Decisiones pragmáticas necesarias

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Leopoldo Puchi | 

Al evaluar la situación de Venezuela, monseñor Edgar Peña Parra, uno de los superiores de la Secretaría de Estado del Vaticano, se pronunció a favor del diálogo constructivo para salir adelante, al tiempo que apuntó en sus declaraciones hacia el marco geopolítico y las oportunidades para Venezuela que brinda la guerra entre Rusia y Ucrania, ya que Venezuela es un país “que en el campo energético tiene mucho qué decir”.

En ese plano, el geopolítico, Venezuela es objeto de hostilidades de gran intensidad, propias de un conflicto de envergadura. A un país petrolero como Venezuela se le prohíbe, día tras día, exportar su producción de crudo y se castiga cualquier tipo de asociación con Pdvsa. Una suerte de bombardeo sin pausa.

A las problemas de producción, derivados de las sanciones y de la falta de mantenimiento durante muchos anos, se suman los de la comercialización y exportación. Descuentos enormes para la venta y fletes muy costosos, que hacen que las ganancias de Venezuela sean mínimas.

OTAN

Por su naturaleza y por el impacto que producen las sanciones, la propia OTAN, al elaborar su nuevo concepto estratégico en la cumbre de Madrid de junio de este año, resolvió considerarlas como equivalentes a acciones bélicas si se llegaran a ejecutar contra los miembros de esa organización. Y no les falta razón, no solo por las consecuencias destructivas de esas medidas, sino también porque buscan el mismo objetivo de una acción militar: imponer la voluntad de un Estado sobre otro Estado.

Convivencia

Tal como lo indica monseñor Peña Parra, las circunstancias creadas por la guerra de Ucrania brindan oportunidades a Venezuela. El interés urgente por el petróleo ha hecho que Washington reconsidere su estrategia. Un giro paulatino que ha facilitado que la dimensión interna de la pugna política venezolana evolucione hacia el diálogo en la búsqueda de acuerdos de convivencia.

Monseñor Peña Parra, con el presidente Nicolás Maduro en Caracas (Presidencia de Venezuela).

El viaje de Nicolás Maduro a la conferencia climática de Egipto, su encuentro con el presidente francés Emmanuel Macron, con John Kerry y el primer ministro de Portugal son expresión de un cierto viraje de los países del campo occidental hacia Venezuela.

Así mismo, la reciente gira de la vicepresidenta Delcy Rodríguez es también expresión de ese cambio diplomático. Recordemos que Rodríguez está sancionada por la Unión Europea y que con anterioridad se le había impedido ingresar al Reino de los Países Bajos. Sin embargo, hace pocos días Rodríguez pudo viajar a La Haya.

Progresismo

Al mismo tiempo, México y los nuevos gobiernos progresistas de la región han podido actuar bajo una menor presión y con mayor soltura, lo que ha atenuado el cerco diplomático, que era una de las piezas de la política adoptada durante el mandato de Donald Trump. Y Michelle Bachelet, Eduardo Duhalde, Pepe Mujica y otros líderes latinoamericanos pidieron a Maduro que impulsara el restablecimiento de Unasur como instancia de integración regional.

Presidentes de Chile, Gabriel Boric, y de Argentina, Alberto Fernández. (Xinhua/Martín Zabala)

Por su parte, Alberto Fernández ha pasado de una posición cautelosa a la normalización de las relaciones. En una declaración reciente Fernández dijo: “las sanciones de Trump a Venezuela fueron realmente brutales” y advirtió al presidente de la la Corte Penal Internacional que el juicio que se adelantaba correspondía a una iniciativa de Trump para perjudicar a un país latinoamericano.

Pragmáticas

Desde hace un tiempo, se ha estado esperando que el giro anunciado en la política de la Casa Blanca se traduzca en un alivio de las sanciones, es decir en una disminución de su intensidad.
Esto pudiera concretarse en algunas licencias a Chevron y a varias petroleras europeas. También se ha planteado que Washington, Londres, Lisboa y Berlín devuelvan los fondos venezolanos retenidos.

(Scot97006 – Flickr)

Con ese propósito se ha trabajado un convenio para canalizar una parte de esos recursos a través de la ONU para inversiones de electricidad, alimentos y agua. No es, sin embargo, un programa de ayuda humanitaria ni una donación de la ONU, sino que se trata del uso de ingresos propios del Estado venezolano.

En ambos casos, el de las licencias y el del uso de los fondos en el exterior, Venezuela se ha visto obligada a aceptar un alivio en lugar de un levantamiento de las sanciones, en razón de las necesidades de su población y porque la retención de los bienes del Tesoro Nacional ha sido realizada, de manera forzada, por unas potencias con un inmenso poderío militar que las acoraza. Decisiones pragmáticas necesarias, pero que deben ser explicadas al país.