El bolsonarismo viene perdiendo la batalla cultural en Brasil

La educación política es contenido obligatorio desde julio

Gustavo Veiga

El Supremo Tribunal Federal brasileño declaró inconstitucional el programa Escola sem Partido, una censura educativa que impulsó Jair Bolsonaro. El 73% de los brasileños apoya que la escuela enseñe sobre política.

Camino a las elecciones del 4 de octubre, en Brasil se proyecta cómo seguirá la batalla cultural planteada por la extrema derecha en un ámbito propicio para darla. El universo educativo en los diferentes niveles de enseñanza. El problema para el ideario bolsonarista es que el debate que instaló el expresidente condenado por golpista lo viene perdiendo por goleada. Una encuesta arrojó que el 73% de la población acepta la formación política y no partidaria en las escuelas.

En 2027 se promoverá un plan para hacer todo lo contrario al programa Escola sem Partido que había impulsado Jair Bolsonaro durante su mandato (2018-2022). En aquel momento, militarizó la educación, instaló policías en los colegios y estimuló la delación de maestros y profesores por presunto adoctrinamiento. Pero el Supremo Tribunal Federal (STF) le propinó una dura derrota cuando se pronunció contra el proyecto medieval por antidemocrático. Un traspié tras otro de estas ideas dejaron a la intemperie cada intento por regresar al pasado.

Políticos ultraderechistas como Flavio Bolsonaro y Javier Milei se proponen como abanderadosEscola Livre e Escola sem Mordaça: as respostas ao Escola sem Partido ... de una guerra cultural que vienen perdiendo. Las comunidades educativas de sus respectivos países se lo están haciendo notar. En Brasil, la corriente Escola sem Partido, nacida en 2003, se quedó sin la fuerza que había ganado bajo la presidencia del militar sentenciado a 27 años y 3 meses de prisión. Fue clave un fallo del STF que en febrero pasado, dictaminó de forma unánime la inconstitucionalidad de las leyes municipales y estatales basadas en aquel programa.

Argumentó que los municipios no tienen competencia legislativa para alterar las normas que rigen a la educación nacional, una atribución exclusiva de la Unión, la máxima jerarquía del Estado federal. Además, el STF determinó que el plan Escola sem Partido era una forma de censura previa y atentaba contra la pluralidad de ideas garantizadas por la Constitución de 1988. La misma que se dio Brasil después de la extensa dictadura cívico-militar (1964-1985).

La perspectiva bastante posible de que Lula sea el vencedor en los comicios y alcance su cuarto mandato presidencial estimula ciertas decisiones en sectores de la educación que repudian a la extrema derecha. En un hecho reciente, la Universidad Federal de Río de Janeiro revocó el doctorado honoris causa que se le había otorgado en 1941 al dictador portugués Antonio Salazar. La medida fue tomada por el Consejo Universitario Federal el 27 de agosto.

Las bases históricas del bolsonarismo - CLAEPero no solo se percibe una universidad movilizada por este tipo de sanciones simbólicas contra un dictador, como fue el tirano perpetuo que gobernó desde Lisboa entre 1932 y 1968 (36 años). El sitio digital Carta Maior publicó en los últimos días la siguiente noticia: “El Sindicato de Maestros del Sistema Educativo Oficial del Estado de San Pablo, Apeoesp, presentó una denuncia ante la Fiscalía solicitando una investigación contra un director regional de educación que supuestamente sugirió los nombres de Hitler y Mussolini como referencias de liderazgo”. El medio le atribuyó decir al funcionario educativo: “Pueden leer biografías en general, es estimulante, incluso las malas”.

La educación política es obligatoria desde julio de este año, cuando el Poder Ejecutivo sancionó la Ley nº 15.468/2026, como contenido obligatorio junto a los derechos de ciudadanía en toda la educación básica del país. La norma se incluye en la Ley de Diretrizes e Bases da Educação Nacional (LDB), que tiene un enfoque estructural y no partidario que no consiste en promover partidos ni ideologías, pero sí en combatir el analfabetismo político.

El Consejo Nacional de Educación (CNE) será el encargado de reglamentar cómo se distribuirán estas horas y contenidos camino a su adopción definitiva en el ciclo lectivo del año próximo. Fue una derrota contundente para el ideario bolsonarista.

La guerra cultural bolsonarista se alimenta de una mezcla entre la Doctrina de Seguridad Nacional de la Guerra Fría y una interpretación histórica delirante extraída de un proyecto revisionista de la línea dura del ejército brasileño.

Pero el retroceso de la extrema derecha no ha sido apenas en el plano jurídico o dentro de la comunidad educativa. De acuerdo con encuestas de opinión pública, el 73% de los brasileños apoya que la escuela enseñe sobre política y cuestiones sociales. Ha primado el criterio de que el debate democrático e institucional es un pilar fundamental para la formación de los estudiantes.

Lejos quedaron los años de Bolsonaro en el gobierno con su impronta autoritaria y su influencia en los planes de enseñanza. El movimiento Escola sem Partido cobró gran fuerza en 2018 con la llegada al Planalto del presidente que reivindicaba la dictadura del ’64. Pero en rigor, fue una iniciativa que surgió en 2003 cuando Miguel Narciso Urbano Nagib, abogado y fiscal del estado de San Pablo, en septiembre de ese año denunció que el profesor de historia de su hija intentaba “adoctrinar” a los alumnos. Según él, había comparado en clase la figura de San Francisco de Asís con la de Ernesto Che Guevara.

En aquel momento, el movimiento que había nacido como Escuela Sin Partidos Políticos (ESP) dio pie a iniciativas de padres, tutores y estudiantes preocupados por la supuesta contaminación política e ideológica en las escuelas, tanto en la educación básica como superior. Las críticas de la ESP no solo alcanzaron al modo de ver la historia en el sistema de enseñanza. También la emprendió contra la incipiente ideología de género.

Los primeros días del militar en el gobierno y ahora preso por instigar un golpe de Estado contra Lula en enero de 2023 —que se quedó en el intento— marcaron la mayor ofensiva en el mundo educativo contra la libertad de cátedra y las corrientes progresistas en el sistema de enseñanza.

Santa Catarina, acaso el estado más conservador de Brasil, tomó la delantera con la ESP. Muchos candidatos ventilaron sus ideas más reaccionarias y hasta se convirtieron en legisladores.

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Es el caso de Ana Caroline Campagnolo, profesora de historia y una de las participantes más fervientes de la ESP. Fue elegida diputada estadual por Santa Catarina representando al Partido Social Liberal (PSL) en 2018. Y tuvo su cuarto de hora de notoriedad por su campaña para denunciar a los “docentes adoctrinadores”. Se declaró entonces una ferviente admiradora del gurú de la extrema derecha brasileña y asesor de Jair Bolsonaro, el ya fallecido Olavo de Carvalho. Una vez elegida en la Asamblea Legislativa catarinense, propició un homenaje al astrólogo y difusor de las teorías conspirativas.

Es tal el declive de las ideas pedagógicas de la extrema derecha, que se ha instalado la idea de regular más a la educación privada desde el Estado. El artículo 209 de la Constitución Federal así lo establece, ya que “la iniciativa privada está abierta, siempre que se den las siguientes condiciones: el cumplimiento de las normas generales de la educación nacional y la autorización y evaluación de la calidad por parte de la autoridad pública”.

Flavio Bolsonaro es un candidato más indefenso que su padre cuando compitió por la presidencia en 2018, a no ser que Trump se entrometa con todo en las elecciones del 4 de octubre. Ya pasó aquella ola de conservadurismo y militarización de las escuelas, se desmontó la Escola sem Partido y, encima, el candidato de la extrema derecha incluyó en su currículum un posgrado que jamás había realizado, por lo que tuvo que dar explicaciones. Su propuesta educativa prioriza la enseñanza de matemáticas, ciencias y portugués y combatir el meneado adoctrinamiento. Quiere seguir con la batalla cultural para cambiar los contenidos escolares. Pero es muy difícil que revierta la historia.

* Periodista y docente por concurso de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA)  y de la tecnicatura de Periodismo Deportivo en la Universidad de La Plata (UNLP). Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)