Desamor político

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Maryclén Stelling | 

Los comentarios y sugerencias  a nuestro último análisis titulado “Incredulidad”, evidencian y denuncian una suerte de desencuentro entre políticos y ciudadanía,  descubriendo un proceso de desenamoramiento político en curso. Igualmente nos animan a seguir profundizando en ese distanciamiento de lo político y consecuente retraimiento al mundo de lo privado.

Ese desamor político que sufre y denuncia la ciudadanía se relaciona con la cultura política, los discursos y narrativas, las instituciones y prácticas predominantes en el país.   Fenómeno mediado por la polarización imperante y las consecuentes prácticas de inclusión y exclusión política.  Entrampados en la confrontación y la derrota del “otro”; indiferentes y distanciados de la realidad;  atrapados y prisioneros de la mediática; supuestamente dueños de la verdad absoluta,  los políticos acusan  una pérdida de perspectiva. UN NUEVO CICLO: Y YO QUE TE AMO...

En tanto práctica, se sufren y denuncian las pugnas de poder  y el deterioro de la credibilidad; la corrupción y el derroche de fondos públicos; la desinstitucionalización y la inacción de las autoridades.  Mientras la ciudadanía a merced del poder transmedia, acusa  una grave crisis de representación.  Se quiebran las instancias de identificación que precisamente legitiman la representación y, en consecuencia, se reducen los espacios de participación política. A su vez,  ello se traduce en un preocupante desinterés en la participación.

Apatía que conduce a un alejamiento de cualquier compromiso, expresión de una profunda desilusión, desesperanza  y desencanto tanto de la política como de los políticos.  Síntomas de  el amor y desamor por la patria – kiosco políticoun claro rechazo a la manera imperante de hacer política. Estamos en presencia de un profundo desencuentro reciproco que fractura y fragmenta la relación, a la vez que  la arroja y condena al espacio transmediático.

En este cuadro de desengaño y decepción  no hay que despreciar el deterioro de la credibilidad y la legitimidad…Grave situación de desprestigio de la política que pasó factura en las recientes elecciones regionales.

Transitamos un proceso de desamor político que sin duda afecta e inducirá cambios en la gestión política, en la ciudadanía y en el voto.

¿Será cierto que la política se sostiene en desamores, que destruyen más que construyen?