El voto contra Venezuela agrava las perspectivas argentinas

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Juan Guahán-Question Latinoamérica|

 Basta observar un poco la realidad para entender que muchas cosas, tal vez la mayoría de ellas, están patas arriba. El voto argentino en la reunión del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) reunido en Ginebra, fue el tema de la semana, ya que atenta contra los intereses nacionales.

Uno de los temas sometidos a votación era la aprobación un Informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de ese organismo, Michelle Bachelet –ex Presidenta de Chile-, quien denunció detenciones arbitrarias con torturas y desapariciones llevadas a cabo por el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela.

Tal Informe y la continuidad –por otros dos años de la “Misión Internacional Independiente”- fue aprobada por 22 votos a favor, con igual cantidad de abstenciones y 3 votos en contra. La mayor parte de los gobiernos europeos y los conservadores del continente americano votaron a favor.

Es sabido que las políticas de Derechos Humanos son como una moneda con dos caras. Por un lado representan un poco de aire para las poblaciones de aquellos estados donde reinan regímenes autoritarios o dictaduras. En ese sentido esas políticas sirvieron a la lucha de nuestro pueblo para contribuir al desgaste de aquella dictadura (1976/1983).

Pero por otro lado son un instrumento de las políticas de los EEUU. Ese uso fue muy claro respecto  de la vieja URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), China, Afganistán, Cuba, entre otras variadas experiencias. En esos casos las políticas imperiales se montaron sobre este tema para justificar injerencias, intervenciones, bloqueos.

Volviendo al tema que nos ocupa, la explicación del gobierno fue: “Votamos en defensa de los derechos humanos”. Sería bueno mencionar algunos de nuestros “socios” en esa “defensa” de los derechos humanos. Ellos son: el brasileño Jair Bolsonaro, el colombiano Iván Duque; el peruano Martín Vizcarra; el chileno Sebastián Piñera; para qué seguir… ¡Dime con quién andas y te diré quién eres!

En el caso de Venezuela, que hoy gobierna Nicolás Maduro, ciertamente que hubo una degradación respecto del proceso revolucionario comandado por Hugo Chávez, pero las denuncias actuales no giran sobre esa cuestión sino sobre las conveniencias y necesidades de EEUU en el sentido de volver a colocar Venezuela bajo su órbita, como un país que forma parte de su “área de influencia”.

El voto argentino en Ginebra violenta aspectos históricos, político-ideológicos y compromisos electorales. Pero fundamentalmente atenta contra nuestros intereses nacionales.

Desde el punto de vista histórico atenta contra la tradicional política argentina de autodeterminación de los pueblos, no injerencia en las cuestiones internas de otros Estado y resolución pacífica de los conflictos. Esto último es muy grave porque ese voto suma a la Argentina a la política de EEUU, que ha hecho pública su perspectiva de terminar por la fuerza con el gobierno de Maduro.

El bloqueo ordenado, unilateralmente, contra Venezuela es una forma concreta de agresión en el camino del objetivo señalado.

En lo que respecto a los aspectos político-ideológicos rompe con la tradición de la llamada “tercera posición” del peronismo. El gobierno ha decidido alinearse con las fuerzas más retrógradas de la humanidad, con algunas de las cuales como el caso del Reinmo Unido el país mantiene –por las Islas Malvinas- un conflicto de vieja data.

Con esta decisión se adhiere a la propuesta, originada en el Grupo Lima, de inspiración stadounidense, nacido en 2017. Ese grupo, con la presencia de 14 países y el objetivo de atender al tema de Venezuela, cuenta con el aval de la Unión Europea, la OEA y la oposición venezolana.

La actitud adoptada viola las propias propuestas electorales del oficialismo, cuando se presentaba al diálogo y la no intervención, como mecanismos para solucionar el conflicto venezolano.

Un voto que atenta contra los intereses nacionales El Canciller Solá tuvo un almuerzo de trabajo con el embajador de Estados Unidos | Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto

Si todo lo dicho no fuera grave queda una última y decisiva cuestión, se trata del hecho que esta política agrava las perspectivas inmediatas y futuras del país.

No es para nada casual que mientras se estaba votando esta vergüenza para un gobierno al que gusta definirse como “nacional y popular”, el canciller Felipe Solá le estaba agradeciendo al embajador estadounidense Edward Prado “por su apoyo en las negociaciones con el FMI”. Cualquier abogadito sabe que a confesión de parte, relevo de prueba.

El Canciller, sin vergüenza, confiesa la verdad de la vergüenza. Este voto fue un precio para ese apoyo en las negociaciones con el FMI, cuya máxima figura se encontraba en Buenos Aires.

A esta altura cabe una reflexión: Si este voto público es una condición que acatamos, ¿cuáles serán las más reservadas que se esconderán en los pliegues de las tradicionales “condicionalidades” que ese organismo impone? Con el paso del tiempo y el sacrificio del pueblo se irán descubriendo.

Es aquí donde vemos de qué modo continuar con este sistema de deudas, negociadas y renegociadas, que hipotecan nuestro futuro.

Georgieva, del FMI, felicitó al Presidente y a Guzmán por el acuerdo sobre la deuda | El CronistaEn el acuerdo con los bonistas se discutía el monto de las deudas y su forma de pago, se hablaba de cantidad de dinero. Con el FMI se habla de política; el FMI cumple el rol para el que históricamente fue creado: es el “custodio internacional del dólar” y por consecuencia del país y la economía que lo producen. Bonistas o “buitres” y FMI se complementan.

Con estas decisiones (el acuerdo con el FMI y el voto en la ONU) Argentina avanza otro escalón en el camino hacia el suicidio, por el que transita.

Arreglar con los bonistas, a pesar que estaban “flojitos de papeles”, fue seguir alimentando la destrucción del país. Ahora se completa esa nefasta maniobra negociando con el FMI. Lo hace el gobierno a pesar de tener todas las condiciones para plantear en los tribunales internacionales, el carácter “odioso” de la deuda que reclaman.

Es “odiosa” porque –el expresidente Mauricio Macri- no la contrajo para beneficiar al pueblo y los prestamistas sabían de tal situación.

El “clima” político y algunas encuestas

Si bien no hay mediciones posteriores al voto argentino en la ONU es probable que el mismo, de igual modo que afecta gravemente la interna oficialista, no tenga una repercusión importante en el voto masivo.

Alberto Fernández y Norberto Massa

Aunque sea prematuro y da una cierta vergüenza hablar de las elecciones en medio de la actual situación del país, resulta que este tema está en el trasfondo de la actividades y decisiones de los partidos y los protagonistas que se guían por ese hecho mágico.

En las encuestas hay tendencias sobre algunos temas que son muy parecidas en las diversas fuentes consultadas. Uno de esos aspectos compartidos está referido a las cuestiones consideradas más preocupantes. Todos coinciden que esa lista es encabezada por la desocupación, le sigue la inflación y en tercer lugar aparece la inseguridad. La economía es el tema que preocupa a e de cada 10 argentinos.

Otro tema, que las distintas encuestadoras perciben con valores semejantes, está referido a la caída de la imagen presidencial. Esa caída va desde una posición altísima, entre 60 y 80% de imagen positiva en marzo/abril, a otra que está entre 35 y 45% en la actualidad.

Ello va de la mano con la evolución de este coronavirus y el escaso efecto de las cuarentenas. En las últimas semanas la agudización de las dificultades económicas se ha constituido en los principales problemas actuales.

A partir de estas tendencias generales aparecen algunos datos electorales, con vistas a las elecciones de medio término del año próximo. En este caso las diferentes encuestadoras hacen evaluaciones diferenciadas.

Elecciones en Argentina: Alberto Fernández cierra filas con los gobernadores peronistas | Argentina | EL PAÍSAlgunas estiman un empate técnico que ronda en alrededor de 40 puntos, con el dato significativo que los sectores liberales rondan el 12% de los votos. Otras encuestas sostienen que el oficialismo mantiene notorias diferencias (42 a 31%) respecto a Juntos para el Cambio. Hay coincidencia en que los sectores liberales están terceros rondando el 10% de los votos.

Con respecto a perspectivas electorales, la pregunta que mayor inquietud provoca en los despachos oficiales es lo que puede acontecer en la Provincia de Buenos Aires. Si el peronismo ratifica su supremacía, ganando ese distrito, todos imaginan que los resultados generales terminarán favoreciéndolo.

De los datos de las encuestas surge que es difícil que algunas de las corrientes mayoritarias tenga el control absoluto en Diputados y nadie cree que el oficialismo pierda su notoria mayoría en el Senado.

A la pregunta sobre la fuerza más apta para sacar al país adelante, en la pospandemia, un tercio de los consultados respondió que: ¡Ninguno!

Se evalúa que un previsible crecimiento de la pobreza, no terminará afectando al oficialismo por su fuerte arraigo y organización en esos sectores. No olvidemos que –justamente- allí el mensual depósito estatal es la principal fuente de ingresos.

De todos modos la gran pregunta es si el gobierno estará en condiciones de mantener este equilibrio inestable sin que algunas de las variables económicas se escape del control y termine arrastrando al conjunto hacia una debacle generalizada.

Hoy los conflictos crecen, se multiplican pero no se unifican. De ese modo permiten su abordaje por separado. Por cierto que el mal clima social que se está generando es grave y justifica el dato que el 60% de las personas que tienen más de 18 años manifiesten su voluntad de irse del país.

En resumen, a pesar de sus dificultades, el oficialismo no aparece tan mal parado ante el próximo escenario electoral. El estallido de una hiperinflación, una fuerte devaluación, algún conflicto social que se salga de los carriles o la fragmentación política de sus fuerzas podrían ser las noticias que antecedan a su debacle.

Respecto a los riesgos de la fragmentación ambas fuerzas mayoritarias corren ese riesgo. Ello aparece más riesgoso cuando se habla del peronismo.

La cúspide de la coalición gobernante la comparten el cristinismo más duro y los sectores progresistoides del liberalismo socialdemócrata del Partido Justicialista capitalino. Esa fuerza dominante mantiene una alianza con el actual presidente de Diputados, Sergio Massa, quien aspira a encabezar un peronismo más tradicional con base en el interior, y por ese lado no es previsible una ruptura dada la conveniencia mutua de mantener esa alianza.

El problema central lo tienen con las fuerzas del interior y los gobernadores, quienes han agregado a sus históricas desconfianzas hacia los porteños (capitalinos) un cierto maltrato en estos meses de albertismo.

Algunos de ellos pueden avanzar hacia expresiones electorales propias. Ello les daría mayor fuerza en diputados y senadores y de esa manera defender con mejores condiciones los intereses de sus provincias y evitar ser succionados  por la hegemonía e intereses porteños.

 

* *Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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