monitoreando», remarcó el miércoles ante un grupo de medios entre los que se encontraba Tiempo Argentino, el ministro para la Defensa y mayor general, Vladimir Padrino López. «Es absurdo que estén anunciando un despliegue con destructores para el narcotráfico. Es como si yo usara la artillería estratégica para aniquilar una banda roba carros de ocho personas», graficó.
Aunque aplomado, el alto jefe militar no le restó seriedad al momento. «Es un globo de ensayo, están probando nuestra reacción, la reacción de otros países», indicó.
Lo cierto es que el lugar común de los medios occidentales sobre los barcos gringos «frente a las costas de Venezuela» enfrenta algunos problemas geográficos. El primero, es que en la mayor parte de los más de 2700 kilómetros de costa continental de Venezuela en el Caribe, el límite de la zona económica exclusiva (y por ende de control de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana) está a unos 400 kilómetros de la costa.
El comandante estratégico operacional de la FANB, Domingo Hernández Lárez, publicó un video en Instagram, grabado desde un avión de guerra, donde se ve a un patrullero oceánico de la Armada Bolivariana en aguas del Caribe. «Somos libres, somos tierra de paz, no somos narcotraficantes, luchamos contra el flagelo de las drogas», escribió el jefe militar venezolano.
Mapas
Una posibilidad más o menos real de la flota hasta ahora fantasma de EE UU para acercarse al continente es por el oeste, utilizando las aguas jurisdiccionales de Aruba, Curazao y Bonaire, administradas por el Reino de los Países Bajos. Por el este, podrían acercarse a Venezuela con la venia de Trinidad y Tobago. Esta república parlamentaria, ex colonia británica, comparte con Venezuela el Golfo de Paria y puede ser estratégica para EE UU en el actual esquema de provocación.
En esa línea, la mayor victoria que por ahora se puede anotar el Departamento de Estado de Marco Rubio es haber logrado que la flamante primera ministra trinitense, Kamla Persad-Bissessar apoye la cruzada trumpista. Una luz roja en el tablero venezolano.
Si el apoyo de Trinidad y Tobago está en el haber, el resto de los avales, de tan módicos, se inscriben en el debe. El miércoles se difundió un video donde se ve al secretario de Estado junto al presidente Trump. Allí Rubio fue más que cauteloso: habló de la lucha contra el narcotráfico, pero ni mencionó a Venezuela, ni al tan mentado Cartel de los Soles y mucho menos a la flotilla fantasma. Rubio postuló como «una increíble cooperación internacional» que «solo en la última semana, Ecuador, Paraguay, Guyana, Trinidad (sic) y Argentina, se han unido a nosotros o están tratando de ayudar a avanzar en esto». Una “increíble cooperación” más bien módica, si se tiene en cuenta que los dos vecinos grandes de Venezuela, Brasil y Colombia, ya fijaron posición contra la estrategia de EE UU.

«Terrible, terrible, causa mucha indignación eso en la Fuerza Armada», le dijo Padrino López a Tiempo sobre la adscripción del gobierno de Javier Milei a la narrativa de Washington sobre el Cartel de los Soles.
También esta semana la cancillería venezolana se desplegó en la denuncia de las nuevas versiones de prensa. Caracas denunció en particular que la operación de un submarino nuclear en el Caribe Sur es una violación del Tratado de Tlatelolco, el acuerdo de los países de América Latina y el Caribe que declara la región libre de armas nucleares y de uso de energía atómica con fines bélicos.
Así, 15 días después, la ofensiva anunciada por Estados Unidos contra Venezuela en el Caribe está planteada solo en el terreno de la guerra psicológica. Aunque los medios se empeñan en magnificar la amenaza indeterminada y las redes sociales elevan las versiones a niveles delirantes, dentro de Venezuela parecen primar otros empeños.
El viernes y sábado se completó la segunda convocatoria a alistamiento en la Milicia Bolivariana. Una fuerza de unos cuatro millones de ciudadanas y ciudadanos. Una buena parte recibe regularmente formación militar, orientada especialmente a la defensa y control del territorio.
¿Con EE UU amenazando, tienen miedo? preguntó este cronista a una dirigente comunal del 23 de Enero, zona popular del oeste de Caracas, durante la jornada de alistamiento. «Nosotros nos echamos el miedo a la espalda», sonrió, mientras empezaba a subir el cerro.