El regreso permanente a Cuba: una charla con Leonardo Padura

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  • Sarelly Martínez Mendoza

 

Creador de Mario Conde, un policía que investiga entre las sinuosidades y los escombros de la Revolución Cubana, Leonardo Padura (La Habana, 1955) promueve su más reciente obra: Morir en la arena, cuya temática es un parricidio, pero que es sobre todo la crónica de la generación nacida en los cincuenta, que ha atravesado, a veces con ilusión, coraje o desolación, las diferentes etapas de Cuba en sus últimos 70 años. 

Padura explora reiteradamente los caminos interiores de Cuba, sus historias cotidianas y sus diásporas. Es una mirada sardónica del sueño de cambio convertido en desencanto y hasta en pesadilla. Desde ahí ha construido una de las voces más singulares y potentes de la literatura latinoamericana.

Su primera novela, Fiebre de caballos, apareció en 1988. Le siguió la tetralogía de Las cuatro estaciones, donde aparece el bohemio, melancólico, pero honesto buscador de la verdad, Mario Conde. En 2009 publicó su obra más celebrada: El hombre que amaba a los perros, donde recrea la historia del huidizo y nebuloso Ramón Mercader, asesino de Trotsky.

Morir en la arena, editado este año, es la novela del parricidio y, quizá, la crítica más franca al deterioro de La Habana y al gobierno cubano. Aclara, sin embargo, que su obra no busca ser panfletaria. Sus lazos con México son permanentes. Aquí encontró la inspiración para escribir sobre Ramón Mercader cuando visitó la Casa de Trotsky.

Estuvo en la Universidad Autónoma de Chiapas para presentar Morir en la arena, donde lo entrevisté, antes de viajar a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

-En uno de sus poemas, Jaime Sabines escribió un largo poema a la Revolución cubana, donde mencionaba que su tío Ramón, quien tenía 80 años, quería irse a vivir a la isla; otro escritor chiapaneco, Eraclio Zepeda, participó en Playa Girón, donde en unas cuantas horas pasó de soldado raso a cabo. Usted, ¿cómo ve esos momentos de fascinación por la Revolución a la luz del presente?

 La Revolución cubana fue un movimiento que marcó la historia de toda Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX, sin duda. Y fue una manera de ver que era posible que los destinos de los países tuvieran otra manera de dirigirse, de manifestarse, de concretarse. Hubo una enorme fascinación a nivel universal, pero muy especialmente en América Latina.

Ese proceso ha tenido altas y bajas a lo largo del tiempo, como es lógico, no solo por la propia evolución del proceso revolucionario cubano, sino por la propia evolución de las personas que han sentido esa fascinación. El tiempo es muy erosionante en muchos sentidos y la realidad va cambiando, se va imponiendo y cambia determinadas percepciones de ellas, porque la propia realidad obliga.

El proceso revolucionario cubano, sobre todo en el mundo que tiene que ver con los intelectuales, tuvo ese primer gran momento de una cercanía, de un enamoramiento, de una devoción por un movimiento popular, nacionalista, igualitario que se estaba haciendo en un país de América Latina. Las relaciones empiezan a transformarse a finales de los años 60 y en los 70 se producen una serie de acontecimientos que cambian la relación de los creadores con el poder y eso afecta la percepción que tienen muchos de los artistas con respecto a Cuba.

Hay instituciones que han mantenido una importante conexión con el resto del continente, es el caso de Casa de las Américas, que fue tan importante. Pero después las cosas han ido modificándose y no favorablemente. Todavía hay una imagen muy romántica de Cuba en muchas personas que responde a ese momento luminoso de los años 60, pero que tiene una conexión bastante poco real con lo que ocurre actualmente.

Porque está esa imagen romántica que no parte de un conocimiento profundo, cotidiano y visceral de la realidad cubana. Por eso, es entendible que muchas personas ya no piensen igual y sobre todo que haya desde Cuba, unas visiones muy críticas con respecto a la realidad que estamos viviendo en todos los sentidos.

La vida cotidiana cubana se ha complicado mucho; la disminución de los niveles de vida de la gente, es una realidad. Cuando alguien te dice: “bueno, pero en Cuba las cosas están bien”, hay que responderle: “ven a vivir a Cuba y vive como un cubano y tal vez tu percepción de lo que ocurre sea distinta”.

Algunos de mis libros abordan un poco esto. Mi última novela, Morir en la arena, habla del destino final de mi generación. Una generación que después de 40, 45 años de trabajo, se ve completamente empobrecida. Se convierte, en términos institucionales, en vulnerable. En realidad se convierte en pobre. Porque en un país donde la jubilación promedio puede ser de 2500 pesos y un cartón de 30 huevos vale 3000, te podrás imaginar cómo vive un jubilado en Cuba. De eso hablo bastante en Morir en la arena.

Leonardo Padura: “Morir en la arena” y el escepticismo - Izquierda Web-Sí, en Morir en la arena veo esta crónica del desastre; sin embargo, a usted lo han descalificado porque no critica lo suficiente al gobierno cubano. Pero yo veo en sus obras una profunda crítica al sistema, usted habla del deterioro urbanístico, de la corrupción, de las estrategias que se deben desarrollar para sobrevivir. ¿Cómo asume esas posturas que lo descalifican?

 Yo creo que mi escudo —siempre lo digo en un sentido para los que critican mi obra dentro de Cuba o fuera de Cuba por las cosas que yo planteo, las cosas que digo— está en mis libros. Si hay un documento escrito y publicado en Cuba que hable de las esencias de la realidad y del sistema cubano, es El hombre que amaba a los perros.

No tengo que explicar nada. No puedo usar mi literatura, no quiero usarla para consignas políticas. Creo que eso pertenece a otros sistemas, a otras posibilidades, pero no es una necesidad de la literatura y no quiero convertirla en literatura política aunque tenga lecturas políticas. Entonces, si quieren más, esas personas lo que tienen que hacer es ir a Cuba, ir a la Plaza de la Revolución y gritar las consignas que quieran gritar.

Padura: “Las posturas radicales no me gustan nada” - OnCubaNews-A menudo le preguntan por qué vive en Cuba, de por qué sigue viviendo en el barrio de Mantilla, pero yo quiero preguntarle ¿por qué lo dejan vivir en Cuba?

 No sé, porque no tengo esa respuesta. Sigo viviendo ahí. Hace muchos años a la poeta Dulce María Loynaz le preguntaron: “¿por qué usted sigue viviendo en Cuba?” Dulce María dijo algo, qué puedo decir yo también: “porque yo llegué primero”. Soy cubano por los 64 costados, esa es mi cultura, esa es mi manera de entender la realidad, la vida, el arte, la cultura; todo parte de esa pertenencia profunda a un sistema espiritual, cultural y psicológico, que es el ser cubano.

Me siento muy necesitado de esa cercanía. Afortunadamente lo que ha ocurrido es que he sido invisibilizado, pero no he sido perseguido. Es la verdad, y lo tengo que decir porque es cierto. Yo, con respecto a la realidad cubana —y ése es otro de mis escudos—, en mis libros y en mis declaraciones nunca encontrarás una mentira sobre Cuba.

La verdad puede ser que tenga distintas lecturas, la verdad es relativa, pero la mentira es absoluta y mentira sobre mi relación con Cuba y sobre lo que yo veo en Cuba, no vas a encontrar ninguna.

-Sí, usted lo ha plasmado y lo ha dejado muy claro en sus libros, por eso le decía que me parece muy desproporcionado cuando se le critica de esa manera. Me parece que se debe a que desconocen su obra.

 Primero, creo que no hay ningún poder político capaz de decidir qué cosa lee o no un ciudadano y segundo, que tampoco ninguna crítica puede exigirle a un escritor que escriba como ellos suponen que debe escribir. Eso es una cuestión personal. Las interpretaciones son diversas y las respeto. Puede haber alguien que diga que yo debería ser mucho más agresivo con respecto a esa realidad.

Esa agresividad, pienso, estaría fuera de los niveles y de las necesidades de la literatura y no me interesa tener una participación política activa y convertir a mi literatura en una declaración política, sino que permanezca como una literatura que pueda tener lecturas políticas.

– Usted ha construido su atmósfera para crear en su barrio de Mantilla. Usted, ¿podría escribir fuera de Cuba?

Creo que sí, creo que podría escribir en otros lugares y de hecho lo he probado en los últimos años, pero fundamentalmente el sitio donde mejor trabajo es en mi casa y ahí tengo las condiciones mínimas. Tenía muchos problemas con la electricidad y por eso tuve que poner los paneles solares porque mi mujer y yo trabajamos los dos en la casa y con los apagones era muy difícil mantener el ritmo de trabajo que los dos necesitamos.

Lo he probado: he escrito en Francia, en España, aquí en México, pero siempre, igual que mi literatura, parte de Cuba y regresa a Cuba; yo también parto de Cuba y regreso a Cuba. Ahí en mi casa, donde tengo, por supuesto, mi biblioteca, están mis rutinas más asentadas. Es donde mejor escribo realmente.

Esto me permite tener una economía que, por cierto, también me obliga a pagar una cantidad bastante alta en impuestos en Cuba. Cuando me dicen que la medicina en Cuba es gratuita, yo digo: “sí, es gratuita, pero yo pago el salario de varios médicos y varias enfermeras todos los años”.

– ¿Ya hay papel y voluntad política en Cuba para publicar sus libros más recientes?

Parece que papel no hay y voluntad política tampoco. Las últimas cuatro novelas no han salido en Cuba. No salió Ir a la Habana, tampoco salió el libro de ensayos Aguas por todas partes, es decir que los últimos seis libros que he publicado con Tusquets Editores no se han editado en Cuba.

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Montalbán /Padura, le face à face - Vie de La BrochurePadura reconoce sus influencias: de Manuel Vázquez Montalbán, dice, aprendió que era posible escribir una novela policial con “una alta responsabilidad artística” y lo comprobó al conocer a Juan Madrid, Andreu Martín, Juan Sasturain, Guillermo Saccomanno, Paco Ignacio Taibo II y Rafael Ramírez Heredia, el Rayo Macoy.

Le es muy cercana la literatura de nuestro país. Aquí estudió un semestre sobre la novela de la Revolución, que incluyó a Juan Rulfo y a Carlos Fuentes, quien por esa época estaba mal visto en Cuba por sus declaraciones políticas: “Yo he estudiado mucho Pedro Páramo porque soy especialista en Alejo Carpentier y, al hablar de lo real maravilloso, pues también tienes que hablar del realismo mágico”.

Confiesa que cuando estaba escribiendo su primera novela, Fiebre de caballos, se dio cuenta que estaba copiando el estilo de Fernando del Paso, de su Palinuro de México. Tuvo que reiniciar y encontrar su voz. Hoy mantiene buenas relaciones con varios escritores de nuestro país como Gonzalo Celorio, Hernán Lara Zavala, Juan Villoro y Jorge Volpi, entre otros.

Sobre los escritores de su generación, habla con entusiasmo de Javier Cercas, Juan Gabriel Vázquez, Héctor Abad Faciolince y Antonio Muñoz Molina, pero aclara que evita referirse a otros novelistas, porque es injusto enumerarlos en una entrevista.

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-¿A qué escritores cubanos considera injustamente poco conocidos pese a su indudable talento?

Abilio Estévez - Alchetron, The Free Social Encyclopedia
Abilio Estévez,

Con los autores cubanos ha pasado algo que es muy difícil de definir de una manera que sea totalmente convincente. Hay escritores cubanos, como el caso de Abilio Estévez, quien vive en España en estos momentos, que tuvo un primer momento en que se vio mucho su obra y después menos, y es que son movimientos pendulares que a veces ocurren.

Hay escritores en Cuba que no han tenido acceso a los grandes grupos editoriales o lo han tenido de manera parcial, y su obra no es suficientemente conocida. Otros que eran grandes promesas y después como que se han detenido. Decía Ambrosio Fornet hace muchos años, en un libro que estudiaba la evolución del cuento cubano en la primera mitad del siglo XX, que hay muchos escritores cubanos que son como los huracanes tropicales: llegan, pasan, se van y se extinguen.

-Eso me recuerda a Mario Vargas Llosa, quien en El pez en el agua dice que varios escritores de su generación estaban llamados a ser príncipes de las letras de Perú, pero que se desvanecieron por falta de disciplina, constancia o se perdieron en el alcohol. A propósito, ¿sigue volviendo a Conversación en La Catedral, que tengo entendido que es casi como un ritual cuando inicia una novela?

Mi relación con la literatura de Vargas Llosa es muy intensa. Creo que es un escritor que tiene alrededor de cinco o seis libros que están por encima de los más altos niveles de la literatura en lengua española. Ahí, por supuesto, está Conversación en La Catedral, La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo, La casa verde, en fin.

Es un escritor con el que tuve la posibilidad de tener una conversación pública en la inauguración del Festival Literario de Escribidores, que se realizó en Málaga hace tres años. Participé muy recientemente en Casa de América en Barcelona, en un homenaje que voy a retomar ahora en la FIL de Guadalajara.

Me han pedido algo que todavía no sé bien cómo va a ser y es un conversatorio-homenaje sobre Vargas Llosa en mi país. En Cuba, Vargas Llosa está considerado como el Anticristo. Pero voy a hablar sobre su literatura porque ocurre algo muy peculiar con su trabajo y con sus proyecciones políticas.

Si bien tuvo una militancia de izquierdas en su juventud, se fue radicalizando hacia una derecha neoliberal bastante fundamentalista en sus posiciones políticas, sin embargo, su literatura siempre tiene un aliento de izquierda y lo demuestra mucho en Tiempos recios, que es una de sus últimas novelas sobre la intervención norteamericana en la Guatemala de Jacobo Árbenz.

Es un libro que tiene un aliento antiimperialista muy evidente. Entonces, hay que ver a Vargas Llosa en los dos sentidos: en su complejo mundo ideológico y literario. En cuanto a su creación, pues estimo muchísimo esa capacidad de Vargas Llosa de crear estructuras.

Sus libros son catedrales, no sólo conversaciones. Conversación en La Catedral tiene una estructura impresionante. Un libro que hay que leerlo con los cinco sentidos sobre cada página, porque te cambia de tiempo verbal y te está cambiando de época.

Cuando lees La casa verde tienes que estar muy atento para saber quién está hablando, por qué y dónde está hablando. Cuando lees La guerra del fin del mundo, aprendes una lección de cómo se manipula al lector, porque es una novela en la que sabes desde el principio que los rebeldes de Canudos no van a tener la victoria en su movimiento y todo el tiempo estás deseando que marchen contra la historia real y por lo menos en la novela salgan vencedores en sus demandas, en su conflicto con el poder en Brasil. Entonces creo que cada libro de Vargas Llosa, sobre todo esas grandes novelas, son lecciones de literatura.

– Chiapas perteneció por casi tres siglos al Reino de Guatemala, así que los chiapanecos tenemos muchos aspectos en común con ese país. Cuando leí Tiempos recios encontré giros coloquiales nuestros que Vargas Llosa recuperó, obviamente, de manera magistral. A propósito, hay un aspecto novedoso que se ha registrado en la frontera sur: la presencia de migrantes cubanos que en algunos momentos han sido más de diez mil. ¿Qué le dice esta situación?

 Los cubanos durante muchos años tuvieron un reclamo importante que era tener libertad para viajar. Ha sido una condición lamentable en los países socialistas que han limitado la posibilidad de movimiento de las personas. En Cuba, para viajar, tenías que tener una autorización oficial que te permitía tener un pasaporte para acceder a un visado.

-Si tenías ese visado podías ir a ese otro país, pero con una carta de invitación y con muchas condiciones para poder hacerlo. Desde hace 10 o 12 años, los cubanos ya pueden tener habilitado un pasaporte y viajar. En los años anteriores a la pandemia salió mucha gente de Cuba, pero mucha regresó porque había todavía unas condiciones económicas en el país que daban un cierto sentido de que era posible que las cosas mejoraran.Personas decentes / Decent People (Serie Mario Conde, 10) (Spanish Edition)

De eso hablo bastante en mi novela Personas decentes, que se desarrolla en el año 2016. Pero después de la pandemia, las condiciones económicas de Cuba han ido en picada descendente absoluta. Estamos viviendo lo que se llama una policrisis, que llevó a que en 2021 saliera mucha gente de Cuba.

De esas personas, la gran mayoría, salía por la vía de Nicaragua, que no pedía visados, y desde Nicaragua empezaban ese tránsito hacia la frontera sur de los Estados Unidos que implicaba el paso por México. Tapachula se convirtió en un punto a partir del cual comenzaba el recorrido mexicano de esas personas.

Con la llegada de la administración Trump y el cierre prácticamente de la frontera, pues mucha de esa gente se ha quedado varada en Tapachula, y es una manifestación de hasta qué punto las condiciones económicas y sociales en Cuba se han deteriorado. Es una emigración que no ha cesado, no es tan visible ahora en estos momentos, pero sé que hay una gran cantidad de cubanos que están viajando hacia Brasil, y se están yendo sobre todo hacia la ciudad de Curitiba, que se ha convertido en la Tapachula brasileña, por posibilidades económicas y laborales que tienen allí.

Esto responde sobre todo a esa situación que ahora mismo, durante todo este año, las dos o tres quintas partes de Cuba han quedado a oscuras. Es decir, han estado con apagón. Ciudades y pueblos que viven con 16 horas diarias de corte eléctrico. Te podrás imaginar qué vida se puede tener en una sociedad contemporánea con 16 horas sin electricidad.

-Una última pregunta, ¿qué se lleva de Chiapas?

-Todavía me falta por saber cosas. Me llevo muchas preguntas. Y para que veas que no te miento -me muestra una libreta con anotaciones-. Este es un mundo muy complejo, muy difícil de poder entender en todas sus dimensiones.

Estoy pensando si en mis crónicas para El País escriba sobre este contacto con el mundo chiapaneco, pero es tan insondable que no sé si seré capaz. Decía el otro día en una de las presentaciones, que apenas podré hacer lo que José Lezama Lima definió también con respecto a

muchas cosas, pero en este caso, con respecto a esta realidad chiapaneca: apenas podría hacer un rasguño en la piedra, pero porque sé que hay mucho que no sería capaz de entender.

Recuerda que en su ensayo sobre lo real maravilloso, Alejo Carpentier inicia un viaje que empieza en el oriente lejano y va acercándose y cuando llega a Europa dice: “empiezo a entender algunas regularidades porque empiezo a entender las lenguas, porque si no entiendes, cómo hablan las personas de determinadas culturas, difícilmente podrás comprender su psicología”.

Entonces, si me dicen que aquí hay 12 lenguas indígenas oficiales, pues te podrás imaginar lo difícil que es poder entender la densidad cultural de Chiapas. Pero ese rasguño en la piedra me ha iluminado de muchas cosas, y es una demostración, una vez más, de hasta qué punto esa contradicción entre civilización y barbarie que empezó a teorizar Domingo Sarmiento en Argentina en la mitad del siglo XIX, es todavía una realidad en América.

Y es una realidad en Chiapas, porque no podemos, ser capaces de no saber valorar determinadas culturas por nuestra incapacidad de conocerla, porque cada cultura es la expresión de una civilización, de una sociedad, de una época, y aquí hay muchas culturas que realmente tienen una enorme profundidad, que tal vez expliquen mejor que otras determinadas realidades de los comportamientos humanos.

 

*Profesor de la Universidad Autónoma de Chiapas. Publicado en Nexos