Épica del guerrero

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MARYCLÉN STELLING|Sorprende el guerrero en 1992, al irrumpir contra la supuesta «mejor democracia de Latinoamérica». Y desde ese momento llegó para quedarse y apoyarlo y también para rechazarlo, adversarlo y odiarlo.chavez pelado reza
A partir del aparentemente inocuo «por ahora», se comienza a escribir y a contar en presente continuo una narrativa épica. Desde su actuación como militar «golpista» y prisionero, candidato y presidente, indiscutible vencedor en paros, sabotajes y múltiples contiendas electorales, se convierte en superhombre y héroe al igual que en enemigo… al parecer imbatible.

Sus seguidores, cual «rapsodas» de la antigua Grecia, recitan y pregonan sus obras, logros y hazañas engrandeciendo su figura heroica. Narrativa épica en la que conviven la epopeya, el romance, el cantar de gesta, el mito, además del discurso ideológico. Personaje real y a veces fantástico, trasciende las fronteras patrias y se hace leyenda. Épica que no comparten sus adversarios, quienes por el contrario, escriben y protagonizan una suerte de novela negra de ambientes degradados y convulsos, aterradora «realidad» en la que se han fragmentado las normas de convivencia. Triste narrativa en la que impera una asfixiante atmósfera de violencia, miedo, injusticia, inseguridad y corrupción.

La intempestiva enfermedad penetra la construcción épica y le confiere un carácter sagrado en la súplica por la benevolencia y la salud para el guerrero y su gesta. Lo que para unos es incomprensible y prácticamente inaccesible a la razón, se convierte para otros en una suerte de castigo divino que posibilitaría abatir al guerrero maligno, hasta ese momento invencible. Y de ello tiene conciencia su pueblo cuando en su dolor afirma: «No lo sacó la gente, se lo llevó Dios y desde allá nos va a seguir ayudando.»

La enfermedad deviene entonces un asunto político. Para los opositores, suerte de morbo y misterio por develar por cualquier medio. Para su pueblo, motivo de dolor y respeto, convencidos de que la enfermedad es producto de la gesta libertaria del guerrero a la que «se entregó en cuerpo y alma y olvidó su salud».

Pierde la batalla de la vida y gana una eternidad heroica. «Cuando solo te vence la muerte, te has convertido en un vencedor» (Sergio Sommaruga). Se va el guerrero de la dignidad, del amor y la libertad y su pueblo complementa la épica. «Me dicen que ya lo vieron por el Arauca, rumbo al Meta. Huyendo del encierro de un mausoleo».