El posmujiquismo

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Marcos Rey – Brecha

Con una militancia despolitizada y la sensación de que falta “oxigenar” las ideas sobre cómo avanzar hacia el socialismo y la liberación nacional, el Mpp evaluará en julio lo que dejó el ciclo electoral. Entre algunos dirigentes sobrevuela la idea de que la derrota de Lucía Topolansky en Montevideo dejó al descubierto las carencias que tiene la organización y las limitaciones de las alianzas con otros sectores de la izquierda frenteamplista.

Pese a que el Mpp tiene la bancada parlamentaria más numerosa, algunos admiten que no han logrado anclarse en los sindicatos ni en las organizaciones sociales. Con el peculiar caudillismo de José Mujica crecieron en las urnas, pero a costa de haber personalizado la política. No hace falta, entonces, esperar a que Mujica abandone la primera plana de la política uruguaya para preguntarse cómo seguirán entrelazados el Mln, el Mpp, el Espacio 609 y el Grupo de los Ocho (1), ni cómo están procesando el recambio generacional. La era posmujiquista está en marcha.

No es novedad que la potencia electoral del Movimiento de Participación Popular (Mpp), “la fuerza que Pepe construyó”, aparece estrechamente ligada al devenir caudillista de José Mujica. Con el ex guerrillero tupamaro como mariscal en los combates electorales, el Mpp consiguió, por tres veces consecutivas, quedarse con cerca del 30 por ciento de los votos de todo el Frente Amplio (FA), tanto en las elecciones nacionales de 2004 y 2014 –cuando fue electo senador– como en las de 2009, luego de que a pedido de “la barra” se postuló a la Presidencia y acabó plantando bandera en la Torre Ejecutiva.

Desde el retorno de la democracia, hace 30 años, ningún otro sector frenteamplista se ha mantenido como puntero en la premier league electoral durante tanto tiempo. Pero, dicho eso, a pocos escapa que el exitoso de-sempeño electoral del presidente “más pobre del mundo” es intransferible, como lo probaron en carne propia dos escuderos de la vieja guardia tupamara que fueron abatidos en las urnas. Primero cayó Ernesto Agazzi, derrotado en 2012 por la socialista Mónica Xavier –que obtuvo el doble de votos– en las primeras elecciones internas del FA. Luego fue abatida Lucía Topolansky cuando el mes pasado otro socialista, Daniel Martínez, le arrebató cómodamente la Intendencia de Montevideo, también con el doble de los votos.

Dos derrotas que activan las alertas de cara a una era sin Mujica, sobre todo la reciente fuga de 81 mil montevideanos del Mpp entre octubre y mayo. Con la religiosa conducta de hacer “balances y perspectivas” y delinear “tácticas y estrategias”, la dirección nacional del Mpp debatirá a mediados de julio, con los documentos del IX Congreso de 2013 en las manos, un plan de trabajo para reposicionarse en el tercer gobierno frenteamplista que encabeza Tabaré Vázquez, otro (ex) socialista. Con una demanda insatisfecha en términos de pensamiento estratégico, también los tupamaros –núcleo desde donde se gestó la experiencia emepepista– se aprontan para regresar con una convención del Movimiento de Liberación Nacional (Mln) a fin de año, luego de que la última fuera en el lejano 2002.

La era está pariendo

Entre las preocupaciones que la “barra” del Mpp admite públicamente frente al inicio de la era posmujiquista está la de reorganizar a la militancia y politizar a los simpatizantes que, como dejó en evidencia el ciclo electoral, entran y salen por una puerta giratoria. La derrota de Topolansky puso frente al espejo al aparato militante y desmitificó los límites de la “aplanadora” del Mpp. En privado, varios dirigentes cuestionan ciertas alianzas electorales, pero apuntan sobre todo a que no han logrado tender puentes sólidos con las organizaciones sociales y el movimiento sindical.

Algunos diagnósticos internos son menos alentadores. El histórico dirigente tupamaro Julio Marenales entiende que el Mpp se convirtió en un “grupo juntavotos” que “no tiene ideología”, según dijo en una entrevista que concedió a Brecha desde el retiro que se autoimpuso en el litoral salteño. Unos años atrás lo había calificado de “gigante estúpido”, exitoso electoralmente pero sin capacidad para politizar a sus militantes. Distanciado de la dirección partidaria del Mpp, Marenales insiste con la falta de pensamiento estratégico y sugiere incluso que el Mln ya no tiene razón de ser. Es que, a su juicio, el gobierno de Mujica “se quedó en el progresismo”, mientras que la estructura partidaria fue “cooptada” por el sistema.

Los dichos de Marenales no habrían sorprendido a sus compañeros, acostumbrados, dicen, a lidiar con las provocaciones de la vieja guardia. “Es un poco el estilo de los viejos, que, al igual que el Pepe, les gusta provocar. Marenales es un referente importante para nosotros y siempre se caracterizó por lanzar afirmaciones fuertes para promover el debate. Pero si realmente pensara eso no estaría participando como lo está haciendo”, matiza el diputado Alejandro “Pacha” Sánchez.

Pese a ello, el equilibrio entre la masificación y la politización representa un debate recurrente que no sólo aparece con la crudeza con la que lo presenta Marenales. “Tuvimos bastantes éxitos electorales, pero quedamos flacos en organización política”, admite a Brecha Andrés Berterreche, primer suplente de Mujica en el Senado y ex director del Instituto de Colonización. “Lo que nos preocupa es que mucha gente que participó en la campaña electoral no se convierta luego en militante, y que (el Mpp) no esté organizado para cumplir con esa función.” Como ejemplo de este desacomodo, Berterreche entiende que están “discutiendo muchas cosas a influjo de la zanahoria que nos ponen los medios. Eso es parte de la desorganización. Corremos atrás discutiendo lo que dice tal o cual medio”.

En una línea similar razona Sánchez cuando explica a Brecha que el Mpp tiene “problemas de posicionamiento” y de capacidad para “reaccionar” frente a la velocidad con que se instalan los temas. Por ejemplo, el rumor de que el emepepismo promovería a Mujica como presidente del FA. “Eso nunca lo discutimos en la interna. Nos instalan temas desde fuera y si no tomás posición rápidamente quedan instalados” (pese a que la semana pasada el ex presidente dijo que “ni en pedo” se postulaba).

Aunque el IX Congreso del Mpp en 2013 volvió a laudar que el socialismo y la liberación nacional siguen siendo los horizontes de la agrupación, no pocos en el Mln cargan con la frustración de haberse limitado a corregir las aristas más negativas del capitalismo sin cambiar de forma revolucionaria, sustantiva, la sociedad. Los gérmenes poscapitalistas –como la “velita” hacia el socialismo que prendió Mujica con el Fondes (2) – aparecen para estos dirigentes como ensayos insuficientes.

Preocupa también cómo darle consistencia ideológica a la política de alianzas “frentegrandista”, de cuño sendiquista, que campeó durante estos años. Con el señalero hacia la izquierda y para entrar al FA, la vieja guardia tupamara creó en 1989 el Mpp, junto a grupos minoritarios recostados en el socialismo revolucionario. (3) Pero con fuertes debates internos por los costos y beneficios del corrimiento hacia el centro en pleno auge del neoliberalismo, perdió a casi todos esos pequeños agrupamientos en los noventa. Con un señalero que procuraba un alcance más amplio, incluso con llegada al centro, el Mpp –a donde se trasladó toda la acción política– fundó en 2001 el Espacio 609 y tendió los puentes hacia los díscolos blancos y colorados y los medianos productores rurales, aun a riesgo de tragarse “sapos y culebras”. Esta moderación ideológica no sólo colaboró con el triunfo del Frente Amplio, sino que permitió blindar a los ex guerrilleros contra el fantasma de la insurrección radicalizada que agitaron, sin tregua, las cúpulas de los partidos tradicionales. Pero también significó la creación de una suerte de matrioska política, una estructura superpuesta sobre la otra. Esa amplitud ideológica, esa superposición de ropajes políticos, parece viable con un liderazgo centrífugo como el de Mujica.

La herencia

Como herederos de parte del arsenal mujiquista, al menos para disputar elecciones, no parecen viables los grandes “tótems” de la vieja guardia tupamara: o porque no han sido competitivos (Agazzi y Topolansky) o porque están entrampados en puestos de alta sensibilidad y desgaste, como es el caso del ministro del Interior, Eduardo Bonomi. No pocos aguardan expectantes el desempeño que puedan tener los intendentes electos de Rocha (Aníbal Pereyra) y Canelones (Yamandú Orsi), así como qué influjo efectivo puede lograr la “barra joven” que repite en Diputados (Alejandro Sánchez, Sebastián Sabini y Daniel Caggiani).

Más enigmático resulta el lugar que tendrán actores periféricos de la estructura partidaria, como la ministra de Industria, Carolina Cosse, o el ex candidato a la Intendencia de Cerro Largo Luis Fratti. “Acá hay una dificultad que es clara: los grandes popes que han conducido al Frente Amplio se están acercando al pozo, al decir de Pepe Mujica”, responde Sánchez, al ser consultado sobre el recambio generacional. Pero inmediatamente le quita dramatismo: “Los recambios en Uruguay han sido por duelo o por derrota política. En el Mpp estamos en condiciones de hacerlo de otra manera, porque venimos realizando una apuesta fortísima a los jóvenes en cargos de responsabilidad. La idea es no caer en que el recambio generacional se hace en sustitución de otros, ni en apostar al decretazo”.

En su opinión, el Mpp debe promover a una “barra grande”, de distintos orígenes sociales y edades, para ver quién logra comunicar mejor y generar empatía con la gente. “El problema es que si no organizamos un debate en el Frente Amplio, van a terminar pesando los proyectos personales y no los proyectos colectivos. Y más que en lo generacional, hay que pensar en las ideas de recambio.”

Pero como ese impreciso espacio llamado “mujiquismo” se nutre de una sensibilidad política más vasta que la que delinean los porosos límites de la matrioska del Espacio 609, no pocos han visto como un potencial heredero a Raúl Sendic (4), señalado por Mujica como una suerte de ahijado político. Con todo, sigue siendo un acertijo cómo se posicionará el vicepresidente en los próximos años, dado que por ahora parece hacer equilibrio entre Tabaré Vázquez y José Mujica. Aunque su agrupación, la 711, se nutre de cuadros profesionalizados formados al influjo del Frente Juvenil del Mln durante los años ochenta y noventa.

Pese a todo parece poco probable que la era posmujiquista se abra mientras Mujica siga rondando activamente en la política. Si bien opera como un aglutinador hacia adentro del Espacio 609, no se caracteriza por encolumnar ni disciplinar a los suyos. En todo caso ejerce un “liderazgo lejano”, opina el politólogo Oscar Bottinelli. Sánchez lo describe así: “La forma de dirigir del Pepe no es la de ordeno y mando. Participa como uno más en las actividades. No tendría sentido que Mujica fuera el vocero de la bancada del Mpp, porque eso contribuiría a reforzar la construcción artificial de que el gobierno se divide entre mujiquistas y vazquistas. Tenemos que construir una lógica distinta. En eso el viejo está analizando correctamente. No se ha transformado en el vocero del Mpp sino que, por su peso político, está tratando de opinar sobre otros temas y desde otros lugares”, reflexiona Sánchez.

Algunos vaivenes del último tramo de la administración de Mujica, sin embargo, complican una lectura lineal. No haber transparentado el ingreso de Uruguay al Tisa (5) o haber firmado en los descuentos de su mandato –también de callado– un decreto para construir un monumento a la reconciliación con armas fundidas de militares y tupamaros, desacomodó a propios y extraños. Pero fueron sus dichos en el libro Una oveja negra al poder, de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, los que cayeron como un balde de agua fría en la interna frenteamplista e incomodaron incluso al Mpp, aunque no lo exprese en el ágora pública.

Oxigenar las ideas

Con vistas a la era posmujiquista, una preocupación reconocida es cómo fortalecer la usina de ideas del Mpp, el Centro Artiguista de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Cadesyc), creado en 2002. También lo es redimensionar el Fondo Raúl Sendic, creado en 2005 para financiar microproyectos productivos. Pero, sobre todo, cómo procesar una renovación ideológica. “Hace falta oxigenar un poco las ideas, presumo que a veces estamos discutiendo con libros un poco viejos. No por viejos son malos, sino simplemente que estamos paralizando algunos debates por ideas que han perdido vigencia para explicar lo que estamos viviendo”, reflexiona Sánchez.

A modo de ejemplo cita los recientes libros del economista francés Thomas Piketty. Además de proponer un impuesto mundial a la riqueza (recoge el planteo de James Tobin), este académico de la economía, considerado por algunos críticos como el “Marx del siglo XX”, afirma que cuando la tasa de acumulación del capital crece más rápido que la economía, la desigualdad se incrementa. “¿Qué hacemos con eso? –se pregunta Sánchez–. ¿Nos vamos a conformar con que la distribución del ingreso sólo es posible cuando la economía crece? ¿No tendremos que empezar a discutir la distribución cuando la economía no crece a tasas elevadas?, dispara con un ojo en la interna partidaria y otro en el discurso hegemónico del equipo económico.

La tensión entre el pragmatismo y los anclajes ideológicos también es un debate recurrente entre los tupamaros. Un nuevo capítulo se insinuó con la discusión del Tisa. Aunque todo parece indicar que el Mpp se encamina a tomar una posición contraria a la firma del tratado, que haya sido Mujica quien introdujo, en voz baja, al país en las negociaciones descolocó a la dirigencia. Pese a ello, se matiza: “Hasta ahora nadie ha defendido al Tisa en el Mpp, porque en el tema de fondo, lo que implica este tratado, estamos de acuerdo. Puede haber diferencias en la táctica de estar o no en las negociaciones”, admite Sánchez, el único dirigente del Mpp que firmó una carta de rechazo al acuerdo de servicios junto a comunistas, socialistas, sindicalistas e intelectuales de izquierda. Además de Sánchez, también los diputados Sebastián Sabini, Daniel Caggiani y Daniel Placeres están en contra del Tisa, según las consultas que realizó Brecha. Otros, como Andrés Berterreche o Ivonne Passada, prefieren no adelantar una posición mientras no procesen un debate interno.

A diferencia de otros frenteamplistas –los comunistas y los socialistas ortodoxos (pero no sólo) han declarado públicamente su rechazo al Tisa–, esta “tibieza” que admiten en privado algunos dirigentes respecto al posicionamientos, del Mpp no es nueva. Cuando se debatió la firma de un tratado de comercio con Estados Unidos, durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez, fueron los comunistas y los socialistas liderados por el entonces canciller Reinaldo Gargano los que enfrentaron con dureza la posición de Danilo Astori, mientras que el Mpp quedó en una segunda línea opositora, más medida.

Con todo, a pesar de no hacer mucha ola con el tema, la “barra joven” del Parlamento apunta a una pronta definición: “Me parece importante que tomemos una posición clara sobre el Tisa, porque no podemos mirar para el costado cuando somos la bancada mayoritaria del FA. Pero como somos netamente oficialistas no lo haremos para oponernos a Tabaré, sino para discutirlo internamente, porque los tratados sólo se pueden aprobar o rechazar en el Parlamento, pero no se pueden modificar”, opina Sabini. “Al firmar la carta no estoy forzando al Mpp a que se oponga –dice Sánchez–. Pero creo que hay ambiente para manifestarse en contra, y se hará en la medida que sea oportuna una manifestación pública. Por ahora el Mpp está conformando su opinión (…). Pero te puedo garantizar que Mujica ha dicho que el Tisa, así como está planteado, es infirmable.” No obstante, desliza una cierta discrepancia con la táctica empleada: “Personalmente creo que hubo demasiado pragmatismo en las decisiones que se tomaron, sobre todo por aquello de ser y parecer. Porque podés decir ‘no voy a entregar la soberanía del país’; bueno, pero además de estar convencido de eso tenés que parecerlo. Y la decisión del gobierno de ingresar al Tisa dejó un flanco abierto”.

Con múltiples flancos abiertos en la interna del Mpp, como la renovación generacional e ideológica, la politización de los militantes y los anclajes electorales, sociales y sindicales que puedan desplegar en la era posmujiquista que se ha iniciado, los acaudillados por el presidente “más pobre del mundo”, con la bancada legislativa más numerosa de la izquierda frenteamplista, tienen un arduo desafío: reciclarse sin Mujica.

Notas de Correspondencia de Prensa

1) Alianza con el Partido Comunista y otros grupos del Frente Amplio.
2) Fondo de Desarrollo Social (Fondes), para financiar “proyectos productivos” y empresas “auto-gestionadas”.
3) Al inicio, el Mpp estaba integrado por el MLN, Movimiento Revolucionario Oriental (MRO), Partido Por la Victoria del Pueblo (PVP), Partido Socialista de los Trabajadores (PST), y por militantes independientes como el abogado laboral Helios Sarthou (1926-2012). De esos componentes fundacionales solamente queda el Mln.
4) Actual vicepresidente de la Republica, hijo de Raul Sendic Antonaccio (1925-1989), principal dirigente y fundador del MLN.
5) Acuerdo de Comercio de Servicios (Trade In Services Agreement , TISA en sus siglas en inglés).