Erika Hilton, primera diputada trans de Brasil: “Precisamos derrotar a Bolsonaro para no seguir alimentando al fascismo en América Latina“

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Gerardo Szalkowicz – NODAL | 

Las urnas brasileñas dejaron múltiples saldos más allá de la sólida elección de Lula y la fortaleza del bolsonarismo. Entre los balances novedosos, está la irrupción de varias legisladoras y legisladores que provienen del movimiento popular, el indigenismo y el feminismo. Una de ellas es Erika Hilton, que será una de las dos primeras diputadas trans en la historia brasileña.

Erika arrastra un pasado tumultuoso, un presente admirable y un futuro promisorio. A los 14 años, sus padres evangélicos la echaron de la casa por no aceptar su identidad. Le tocó vivir en la calle y ejercer la prostitución. En 2015 se le plantó a una empresa de transporte que se negaba a imprimir su nombre femenino en el pasaje, lo que llamó la atención del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) que la invitó a afiliarse. Cinco años después se convirtió en la concejala más votada de Brasil y ahora, con más de 257 mil votos en San Pablo, llegó al Congreso Nacional.

Su historia está marcada por la discriminación. Por trans y por negra. En un país atravesado por el racismo y en el que más personas LGBT+ se mata en el mundo, su corta biografía de 29 años también tiene el sello de la resiliencia. Erika nos recibe en su oficina sui géneris en una casona antigua paulista que comparte con varios colectivos de activistas y en la primera impresión nos encandila con su magnetismo, su amabilidad y su oratoria cristalina.

–¿Qué se siente ser la primera diputada trans de Brasil? ¿Cuál será tu agenda y tus propuestas?

–Me siento muy agradecida. Es un momento muy importante para la democracia brasileña, para las personas trans, para las mujeres negras, y para mí es grandioso ser parte de la historia pudiendo hablar en el Congreso por todas nosotras. Siento que recojo las construcciones de mis antepasadas y eso me llena de orgullo y esperanza. Es una demostración de que las personas trans podemos romper con el círculo de violencia, muerte, cárcel y exclusión. Y un paso más para que nos puedan mirar como ciudadanas de derechos; nuestra presencia en la política significa la construcción de un nuevo modelo de sociedad: diverso, democrático e inclusivo.

Yo tengo una preocupación muy fuerte por el hambre en Brasil y esa será una agenda principal. También enfrentar la pobreza y la degradación ambiental. Tenemos propuestas como una renta básica universal y un sistema único de salud, también programas contra los crímenes de odio y la protección de los territorios indígenas. No solo son pautas sobre los derechos de la comunidad LGBTQ+ o de las mujeres, aunque son ellas las que más sufren por estas cuestiones.

Tenemos un desafío muy grande, vivimos un fuerte ascenso de la extrema derecha y el próximo Congreso va a ser aún más conservador; es un escenario horrible pero creo que tenemos capacidad para avanzar y rescatar al país.

–Después de estos cuatro años de fuertes retrocesos, ¿por qué crees que Bolsonaro sigue teniendo tanto apoyo?

–Aún seguimos intentando entender eso… Hay una cuestión muy fuerte con las fake news, vivimos una guerra ideológica basada en la mentira, en la desinformación, y además tenemos una baja educación política, entonces muchas personas son cooptadas por un discurso de miedo, conducidas por el lobby fundamentalista. Y nos falta una izquierda que dialogue más con el pueblo, algo que la extrema derecha hace muy bien, en las iglesias, en las redes sociales, lograron llegar a mucha gente que nosotros no pudimos.

–Buena parte de las iglesias otra vez tuvieron un rol fundamental…

–Sí, las iglesias están jugando de forma muy ruin porque la mayoría tiene un discurso mentiroso, manipulan a sus fieles, no hablan de forma honesta ni con los principios cristianos. Las enseñanzas de Cristo no son las armas, no es el hambre, no es la violencia. Tenemos que construir ese puente porque ahora las iglesias, no todas pero sí la mayoría, juegan un papel devastador, un papel de desinformación y de sostén de Bolsonaro.

–¿Cómo ves el escenario para la segunda vuelta? ¿Cuáles son las principales tareas de acá al 30?

–Veo un escenario peligroso, con posibilidad real de que el fascismo avance. Tenemos un desafío enorme: hablar con las personas, conectar con el pueblo, en la calle, en las escuelas, en las comunidades. Tenemos que desmontar esos discursos de la «dictadura gay», de que Lula va a cerrar las iglesias, hablar de forma pedagógica con nuestras familias y vecinos, con todos los que podamos para que comprendan que la única guerra que tenemos es entre democracia y fascismo. Si Bolsonaro es reelecto toda América Latina va a sentir el impacto. Nos merecemos vivir aires mejores, aires democráticos, para eso necesitamos derrotar al fascismo en la segunda vuelta y estoy segura de que vamos a ganar.

–¿Qué secuelas dejan estos cuatro años de bolsonarismo?

–Estamos enfrentando un proceso extremadamente fascista y anti-derechos. Ya antes de Bolsonaro, con el golpe de 2016, comenzó un fuerte retroceso, en salud, educación, un desmonte de las políticas públicas para las mujeres, los pueblos indígenas, la comunidad LGBT+, para el pueblo negro. Desde ese momento sufrimos un fuerte ataque a la democracia. Además aumentó el hambre, el desempleo, las personas en situación de calle, los ataques y amenazas a defensores de DD HH, la destrucción de la Amazonía… Vivimos un proceso de devastación gigantesco, los peores años desde el regreso de la democracia.

-En muchos países de América Latina, y en el mundo en general, viene creciendo la extrema derecha y sus discursos de odio. ¿Cuál es la importancia de derrotar a Bolsonaro para la región?

-Es muy importante porque si Bolsonaro es reelecto toda América va a sentir el impacto: precisamos derrotar a Bolsonaro para no seguir alimentando al fascismo en América Latina. Nos merecemos vivir aires mejores, aires democráticos, para eso necesitamos derrotar al fascismo en la segunda vuelta y estoy segura de que vamos a ganar.