Diez lecciones de la guerra de Trump a Irán

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Mario Campa – Diario Red

El petróleo sigue siendo la llave geopolítica maestra; Trump hizo a Putin grande otra vez; la inflación y los mercados son mejores camisas de fuerza que la moral del presidente de Estados Unidos; la apuesta China por la descarbonización premiará en el mediano plazo. Aquí 10 premisas para analizar la guerra.

1.El petróleo no es tan obsoleto como algunos pensaban. En 2018, un político mexicano (Ricardo Anaya) aseguró en campaña que el petróleo no valdría nada y que, por tanto, había que abandonar la política sectorial. Tanto el candidato como la frase envejecieron mal. No solo el petróleo abarca más usos que la mera gasolina regular, como son la turbosina o el diésel, más difíciles que sustituir; además, el petróleo acompaña la producción de gas y fertilizantes que forman el espinazo energético del mundo, sin mencionar que es la base de los plásticos. A contrapelo de la hipótesis de obsolescencia, la guerra a Irán demuestra que el cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, puede alterar de súbito las cadenas de suministro e incluso ser arma de defensa para repeler una calamidad.

2. El petróleo sigue siendo la llave geopolítica maestra. El tiempo validó la hipótesis de que en Venezuela habían actuado intereses militares y económicos antes que un mero choque ideológico entre el trumpismo y el madurismo. La guerra a Irán delata que el petróleo abre y cierra muchas puertas a la vez. Para muestra, tras el encarecimiento del precio, Rusia tuvo ganancias extraordinarias que le permiten mantener activo el frente de guerra en Ucrania.

3. Irán no es Venezuela. Si Trump creía que cortar una sola cabeza de la noche a la mañana, como la de Maduro en Venezuela, iba a bastar para arrodillar a un país entero, estaba equivocado. El asesinato del ayatolá no alcanzó para un cambio de régimen expedito ni para un cese al fuego ventajoso que tranquilizara a Netanyahu e Israel. Irán, con una mayor población y la capacidad de repartir los costos de la guerra entre sus vecinos, salió más respondón que una Venezuela atada de manos que ofreció el petróleo como moneda de cambio.

4. La soberanía energética es mucho más que simple y llana retórica. En momentos de máximo estrés, como una disputa comercial o una guerra abierta, la poca dependencia nacional en las importaciones de gas, petróleo, carbón y fertilizante obsequia un premio de certidumbre. En el mejor caso, cuando los países son exportadores netos, puede incluso actuar como un comodín negociador y otorgar ganancias extraordinarias para amortiguar tragos amargos. El Sur Global aprende a las malas la importancia de la planeación estatal y las ventajas comparativas dinámicas que la transición verde puede generar.

5. La inflación y los mercados son mejores camisas de fuerza que la moral de Trump. El presidente estadounidense declaró en algún momento que el mundo dependía de su brújula ética y no de la legalidad internacional. En realidad, el círculo de intereses que rodea a Trump y el castigo de las caídas bursátiles a la imagen de presunto ganador prueban ser más eficaces para contener los impulsos destructores que habitan la Casa Blanca. La colección de tuits y discursos contradictorios por la evolución del precio del petróleo y el propio parámetro de éxito fijado en los retornos bursátiles delatan que, detrás de una inconvincente cara de jugador de póker, Trump escucha más a los mercados que a la comunidad internacional, sus asesores y su conciencia.

6. La apuesta China por la descarbonización premiará en el mediano plazo. Los generosos subsidios a consumidores y a fabricantes de autos eléctricos, páneles solares y baterías probaron ser efectivos para restar dependencia de las importaciones de combustibles fósiles. En la coyuntura actual, economías asiáticas como Japón, Corea y Vietnam dan muestras de mayor vulnerabilidad que China ante potenciales choques energéticos. Además de restar dependencia de Medio Oriente, el crecimiento bestial de las energías renovables en China será un mecanismo preventivo para evitar futuras agresiones directas o indirectas de Estados Unidos, sin mencionar otras ventajas económicas y militares como los excedentes energéticos para aumentar el atractivo de las inversiones en inteligencia artificial.

7. Trump hizo a Putin grande otra vez. Rusia es un protagonista de los mercados energéticos globales. La guerra a Irán desató un alza de precios que beneficia más a Rusia que a cualquier otro país. De forma inesperada, Moscú ganó 150 millones de dólares en recaudación tributaria extraordinaria por los elevados precios del petróleo, de acuerdo a estimados del Financial Times. Beneficiado de forma directa por los precios de los energéticos, y de manera indirecta por la relajación de sanciones del Tío Sam, Putin toma oxígeno para continuar su campaña en Ucrania.

8. La derecha latinoamericana está dispuesta a hundirse con Trump. Pocos días después del arranque de la guerra a Irán, Trump firmó una iniciativa multinacional de cooperación militar llamada “Escudo de las Américas”. Al encuentro asistieron doce mandatarios latinoamericanos. Chile, ya con Kast, se sumó después. Confirmó que varios presidentes de la región no solo toleran, sino que replican los marcos discursivos de la Casa Blanca. Algunos, tienen poca opción, caso de Milei quien empeñó el futuro político y económico a cambio de un rescate preelectoral. Pero otros, ya por ideología ya por intereses financieros, eligieron a Washington sobre Pekín; la ruta de la dependencia, y la retórica incendiaria sobre la cooperación regional. La apuesta es elevada. Un giro de rumbo en las elecciones estadounidenses intermedias podría facilitar que un movimiento pendular reencauce a esos países al progresismo pre-Trump.

9. La legalidad internacional atraviesa una crisis. Cuando Washington se lo propone, puede desmantelar al gobierno que desee, aunque enfrenta más dificultades para deformar a los Estados — distinción no menor—. Diversos gobiernos cuestionaron (de nuevo) el poder de veto del Consejo de Seguridad de la ONU, cuya disfuncionalidad es innegable. Por su parte, el disenso en la OTAN es aplastado por Washington y las denuncias en La Haya contra Israel son ignoradas. Aunado a la falta de credibilidad de la OMC, incapaz de oponer cualquier resistencia a la Casa Blanca, es resultado es una erosión plena de la legitimidad del orden de la posguerra que Estados Unidos construyó. Una recuperación es improbable sin un rebalanceo de poder.

10. Trump está metido en una trampa política potencialmente mortal. Si recula en Irán, el régimen sale fortalecido al interior por la ola nacionalista y al exterior por la resistencia exitosa. En cambio, si dobla la apuesta, los precios del petróleo y las sangrías de los mercados serían difíciles de justificar ante un elector que votó a Trump por la “crisis de asequibilidad”. Solo una victoria total y expedita recompensaría a los republicanos en las elecciones intermedias estadounidenses. Entretanto, plataformas de apuestas como Kalshi asignan una creciente probabilidad de que los demócratas recuperen ambas cámaras legislativas, lo cual de confirmarse ataría al presidente de manos y elevaría el riesgo de impeachment. Una salida inconvincente de Irán sería el Waterloo de MAGA en noviembre.